Anfiteatro de Red Rocks Existen eternos misterios de la Pascua, de la muerte convirtiéndose en vida, de lo mortal e inmortal.
Y luego están los misterios que los hermanos Silvius, Calvin y Jackson, de 3 y 5 años respectivamente, examinaban el domingo al amanecer mientras contemplaban los llamativos bloques encasillando el Anfiteatro de Red Rocks. Oye, papá, ¿crees que podríamos escalar esas cosas?
”Hay un hoyo,” uno de ellos dijo mientras estaba sentado sobre los hombros de su padre. “Podríamos escalar por allí.”
Pero hay algunas piezas de piedras areniscas que sólo Dios debe jugar con ellas.
En la mañana del domingo, más de 10,000 Cristianos se unieron a los Silvius entre la artesanía creada por el Gran Hombre para la misa de Pascual número 59 en Red Rocks, uno de los anfiteatros naturales del mundo. Un coro de 50 miembros evangélicos compartió en cantar canciones con un grupo pequeño acústico de la Iglesia Escoria del Mundo, la cual está más acostumbrada a ministrar a punks del patinaje. El Rev. Joseph Nixon, de la Iglesia AME Shorter Community de Denver, cantó a grito pelado un sermón conmovedor que finalizó en múltiples gritos, “¡Y se alzó! ¡Y se alzó!”
”Es bien temprano esta mañana,” dijo el pastor principal, Rev. Jim Ryan, al comienzo del servicio. “Estamos en Red Rocks. 10,000 personas están a punto de cantar Cristo Nuestro Señor Se Alzó Hoy.’ Debe ser Pascua.”
Para aquellos que estaban presente, la atracción es la sinergia santa de todo: la iglesia en la creación de Dios. Muchos en la audiencia dicen que el escenario amplifica el día festivo.
Esa es la razón, en la oscuridad pre-madrugada, Sheli y Mark Silvius vistieron a sus hijos con camisas abrochadas y chalecos de jersey, cogieron varias mantas y se dirigieron al oeste desde Parker.
”Hemos venido aquí como un instrumento de aprendizaje para ellos; Que Dios es mucho más grande que nuestra iglesia,” dijo Sheli. “ Hemos estado trabajado en enseñarles el significado real del día de la Pascua, no sólo huevos y el Conejo de Pascua.”
Poco después que las vallas se abrieran a las 4:30 de la madrugada, el anfiteatro se llenó de gente. A las 5:30 de la mañana, las carreteras yendo a Red Rocks, anidadas en las laderas cerca de Morrison, se asemejaban a la escena final de “El Campo de Sueños,” líneas continúas de faros delanteros en todas las direcciones.
Lori Grismer estaba de pie en primera fila del anfiteatro, estrechándose hacia el cielo con su cámara y sacando fotos. Ella y su marido, Lee, habían venido de Minnesota para visitar a su hijo, Jamie.
”Planeamos nuestras vacaciones en torno a la misa de la madrugada Pascua,” dijo Lori. “Por su puesto que vinimos a ver a Jamie. Pero planeamos nuestro viaje en torno al estar aquí.”
Lee estaba de pie al lado de su hijo, quien estaba mirando y observando todo en silencio.
”Esto es absolutamente precioso,” dijo. “La última vez que tuve ésta vista de Denver fue cuando estaba volando sobre ella.”
A las 6:19 de la mañana, la luna se deslizó detrás de las colinas del anfiteatro, y el lento brillante resplandor del horizonte oriental, que había estado pintando el bajo vientre de las nubes con matices brillantes color naranja, rosa, y amarillo dorado, se convirtió en una aurora en su plenitud. Docenas de palomas, liberadas momentos antes, circulaban en el cielo pálido.
”Es bellísimo estar aquí con todas estas personas de diferentes colores y nacionalidades,” dijo Larry Rankin, que vino con su mujer e hija, después de la misa. “Es algo precioso lo que Dios ha hecho. Vienes aquí, es tan espiritual. Lo único que quieres hacer es rezar a Dios.”
Se puede comunicar con el escritor John Ingold 720-929-0898 ó jingold@denverpost.com.






