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Feb. 13, 2008--Denver Post consumer affairs reporter David Migoya.   The Denver Post, Glenn Asakawa
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Hiram Delagado está en una pequeña caja de cartón colocada sobre un anaquel en un centro comercial de Aurora, un recuerdo diario de que él ha estado allí por casi un año.

“Probablemente me doy cuenta de su presencia ahora más que cuando él estaba vivo,” dijo Lequita Taylor, la propietaria de la Casa Funeral y Servicios Crematorios Taylor.

“El estará en ese anaquel para siempre a menos que alguien le lleve a casa”, agregó Taylor.

Delgado es uno de los 1,132 personas enterradas o cremadas el último año fiscal con un costo al estado de Colorado de $1.2 millones.

El enterrar a los pobres ha sido siempre una obligación comunitaria desde la antigua Roma en el campo del alfarero del Parque Macaneas, hasta las tumbas no marcadas en Boot Hill de la ciudad de Virginia.

En Colorado, asistencia para el entierro está disponible para personas cuyo patrimonio personal es de menos de $ 2,500 – aun son elegibles aquellas personas que tienen familiares ricos.

El estado pagará hasta $ 1,500, pero no puede excederse de $ 2,500 por un funeral – y sólo aquellos en asistencia pública califican.

Los condados pagan por aquellas personas que son verdaderamente indigentes – cualquiera que no tenga ningún ingreso económico ni posesiones y que no esté recibiendo asistencia pública. La cantidad asignada es de $ 700.

Aun así, Colorado figura entre los estados más caritativos, cuando se trata de enterrar a los pobres. Delaware solo paga $450, mientras que algunos estados ni siquiera proveen un ataúd y solamente envuelven el cuerpo embalsamado antes de ponerlo en la tumba.

El Departamento de Servicios Humanos de Denver ha enterrado o cremado a 466 personas en el 2005 – la mayor cantidad que cualquier otro condado – a un costo de $431.765. El estado cubrió cerca del 60 por ciento del costo. El resto vino de los impuestos a la propiedad. El número de entierros pagados por el público en Denver se ha mantenido estable durante los últimos tres años.

Taylor y su esposo, Michael, han recibido $16,115 de la ciudad de Denver por el entierro de 19 indigentes, la mayor cantidad en la ciudad.

En resumen, los Taylor manejaron cerca de 50 casos de indigentes el año pasado a lo largo del Front Range – incluyendo la cremación de Delgado por $900 que fue pagada por el condado de Jefferson.

Lequita Taylor dice que su filosofía para enterrar a los pobres es muy simple: “Ellos han sido lo suficientemente maltratados. Ellos deben tener por lo menos un lugar de paz y dignidad.”

En el negocio por tres años, Taylor no tiene la típica casa funeraria.

“Este era un negocio de telemarketing antes de nosotros hacernos cargo,” dijo Taylor señalando hacia los ataúdes que están en el piso de exhibición.

Ubicado en la parte trasera de una pequeña capilla con aproximadamente 60 sillas y un podio.

Un de los entierros que los Taylor recientemente manejaron fue el de Charles Rosa, un nativo de Denver de 55 años que murió de cáncer el 28 de abril.

Denver contribuyó con $600 para su cremación y sin la ayuda de la ciudad, la hermana de Rosa, Priscila Peña hubiese tenido que obtener un préstamo para en entierro.

“Fue un servicio muy hermoso que no hubiésemos podido pagarlo sin ayuda,” indicó Peña.

Los servicios son muy espartanos. No hay urnas, no hay lápidas ni rótulos y los ataúdes son de cartón con agarraderas de cuerda.

El enterrar a los muy pobres – un funeral de $700 – no es un muy buen negocio, indicó Taylor.

Michael Taylor entrega el ataúd y se “asegura de decir unas pocas palabras en la tumba”, ella dijo.

No todos reciben ayuda. Denver negó la ayuda a 112 familias el año pasado por tener ingresos excesivos – 19 por ciento de los solicitantes, el menor número de los últimos años.

A menos que los fallecidos sean cremados, los Taylor son dirigidos directamente a los cementerios locales para sitios de entierro.

La mayor parte de los entierros de indigentes se realiza en el cementerio de Mount Olivet en Wheat Ridge y en el cementerio de San Simeon en Aurora. La Arquidiócesis de la Iglesia Católica de Denver es dueña de ambos cementerios.

Los sitios de entierro del gobierno están esparcidos entre unos pocos cementerios de los alrededores con lotes usualmente donados por familias.

Los cementerios a veces ofrecen lotes a precios que el gobierno está dispuesto a pagar, usualmente cerca $300. Muchos cementerios no aceptan entierros de indigentes, dijeron los directores de casas funerarias.

William y Kate Duncan compraron un lote grande para la familia en el cementerio Crown Hill de Wheat Ridge. William fue enterrado allí en 1993; su esposa 25 años después.

Hubo 18 tumbas de los Duncan que nunca habían sido utilizadas y nadie sabia de ellas, hasta que el bisnieto David Riley las descubrió al rastrear su árbol genealógico.

Al no poder vender estos lotes y luego de buscar a una organización sin fin de lucro que los acepte, Riley los donó a Servicios Humanos de Denver.

“Significó mucho para mi mama el que los lotes se hayan hecho disponibles para gente necesitada,” dijo Riley.

Muchas veces los pocos dólares que el estado contribuye pueden hacer la diferencia entre un funeral pobre o uno memorable.

“Es importante que las personas sepan que en la muerte se los va a cuidar,” dijo James Walker III, quien tuvo que depender del condado de Adams para cubrir los gastos de cremación de su padre James Walker Jr.

Walker murió casi sin un centavo en un hogar para ancianos, luego de haber sufrido una apoplejía debilitante por tres años, dijo su hijo.

La casa funeraria Taylor uso algunas palancas a favor de Walker, quien fue memorializado en un servicio que se realizó en un iglesia local que donó su espacio para el servicio.

“Fue un fin clásico,” dijo el hijo de Walker.

¿Y que paso con las cenizas de Hiram Delgado?

Luego de las investigaciones realizadas la semana pasada por del Denver Post, el Hospicio de St. John, donde Delgado murió, con instalaciones en Lakewood dijo que iba a comprar una urna y retirar sus cenizas de la casa funeraria.

“Nuestra lema es que en la vida o en la muerte nadie debe ser olvidado,” dijo la consejera del St. John’s Ráchale Bixler en la entrevista de mayo 18.

El hospicio será el lugar donde Delgado finalmente descanse, ella dijo.

“El será recordado por aquellos que le conocieron,” ella agregó.

Hasta este miércoles, Delgado todavía estaba en el anaquel de Taylor.

El escritor David Migota puede ser contactado al 303-820-1506 o dmigoya@denverpost.com.

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