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Brazilian superstar Ronaldinho, playing Sunday in a friendly against New Zealand, is a two-time world player of the year.
Brazilian superstar Ronaldinho, playing Sunday in a friendly against New Zealand, is a two-time world player of the year.
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Konigstein, Alemania – Usted pensará que quien quiera que haya creado al mejor jugador de fútbol del mundo podría haber sido un poco más generoso en cuanto a los últimos toques. La primera cosa que le choca a uno cuando ve a Ronaldinho de cerca no es su larga, negra, y revoltosa melena o su torso y piernas cincelados esperados para suministrar al poderoso Brasil su sexto título de la Copa Mundial.

Es la cara. Es como si estuviese preparada de un modo rápido, improvisada. Sus huesos pómulos parecen sobresalir de su piel color cobre. Sus ojos son perpetuamente anchos, como si acabase de ver una gran ciudad nivelada por un asteroide.

Los caricaturistas brasileños le han pintado en los periódicos como Bugs Bunny, una sátira que incluso le hace reír a Ronaldinho.

“Soy feo pero tengo encanto,” suele decir con cariño.

Uno se puede reír de sí mismo cuando gana más dinero que cualquier jugador de fútbol en el mundo cuyo nombre no es David Beckham y tener todo lo que Beckham quiere: un título de liga española, un título de la Liga de Campeones, y un título de la Copa Mundial. Si Brasil gana su tercera Copa Mundial en los cuatro últimos intentos, Ronaldinho, a sus 26 años, habrá conseguido la trifecta en un sólo año.

Y un inaudito tercer premio consecutivo de la FIFA al mejor jugador del año probablemente no estaría tan lejos.

Así que, ¿quién necesita ser guapo cuando las habilidades futbolísticas incomparables pueden transcender el mundo y emocionar a bellezas amorosas a arrollarle en el campo de prácticas – como lo hizo una mujer determinada en Suiza la semana pasada?

Sus partidos con el FC Barcelona raramente son televisados en los EE.UU., pero los Americanos que no se hayan familiarizados con él deberían prestar atención a los comentarios de los expertos que hablan de él en términos normalmente utilizados para sueños. El gran Pelé le dio a Ronaldinho su estampa como el mejor jugador vivo y comparó su juego de pies al difunto George Best of Manchester United.

Carlos Alberto Parreira ha entrenado al Brasil durante más de siete años e instruye a Ronaldo, el tres veces consecutivo mejor jugador del año, con quien ganó el título de la Copa Mundial en 1994. Cuando se le preguntó, entre prácticas en su sede en Alemania, sobre qué habilidades de Ronaldinho apreciaba más, de repente Parreira se quedó perplejo.

”¿Sus habilidades?” Parreira preguntó en una rueda de prensa congestionada de periodistas jadeantes brasileños. “No los puedo describir. Hay tantas. La variedad es tan grande. Puede hacerlo todo con la pelota. La cosa más importante es, en un partido real, su aplicación siempre es correcta. Así que puede estar preparado para efectuar una Copa Mundial maravillosa.”

Derek Rae, un antiguo analista de fútbol de la BBC y ahora un corresponsal de fútbol Europeo para la ESPN, agregó: “Ronaldinho puede hacer cosas con la pelota que yo jamás he visto a nadie hacer o si quiera intentarlo. Tiene la visión que cada jugador de fútbol en el mundo moriría por tener. El ve cosas que otros no pueden ver.”

“A veces hace cosas que parecen imposibles. Y hace que parezcan tan simples.”

Rae, un escocés que ha seguido el fútbol internacional durante décadas, califica a los tres mejores jugadores de todos los tiempos como Pelé, Diego Maradona de Argentina, y Johan Cruyff de los Países Bajos, con Ronaldinho avanzando lentamente en ese grupo.

“La manera que atrapa la pelota y le da un pequeño golpe y mira en una dirección y la golpea en otra (dirección),” dijo Rae. “Puede encontrar a su hombre a 10 yardas fuera de lugar y se la manda perfectamente. Tiene finura y poder. No tiene debilidad alguna. De hecho puede moverse más rápidamente con sus pies cuando tiene la pelota. Honestamente, creo que jamás haya visto un jugador de fútbol como él.”

¿No se lo creen? Miren por sí mismos. Vayan a Google.com y busquen su nuevo anuncio de Nike. Ronaldinho apenas dice una palabra en ello y también le deja a cada espectador boquiabierto. Un representante de Nike le da un par de nuevas botas para probárselas. Ronaldinho alza la pelota de una patada y maneja el balón con sus rodillas y pies alrededor del área de la portería sin tocar el suelo ni una vez.

Cuando llega en frente de la portería, pega la pelota y choca tan fuertemente contra la tranca que rebota y le da en el pecho. Retoma el control de la pelota sin que toque el césped y la pega de nuevo a la tranca cuatro veces antes de que usted se empiece a preguntar si éste hombre es real.

(¡Psssst! El clip no lo es. Jugando a la atrapada contra la tranca es un truco fotográfico.)

Sin embargo, el manejo del balón no es falso, ni lo es Ronaldinho. Puede tocar la pelota de fútbol cuatro veces en medio segundo. También hay un clip de ello en el Internet.

Por todas estas razones Nike le dio un contrato de 10 años, un buen tajo de los $18 millones que gana anualmente a través de 15 beneplácitos que van mano a mano con los $11 millones que gana con el Barcelona.

Tiene casas en Barcelona, Río de Janeiro, y Porto Alegre, su hogar de la niñez cercana a la frontera uruguaya. Ronaldinho no tiene la misma historia chabola-a-reino de los aficionados que otras estrellas brasileñas. Nacido Ronaldo de Assis Moreira, creció en la barraca en Porto Alegre, la infestación de barrios bajos que desfiguran las laderas de muchas ciudades brasileñas. Pero su hermano mayor, Roberto, era una estrella de fútbol que firmó con Gremio, el equipo profesional local. Estaba tan feliz con Roberto, que Gremio consiguió que no mirara en otras direcciones al darle a él y a su familia una villa con piscina.

Resultó ser un regalo trágico. En 1988, cuando Ronaldinho tenía 8 años, su padre, Joao, un soldador y guarda de seguridad, tuvo un ataque de corazón, se cayó a la piscina, y se ahogó. Un Roberto descorazonado acabó lesionando su rodilla y botando entre ligas en Suiza, Japón, y México, antes de convertirse en el entrenador y consejero de su hermano.

Ronaldinho necesitaba uno. Se unió al programa de jóvenes de Gremio a los 7 años y se convirtió en una de las estrellas ascendentes de Brasil, liderando a su equipo (de menos de 17 años) al título mundial en Egipto en 1997. Cambió su nombre a Ronaldinho para evitar confusiones con Ronaldo.

Ronaldinho marcó 15 goles en 14 partidos en 1998. Un gol espectacular en la Copa América de 1999 a sus 19 años le puso en el escenario mundial. El Saint-Germain de París le contrató y le llevaron a Europa en el 2001, donde floreció sobre la pista, no fuera de ella. El entrenador Luis Fernández, un maniático de la preparación, graznó sobre sus frecuentes salidas a los clubes.

Ronaldinho lideró al Brasil al título de la Copa Mundial en el 2002, después que el Barcelona sobrepujó al Manchester United por sus servicios. En aquel entonces, el Barcelona era el Titánico de la liga, un programa poderoso hundiéndose rápidamente gracias a un entrenamiento nefasto, una baja moral, y una administración de bajísima calidad. En dos años, el Barcelona ganó la liga. La ganó de nuevo este año.

Hoy por hoy, la capa del mejor jugador del mundo ha forzado a Ronaldinho a apretar las filas. La prensa apenas sabe algo de su vida personal, salvo el hecho que vive con dos perros llamados Bola y Negrao, y que fue padre de un hijo el año pasado con una bailarina brasileña. Pero ni si quiera saben si tiene novia. Su madre le visita frecuentemente.

Revela muy poco en las entrevistas. El martes, llevando puesto un pañuelo azul en su cabeza para sujetar sus mechones y sus chanclas azules de Nike, respondió a preguntas sobre su presión con un, “estoy al tanto de la responsabilidad. Es maravilloso conseguir la Copa Mundial en la forma que estoy actualmente.”

Entiende la marcación especial que recibirá, empezando con Croacia el martes en Berlín, diciendo, “Sé que esto hará que los oponentes presten más atención a nuestro ataque y que no los pondrán más difícil.”

El mundo observará cada movimiento el próximo mes. Espera que alguien también le esté observando.

Cuando mete un gol, hace un pequeño baile y mira hacia al cielo hacia su padre. Cuando lo hace, a sus millones de seguidores, Ronaldinho jamás ha sido tan bello como en ese momento.

Se puede comunicar con el escritor, John Henderson, al 303-820-1299 ó jhenderson@denverpost.com.

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