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Kirk Mitchell of The Denver Post.Author
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Centennial – Los carceleros de la cárcel del Condado Arapahoe, no cometieron ningún crimen ni tampoco incumplieron los protocolos, cuando sofocaron a un recluso al que estaban tratando de dominar, de acuerdo con la oficina del Fiscal del Distrito.

El recluso Raúl Gallegos-Reyes, de 34 años de edad, murió por asfixia posicional el 17 de agosto, cuando los oficiales presionaron su pecho y le pusieron una máscara sobre su cara con el fin de restringirlo.

Gallegos-Reyes se puso inquieto durante su segundo día de encarcelación y atacó a los carceleros quienes estaban tratando de descifrar lo que estaba sucediendo.

Los carceleros le dispararon con una arma paralizante Taser unas 10 veces, y los electrodos dejaron cinco marcas en su cuerpo, aun cuando los shocks no fueron la causa de su muerte, de acuerdo con el medico forense del condado.

En ningún momento los guardias violaron los protocolos tácticos al tratar de restringir a Gallegos-Reyes, de acuerdo con Bryon Jones el director de la oficina del fiscal de distrito del Condado Arapahoe, el mismo que hizo pública el martes una carta de tres páginas describiendo su análisis del archivo investigativo.

Jones basó su opinión en un reporte de 700 páginas realizado por el Equipo de Repuesta Crítica del Distrito Judicial N. 18, que investigó la muerte.

Al final, dijo Jones, este fue un caso en el cual las técnicas aprobadas produjeron un resultado letal.

Obviamente este es un mal resultado, dijo el médico legista Michael Dobersen, quien realizó la autopsia de Gallegos-Reyes.

Si es que los oficiales que manejaron a Gallegos-Reyes no violaron ningún protocolo, entonces algo está mal con el protocolo, dijo Mark Silverstein, el director legal de la Unión de Libertades Civiles Americanas de Colorado.

Existen maneras más seguras de restringir a prisioneros que están perturbados sin tener que matarlos, él agregó.

Dobersen dijo que el se reunirá con los guardias para sugerirles que mejoren sus técnicas, aun cuando él declinó explicar que cosas hubiesen podido haber hecho mal.

El Sheriff Grayson Robinson dijo que él y sus ayudantes revisarán el reporte y buscarán maneras para mejorar las cosas.

Robinson dijo que no podía comentar sobre hallazgos específicos, agregando que ha sido contactado por el abogado de la familia y que espera que el condado sea llevado a juicio.

El día que Gallegos-Reyes fue asesinado, él estuvo preso con una fianza de $2.000 y estuvo por enfrentar cargos de delito menor por violencia doméstica y robo de auto.

El 17 de agosto él recibió una orden de la corte para ser liberado por el cargo de violación de tráfico, pero todavía debía seguir preso por los cargos de violencia doméstica y robo de auto.

Pero Gallegos-Reyes pensó que él debía ser liberado de la cárcel y tuvo dificultad haciéndose entender pues no hablaba inglés, dijo Dobersen.

Gallegos-Reyes empezó a gritar y dar golpes violentos contra la puerta de su celda a las 4:15 a.m., dijeron los oficiales. El oficial Joshua Thomas entró en la celda con una pistola Taser y disparó en contra de Gallegos-Reyes después que el recluso hizo puñete y se lanzó en contra de él. Gallegos-Reyes cayó al piso y se quitó las puntas del Taser que estaban impregnadas en su espalda, de acuerdo con los investigadores.

Gallegos-Reyes empujó a Thomas afuera de su celda hacia el pasamano del segundo nivel y le mordió en la mano, dijeron los oficiales. Thomas aplicó el Taser varias veces más directamente a la espalda de Gallegos-Reyes, tratando de controlarle mientras otros oficiales respondían en su ayuda.

Gallegos-Reyes estaba gritando y haciendo sonidos que no se podían entender, de acuerdo con el reporte de un oficial que hablaba español. Los oficiales comentaron que ellos estaban sorprendidos de la tolerancia al dolor que tuvo el recluso.

Pruebas han demostrado que el repetido uso y la prolongada aplicación del Taser puede alterar el sistema respiratorio de una persona, dijo Silverstein.

Si es que el uso de Taser no estaba dando resultado, entonces los oficiales debían haber dejado de usarlo y pensado en utilizar algún otro método, él agregó.

Se necesitó de varios oficiales para ponerle a Gallegos-Reyes grilletes en los pies y las esposas. Los oficiales también le pusieron una máscara de malla para evitar que les escupiera.

Los oficiales pudieron poner a Gallegos-Reyes en una silla con restricciones y le llevaron al primer piso sentado en la silla. El mordió a otro oficial en la pierna y estaba peleando frenéticamente.

Los oficiales dijeron que uno de ellos le sostuvo la cabeza entre sus manos, pero aun así el recluso estaba sacudiéndose violentamente.

El sargento J.D. Knight, un entrenador certificado en el uso de sillas de restricción, dijo a los demás oficiales como asegurar a Gallegos-Reyes paso a paso, escribió Jones.

Mientras que algunos oficiales luchaban para asegurar la muñeca izquierda de Gallegos-Reyes, el dejó de luchar; de acuerdo con los investigadores.

Sargento, yo creo que no está respirando, reportó Thomas rápidamente.

Los oficiales empezaron CPR inmediatamente pero no lo pudieron revivir.

Ellos hicieron lo que debían hacer y no pudieron prevenir él que se sofoque, indicó Jones. Es triste que algo así haya pasado.

Se puede comunicar con el escritor Kirk Mitchell al 303-954-1206 o al kmitchell@denverpost.com.

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