Shiree López salió de la escuela después de tan solo una hora, dijo que debía de llevar a su madre alcohólica a trabajar. Justo dos días antes, dijo López, acababa de sacar a su madre de la cárcel.
Pero López no pudo encontrar a su madre en todo el día, y aparte perdió todo el día en la escuela.
La muchacha de 18 años ha sido su propio padre y madre. Vive por su propia cuenta, trabaja tiempo completo y trata de cuidar a sus dos hermanos más pequeños que viven con su abuela.
Pero no siempre ha trabajado tan duro. Expulsada de la Escuela Preparatoria Thomas Jefferson por drogas y no asistir, robaba autos y pasó tiempo en un centro de detención juvenil y un hogar adoptivo. Para cuando estaba lista para volver a la escuela, la escuela no la quiso de regreso.
Pero la escuela del Centro de Aptitudes para la Vida (Life Skills Center) si, dijo ella.
Ahora ella y otras como ella sienten que ese apoyo está siendo amenazado. La junta directiva de las Escuelas Públicas de Denver decidirá el jueves si deshacerse del estatuto de la escuela basándose en una recomendación de la Oficina de la Escuela de Oportunidad.
“Esta es la escuela que nos da la última oportunidad”, dijo López.
La escuela recibió una calificación muy baja en enero debido a una asistencia inaceptable, los logros de los estudiantes y la calidad de educación; su fracaso en proveer servicios y apoyo prometido y el fracaso de la junta de Life Skills de proveer revisión.
Funcionarios del distrito dicen que se ha tomado mucho tiempo para que la compañía que se encarga de Life Skills se organice y muestre resultados.
“Se supone que debían de ser expertos en ver las necesidades de una población que se ha salido de la escuela”, dijo Amy Friedman, directora de la Oficina de Escuela de Oportunidad. “Esperabamos que lo hicieran desde el primer día”.
Problemas “con arreglo”.
La escuela recibió su estatuto en el 2002 y el año pasado se le puso en uno provisional de un año, después de una revisión similarmente negativa.
Life Skills tiene 265 estudiantes, de 16 a 21 años de edad. Todos los estudiantes dejaron sus escuelas tradicionales, casi la mitad son padres o están esperando, casi la misma cantidad han sido encarcelados o se encuentran en el sistema adoptivo, algunos se están recuperando de addiciones a las drogas, y otros trabajan tiempo completo para mantenerse a si mismos o a sus familias.
Los administradores de Life Skills dicen que los problemas más importantes son la asistencia, la cual DPS reportó a un 34%, y que los estudiantes alcancen un promedio de 2.53 creditos por año academico.
El contrato requiere que los estudiantes ganen 4.2 creditos por año académico.
La escuela está dirigida por White Hat Management, una compañía educacional que opera la escuela para la junta, la cual tiene el estatuto, dijo Bob Tenenbaum, portavoz para White Hat en Ohio.
Los administradores de Life Skills están cuestionando la información de DPS y dicen que su asistencia es de un 60%, dijo Benjamín Valdéz, quien se encarga de los centros Life Skills en Denver, Colorado Springs, y Arizona.
Los funcionarios escolares admiten que ha habido errores, pero que están trabajando para encargarse de los problemas, dijo Ada Díaz-Kirby, presidenta de la junta de Life Skills.
“Estos jovenes nos necesitan, y estamos peleando desesperadamente para que se queden”, dijo Díaz-Kirby. “Hemos trabajado muy duro para construir esta escuela. Es cierto que tenemos problemas con la información, pero son reparables”.
Interrupciones de la vida real
Para los estudiantes, la asistencia a veces se pasa al asiento trasero por los problemas de la vida real. Aprecian el poder de comenzar donde se quedaron en la escuela, la cual utiliza un programa computarizado.
“A veces tengo que cuidar a mi hija”, dijo Heather Pedigo, de 17 años, quien tiene custodia física de la hija de 3 años de su amiga.
Life Skills no niega la información sobre las horas y créditos pero dice que le toma a los estudiantes aproximadamente un año para amoldarse.
Los funcionarios de DPS “no entienden los problemas que los estudiantes cargan consigo”, dijo Valdéz. “Antes de educarlos, debemos de hacerles cambiar de parecer”.
La escuela reportó a DPS que de los 63 estudiantes que pudieron haber estado ahí por lo menos un año, el 75% tuvo un promedio de 5.48 creditos en el periodo anterior de 12 meses.
No es solo lo academico de lo que se preocupan los estudiantes, dijo Chelsie Ransbottom, de 19 años. La heroína, metanfetamina y faltas le causaron ser expulsada de la Escuela Thomas Jefferson.
“En Life Skills nos dan mucho apoyo, y se aseguran de que no esté usando drogas, y de verdad se preocupan por mí”, dijo Ransbottom, quien se ha mantenido sobria por dos años. Necesita solo nueve creditos más para graduarse.
Estudiantes como Ransbottom y Milo Martínez, quien fue expulsado de la Preparatoria North por no asistir, vender drogas y violencia, dicen que necesitan extra atención.
“No pensé que llegaría hasta aquí -mi mamá es una drogadicta, y crecí alrededor de eso y he visto demasiada violencia”, dijo Martínez, quien estuvo cuatro años en centros de detención. Solo le quedan 3.5 créditos para graduarse. “Aquí, dan ese paso extra”.
Mientras que Martínez amenaza con protestar o llevar una huelga de hambre si la escuela se cierra, en realidad, los otros dicen, que probablemente no recibirán un diploma de preparatoria.
Funcionarios del distrito dicen que planean asegurarse de que no suceda ayudando a los estudiantes a entrar a otras escuelas del distrito que pudieran llegar a sus necesidades, dijo Friedman. Referencias y otros requerimientos serían eliminados para permitir a los estudiantes un acceso fácil.
Para los estudiantes que sienten que han encontrado la escuela correcta, eso no es suficiente. Solo tienen un mensaje para la junta escolar: “Vivan nuestras vidas”, o al menos tomen otro vistazo a la escuela.
“Deberían ver nuestras vidas y como esta es la última oportunidad para nosotros”, dijo López.
Dijo Ransbottom: “Deben conocernos antes de hacer una decisión. Deben ver que esto nos sienta bien”.
Se puede comunicar con Elizabeth Aguilera en el numero 303-954-1372 o en eaguilera@denverpost.com.



