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Kevin Simpson of The Denver Post
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Longmont – La patrulla da vuelta en U sobre la Main Street para alcanzar un auto que est contaminando y tiene placas vencidas. Ya detenido el coche, el polica John Davis pone la fecha sobre el citatorio que da al conductor: 14 de agosto de 1980 – y agrega algunas infracciones. El conductor se enoja.

Momentos despus, llega la patrulla del polica Glenn Herner de 22 aos, quien, como Davis, lleva poco tiempo como miembro de la fuerza policiaca de Longmont. Para cuando lleg Herner, tanto el conductor del coche parado como Davis estaban ms tranquilos. Otros conductores en Main Street ven a los dos policas distraidos y aprovechan para tomar libertades en la calle principal de Longmont.

Alguien insulta a los policas usando palabras vulgares. El grito sale de un coche que pasa por las patrullas y cambia todo.

Los dos policas deciden perseguir a los que les gritaron. Pasa menos de un minuto despus de que Herner y Davis detienen el coche, y un hombre hispano est muerto, y el otro sangra, fatalmente herrido, en medio de la calle principal de Longmont.

En las siguientes semanas, las tensiones crecieron y la ciudad pareca estar a punto de caer en violencia racial. Hubo manifestaciones, y personas de ambos lados de los controvertidos eventos recibieron amenazas.

Luego, un grupo local de activistas unieron sus esfuerzos para cambiar a Longmont y ellos mismos cambiaron, en maneras que nadie hubiera imaginado.

Durante los siguientes 24 aos, este grupo ha actuado como catalista para la comunidad hispana, implementando reformas sociales sin precedentes, y nutriendo una anlisis tnico profundo. Los activistas pasan por retos difciles, y divisiones basadas en las percepciones de cada uno sobre la comunidad inmigrante.

A pesar de todo, los esfuerzos de ese grupo han concretado algunos cambios deseados, y el hecho que origin todo – descrito como una incidente de blanco en contra de latino – encontr su lugar en la historia de Longmont a unas horas de haber ocurrido.

Vic Vela, el gerente de una fbrica de una compaa local, recibo la llamada de la madre de una de las vctimas. Ella le pidi juntar algunos lderes hispanos – personas que puedieran mantener la cabeza fra – para asistir a una reunin con el alcalde y los miembros del consejo del ayuntamiento.

Vela llam a un grupo pequeo y selecto: profesionistas, activistas, y maestros que se reunieron en el stano de una iglesia catlica que es la base de la comunidad local hispana.

“xbfQu nombre nos ponemos?”, alguien pregunt.

Salieron algunos nombres complicados como el FrentePopular para el Progreso del Pueblo. Fue Tony Tafoya, un funcionario federal del area de Igualdad de Oportunidades, quien puso fin a la discusin. “Tiene que ser un nombre sencillo. Somos un comit. Vamos a llamarnos ‘El Comit'”, dijo.

El grupo respondi a la balacera con una peticin de tranquilidad y con el propsito de implementar reformas en las prcticas de los policas. La primera voz representativa de la comunidad hispana aprovech el momento para reclamar mayor sensibilidad ante las diferencias culturales, peticin que coincidi con las primeras etapas del gran cambio demogrfico en Longmont.

En 1980, los estadsticas del censo mostraban que 8% de los 43 mil habitantes de Longmont eran hispanos. Para 2000, este porcentaje creci a 20% de una poblacin de 71,000, nmero que no incluye los trabajadores indocumentados que viven ah.

“Para m, los nmeros no son el meollo del asunto. Lo que veo es una necesidad”, dice Marta Moreno, quin particip en las primeras manifestaciones de El Comit como miembra fundadora, y ahora es directora de la organizacin. Habla mientras se conduce por la ciudad, un rosario colgado en el espejo de su camioneta. “Si s que tengo la razn, y s que hay justicia en lo que hago”.

Hay un recuerdo visible de la balacera de Longmont. Es un mosaico de la vida cotidiana hispana hecha en piedra en un rincn del parque ubicada en el este de la ciudad. En una parte del mosaico parecen las figuras de de dos hombres jvenes. Son de menos de diez centimetros, y no llevan ninguna explicacin.

“Mataron a dos chavos nuestros!” Es verano de 1980 y la voz de Moreno corri por las lneas telefnicas mientras avisaba a sus amigos.

Jeff Cordoba, conocido como Beaver, o castor, de 21 aos, y recin salido del ejercito estadounidense, y su amigo Juan Louis Garca, tambin de 21 aos, murieron a manos de un polica de Longmont que les dispar. Los dos jvenes haban asistido a la boda del hermano de Cordoba – un evento cuyo aniversario siempre se recuerda tambin por la tragedia.

Corri la voz, al principio con pocos datos: fueron dos vctimas, ambos hispanos, desarmadados y asesinados por un polica blanco que los detuvo por una infraccin de trnsito.

Los detalles salieron durante la investigacin en notas periodsticas y en informes oficiales. La nueva informacin contribuy a reconstruir los hechos: es una historia de jvenes, de indiscrecin, y de toma de decisiones fatales.

Cuando Glenn Herner detuvo el auto Monte Carlo caf en el estacionamiento cerca de la calle 11 y la Main, el conductor baj del coche y present su identificacin. De los cinco pasajeros en el coche, Herner busca el nico joven blanco.

” Quiero a la persona de las palabrotas”, dijo Herner, y seal al joven rubio sentado en el asiento adelantero.

El joven rubio sali del coche. Estaba ebrio y fue el mismo que grit las vulgaridades a los policas.

La intencin de Herner era entregarle un citatorio por hostigamiento, una infraccin que conlleva una multa. Pero el jven se neg a entregarle al polica su identificacin. El polica decidi detener el jven, pero este corri, solo para ser detenido por el polica Davis. El joven grit cuando Davis lo ahorc con las manos, y los dos policas tuvieron que intervenir para detenerlo y esposarlo. El conductor del Monte Carlo huy con una pasajera, pero Cordoba y Garcia se quedaron para abogar por su amigo, quien segua luchando con los policas.

Herner sac su pistola, un .357 Magnum y dispar. Garca recibi el balazo en el pecho. Davis tambin sac su pistola calibre 45, y luch con Cordoba hasta que son el primer disparo.

Cordoba se detuvo con el sonido, di la vuelta y corri. Davis dispar al aire cuando Cordoba sala del estacionamiento. Apoyndose en su coche, Davis apunt y dispar otra vez.

Las implicaciones raciales de estos hechos molestan a Davis, quien se cri en Colorado Springs, en una comunidad compuesta por afroamericanos, blancos, hispanos y asiticos. Hasta poco despus de las muertes, Davis viva en un complejo de departamentos en el que todos los inquilinos eran latinos menos l.

Como agente de las fuerzas policiacas, Davis est consciente de las tensiones entre la polica y la comunidad hispana. El mayor contacto entre los dos grupos ocurre entre hombres brios saliendo de bares y cantinas, a causa de violencia domstica, y cuestiones relacionadas con personas indocumentadas.

Cuando revive los disparos y su actuacin en trminos tnicos, se da cuenta que las reacciones de los eventos se basan en respuestas polticas.

“Fue la causa del da”, dice Herner ahora recordando los eventos. “Yo representaba a la causa blanca en contra de la causa hispana. xbfHubo problemas en el pasado? Sin dudas. Pero se acceleraron los que vieron a los problemas como un pretexto, o una justificacin”.

Logra una sonrisa dbil.

<!–"Me convirtieron en otro Mark Fuhrman", dice, en referencia a la polica declarado responsable por la golpiza del afroamericano Rodney King, event que intensific las tensiones raciales en Los Angeles.

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Herner ha trabajado en una fbrica de nquel en el este de Colorado desde hace 15 aos. Se divorci luego de los eventos de 1980 y al volver a casarse se convirti en padrastro de nios hispanos. Ahora es abuelo de nios con sangre coreana y puertoriqueo.

Siente lstima por los familiares de los jvenes que mat y mucho resentimiento hacia los funcionarios municipales quienes el cree “hicieron su mayor esfuerzo para deslindarse de m”. Pero espera que algo bueno haya salido de la tragedia.

“Espero que despus de todo, hubo un saldo positivo en las relaciones entre los grupos sociales, que el campo de juego es ms parejo”, dice. “Despus de todo lo que se dijo, me gustara pensar que sali algo bueno”.

Davis tambin sali de la fuerza policiaca de Longmont para estudiar derecho. Ve hacia atrs y no entiende como los eventos se convirtieron en un episodio racista.

Me molest que un incidente basado en ciertos hechos se convirti en tema politizado, dice ahora, sentado en una sala de conferencia del bufete que el dirige en Denver. “Vi un tema muy politizado, la creacin de grupos, grandes reuniones. La gente haca todo lo que pudo para complacer a los hispanos y minimizar el costo para el departamento de polica”.

Se acuerda la reunin pblica con los mdicos forenses durante la cual ciudadanos enojados obtuvieron licencia para cuestionar mpliamente a los testigos. Una pregunta se le grab en la memoria: “xbfEres ahora, o has sido en el pasado, miembro del Ku Klux Klan?”, haciendo referencia a la organizacin estadounidense cuya base es la supremaca de la raza blanca, y cuya historia incluye el linchamiento de afroamericanos y hostigamiento de otras razas. En la dcada de 1920, el gobierno municipal de Longmont fue controlada por el Klan. Para Davis, un judo, el cuestionamiento le recordaba a la epoca del McCarthy, un congresista que inici una caza de brujas pblica, que termin con la destitucin de funcionarios pblicos y otros actores polticos sin que hubiera pruebas de algn delito.

Creci en Miami entre vecinos de distintas razas, donde los cubanos predominaban, y asisti a escuelas cuyas clases se impartan en espaol. Actualmente, su bufete legal se especializa en casos de derechos civiles y el componente racial en el tiroteo de 1980 an le preocupa.
“Siempre cre que era injusto y todava lo creo”, dice Davis, quien nunca fue acusado por el incidente. “Lo tom como algo personal, era un cargo en el que pens que estaba involucrado, pero imagino que hubo otros asuntos que evitaron que estuviera ah”.

Al extenderse la noticia del tiroteo, hubo una abundancia de ofertas de asistencia a la comunidad hispnica por parte de grupos militantes a lo largo y ancho del pas, quienes aportaron sus ideas en torno a la manera correcta de responder.

Djalo que arda

Pero mientras los militantes pensaban en incendiar edificios para atraer la atencin de las autoridades de la ciudad, los lderes hispanos rechazaron esa tctica.

“Decamos: ‘esperen un minuto. Esta es nuestra comunidad y si hacemos eso nos vamos a quedar slo con las cenizas. Gracias, pero no, gracias”, recuerda Tony Tafoya, uno de los fundadores de El Comit.

Para muchos hispanos las condiciones parecan maduras para la confrontacin. Muchos padecan el acoso de la polica desde tiempo atrs y crean que sus hijos haban recibido mala atencin en la escuela. Otros recordaban los letreros que colgaban en las tiendas durante la Segunda Guerra Mundial: “Se prohbe la entrada a perros y mexicanos”.

Muchos blancos crean que el problema recin haba aparecido y estaba provocando problemas en la una vez pacfica coexistencia entre dos culturas.
Lentamente, las reuniones entre autoridades de la ciudad y miembros de El Comit fueron cerrando la brecha, pero el proceso se mueve entre titubeos y a los progresos seguan algunos retrocesos.

Dan Benavidez, un emergente personaje pblico que trabaja en la Administracin de Aviacin Federal, lider la que fue considerada la primer marcha de protesta despus de que la funcionarios locales acordaron hacerse cargo de los gastos de defensa de Herner.

Ocasionalmente, las sesiones de trabajo en el Consejo de la Ciudad eran rspidas, los nimos se tensaban pero el dilogo fue ganando terreno, en buena medida, gracias al entusiasmo de Ed Camp, recin llegado para encabezar la direccin de Seguridad, primer titular del rea egresado del cuerpo de Longmont.

Mientras tanto, el Departamento de Justicia de Estados Unidos envi dos representantes a Longmont para que elaboraran una lista de reformas, incluida la creacin de una lnea de emergencia que atendiera quejas por acoso y llamados de alarma para detener brotes de violencia, adems de un ombudsman que defendiera a los ciudadanos de la polica, y una supervisin independiente del departamento.

Los cambios ms importantes vinieron en un paquete de asesoras hechos por una consultora de California, que haca 45 recomendaciones entre las que se inclua la reorganizacin del departamento, cambios en el entrenamiento, creacin de una poltica de uso de la fuerza y usar la accin afirmativa. Con el correr de los aos, Longmont adopt todas las recomendaciones.

Pero la tensin no se desvaneci. A unos meses del tiroteo, alguien puso bombas caseras bajo dos patrullas de la polica. Fueron encontradas y desarmadas; dos bombas molotov estallaron en negocios locales pero causaron pocos daos.

Vic Vela recibi varias amenazas telefnicas en las que le recordaban que los mexicanos no deban estar en Longmont. Despus, diciendo que la comunidad lo presionaba, le plante un ultimtum: o renunciaba a El Comit o tendra que dejar su trabajo. Vela necesitaba el dinero as que dej la organizacin.

“El nombre de El Comit asust a algunas personas, crean que ramos la versin mexicana de el Ku Klux Klan”, dice ahora.

Gradualmente, los cambios llegaron pero no sin que antes se registraran dolorosos, aunque no inesperados, sobresaltos entre la comunidad hispana.
Pese a que las investigaciones oficiales libraron de culpas a Herner en la muerte de Garca, el Fiscal General de Boulder, Alex Hunter, lo acus por el asesinato de Cordova. Siete meses despus del incidente, un jurado integrado totalmente por blancos lo absolvi, una decisin que fue recibida por la comunidad hispana con una mezcla de rabia y resignacin. Poco tiempo despus Herner renunci al Departamento de Polica. Davis permaneci ah hasta 1984, cuando renunci para completar sus estudios universitarios y obtener su ttulo de abogado.

La ciudad avanza

Una maana de comienzos de primavera de este ao, Marta Moreno lleg a la sede de ladrillo de El Comit y se encontr con una fra recepcin; la calefaccin haba sido cortada. “Exceso de pago otra vez”, dijo en son de broma, pero la irona contra la compaa de servicios deba compartirse con una agenda cargada: estaba programada una reunin que tramitaba una peticin de bancarrota. Llegaban llamadas telefnicas para arreglar el funeral de un trabajador inmigrante, se haba encontrado a una persona muerta en la cabina de su camioneta en un aparente suicidio, y una pareja necesitaba un traductor para hacer su solicitud de ingreso a Medicare.

Las peticiones llegaban a Moreno de todas partes, tanto en ingls como en espaol, obligndola a responder a medias en ambas lenguas y proponer soluciones temporales a cada crisis.

A 24 aos del tiroteo, El Comit sigue siendo una fortaleza para la justicia social y Marta Moreno sigue ayudando a quienes se acercan a ella, aunque en este das auxilia a muchas personas que ignoran los orgenes del grupo.

Durante una visita vespertina a un refugio cercano consuela a una mujer mexicana de 20 aos que est agonizando. El cncer ha afilado sus facciones en las que se observan manchas rojizas alrededor de unos ojos que reflejan gran tristeza, incertidumbre y urgencia. Una sonda de oxgeno serpentea entre la ropa de cama y traza un largo rizo hasta llegar a su nariz; su pecho sube y baja con rapidez.

Moreno, an dinmica a sus 58 aos, suelta rpidas palabras en espaol para presentar a la mujer con un abogado que saca un montn de papeles de su portafolios. Ambos han venido para poner en regla los asuntos de la mujer que incluyen su ltima voluntad y su testamento que beneficia a un inmigrante indocumentado. Repentinamente, ella escribe algo en lo alto de la pgina y se detiene.

“Te sientes bien para continuar?”, pregunta el abogado. Moreno traduce y la mujer asiente. Es una tarea compasiva que estruja el corazn, pero su origen est en la distante y furiosa respuesta de Moreno y otros al tiroteo de la polica, cuando un grupo de hispanos preocupados convergieron alrededor de las familias de las vctimas.

Mucho despus de que la organizacin civil naciera tras las muertes de Garca y Cordova, Moreno sigue siendo el motor que impulsa al grupo, con la ayuda de tres empleados pagados y una variedad de voluntarios orientados a asuntos especficos. Patrocinadores han ido y venido a travs de los aos y entre los benefactores de El Comit se encuentran la iglesia catlica, el Departamento de Justicia de Estados Unidos, los gobiernos del condado y de la ciudad, United Way, Adolph Coors Co., as como organizaciones sin fines de lucro y ciudadanos individuales. Este ao, su presupuesto de 115 mil dlares se compuso principalmente de fondos de la ciudad y el condado y una beca de la organizacin Colorado Trust.

Pero ahora que la organizacin ha puesto su atencin a la comunidad inmigrante algunos de sus miembros ms comprometidos se han alejado. Los crticos dicen que El Comit pone demasiada atencin en los nuevos inmigrantes -muchos de ellos ilegales- y dejan de lado las necesidades inmediatas de la comunidad latina establecida.

“sa es una de las razones por las que ya no me involucro como antes”, dice Frieda Garca, una de las fundadoras del grupo, quien hoy trabaja como gerente de proyectos en IBM. “En los ltimos cinco o 10 aos los temas relacionados con los inmigrantes ilegales se han apoderado del programa. Ahora las cosas son diferentes”. Moreno lo toma con resignacin, ha escuchado cosas as antes y cree que es una crtica injusta. “Si ayudas, ests mal; si no lo haces, tambin”, dice.

Moreno ha impulsado iniciativas de educacin para aconsejar a los padres cmo hacer que sus hijos permanezcan y se mantengan en la escuela. La organizacin ha servido como una sombrilla sin fines de lucro para programas casi desconocidos como DIVA, que ensea diseo de pginas web a chicas latinas.

En una escala mayor, El Comit sigue siendo una fuerza influyente en la formulacin del Plan Multicultural de Longmont, que se enfoca a las necesidades de largo plazo en reas como salud y vivienda, as como en la Fuerza de Tarea del Condado de Boulder, otra iniciativa orientada a promover la equidad social.

Moreno habla de los policas. En 1980 slo haba un hispano entre los 48 oficiales del Departamento. Actualmente hay 9 entre los 113 oficiales, lo que es un mejora pero sigue siendo una preocupacin porque representa menos del 8% del total. “Somos como perros guardianes, cuando olemos algo, ladramos”, dice Moreno.

Mike Butler ha visto los cambios por los que ha pasado El Comit, primero como un polica avecindado en Longmont y hoy como el jefe de Polica de la ciudad. Tom el trabajo en Longmont hace 10 aos y sigue viendo el tiroteo de 1980 y sus secuelas como un hecho histrico para el sistema legal local.

Los nuevos oficiales llaman a El Comit para familiarizarse con la comunidad hispana local y tanto policas como ciudadanos confan en la organizacin para resolver las disputas y desencuentros relacionados con procedimientos policacos. El Comit hace cosas que nadie ms hace para los latinos, especialmente los recin llegados”, dice Butler.

Tanto los blancos como los latinos residentes en la zona desde hace tiempo sostienen que las relaciones entre razas han mejorado, pero tambin han surgido nuevas tensiones con la nueva ola de inmigrantes.

Dan Benavidez descansa en su carro en la Cuarta Avenida de Longmont al otro lado de la calle en la que se encuentra la iglesia catlica de San Juan Bautista, recordando la primera marcha de protesta de la ciudad. En cierto sentido, puede trazar su despegue personal hacia la fama desde este sitio, en ruta hacia la calle Kimbard para despus desviarse al Palacio de Gobierno. “Marchamos con velas y confrontamos al Consejo Municipal para decirle: ‘Tienen que hacer cambios’. Nunca estuvimos ah para decir: ‘por favor”.

Cuando se le identific con El Comit y la habilidad de la organizacin para prevenir la violencia racial, la estrella poltica de Benavidez emergi para convertirlo en el primer hispano en ser electo para el Consejo Municipal. Las puertas se le abren en el Club Campestre local, el Club Rotario, el Moose, los Elks. Juntas y comisiones tratan de incorporarlo a su membresa. La gente lo reconoce y lo saluda en los restaurantes. Se mud del lado Este, predominantemente hispano, a una casa ms grande en la parte Oeste, cerca de un campo de golf.

Sigue siendo una fuerza para el cambio en Longmont pero tambin qued atrapado en un dilema embarazoso: al envolverse en la bandera de la raza encontr su camino hacia la asimilacin. Hoy, Benavidez casi llora cuando explica speramente los motivos que lo han impulsado. Se involucr en el movimiento para hacer algo por s mismo, para alcanzar poder y prestigio, llevaba su raza en la camiseta pero tena la inferioridad grabada; lo que llamaba su “herencia latina” lleg a provocarle repugnancia a sus races. “No s cuntas veces despert diciendo: ‘quisiera no ser moreno’, para despus gritar: ‘Viva la raza”, cuenta.

Ahora, a los 58 aos, despus de haber enfrentado problemas financieros y personales, Benavidez vive en un departamento al lado de la carretera Diagonal que va a Boulder, en un pequeo complejo donde la mayora de sus vecinos son mexicanos. Muchos estacionan sus carros en la calle frente a su casa; aparentemente, estn operando un taller para carros en la avenida. Eso lo molesta; los nuevos inmigrantes que tratan de crear su propio enclave cultural, ignorantes o indiferentes a las leyes y tradiciones que los rodean. No saben que no est permitido estacionarse en la avenida, ignoran que est prohibido operar un taller en la calle, se pregunta.

No quieren vivir como estadounidenses?

“Tengo que mudarme a los suburbios? Quiz deba irme a algn lugar bonito y olvidarme de todo. Tal vez sea tiempo de hacer eso”, dice Benavidez. Pese a que en cierta forma se queja de su herencia tnica, el hombre tiene ratos de ambivalencia ya que al referirse a los mexicanos como “ellos”, se da cuenta de que son como l mismo. A unos pasos de su departamento entra a una carnecita embutida en un centro comercial. La pequea y ruidosa tienda de dulces provee de comida a una creciente poblacin inmigrante, un modelo de negocios que Benavidez ve repetirse en Longmont.

“Escucha la msica, mira las banderas. Esta es la nueva demografa y no se parece a la forma en que eran las cosas antes”, dice mientras recorre los pasillos de la carnecita. Parece estar en una discusin constante consigo mismo, vacilando entre el deseo de salir de ah y el instinto que lo hace tratar de marcar una diferencia, esta vez en silencio, sin las fanfarrias que alguna vez busc.

Se inclina por lo ltimo. Los aos transcurridos desde el tiroteo han visto al ncleo de El Comit moverse en diferentes direcciones pero cierto espritu an permanece. “Empezar con mis vecinos que estacionan sus carros en la calle, poco a poco. Les dir: ‘busquemos la manera de que renten un garage”, dice.

Creci en Miami entre vecinos de distintas razas, donde los cubanos predominaban, y asisti a escuelas cuyas clases se impartan en espaol e en ingls. Actualmente, su bufete legal se especializa en casos de derechos civiles y el componente racial en el tiroteo de 1980 an le preocupa.

“Siempre cre que era injusto y todava lo creo”, dice Davis, quien nunca fue acusado de algn delito por el incidente. “Lo tom como algo personal, era un cargo en el que pens que estaba involucrado, pero imagino que hubo otros asuntos que evitaron que estuviera ah”. Al extenderse la noticia del tiroteo, hubo una abundancia de ofertas de asistencia a la comunidad hispana por parte de grupos militantes a lo largo y ancho del pas, quienes aportaron sus ideas en torno a la manera correcta de responder.

Dejen que arda

Pero mientras los militantes pensaban en incendiary edificios para atraer la atencin de las autoridades de la ciudad, los lderes hispanos rechazaron esa tctica.

“Decamos: ‘esperen un minuto. Esta es nuestr comunidad y si hacemos eso nos vamos a quedar slo con las cenizas. Gracias, pero no, gracias”, recuerda Tony Tafoya, uno de los fundadores de El Comit.

Para muchos hispanos las condiciones parecan maduras para la confrontacin. Muchos padecan el acoso de la polica desde tiempo atrs y crean que sus hijos haban recibido mala atencin en la escuela. Otros recordaban los letreros que colgaban en las tiendas durante la Segunda Guerra Mundial: “Se prohbe la entrada a perros y mexicanos”.

Muchos blancos crean que el problema recin haba aparecido y estaba provocando problemas en la una vez pacfica coexistencia entre dos culturas.
Lentamente, las reuniones entre autoridades de la ciudad y miembros de El Comit fueron cerrando la brecha, pero el proceso se mueve entre titubeos y a los progresos seguan algunos retrocesos.

Dan Benavidez, un emergente personaje pblico que trabaja en la Administracin de Aviacin Federal, lider la que fue considerada la primer marcha de protesta despus de que los funcionarios locales acordaron hacerse cargo de los gastos de defensa de Herner.

Ocasionalmente, las sesiones de trabajo en el Consejo de la Ciudad eran rspidas, los nimos se tensaban pero el dilogo fue ganando terreno, en buena medida, gracias al entusiasmo de Ed Camp, recin llegado para encabezar la direccin de Seguridad, primer titular del rea egresado del cuerpo de Longmont.

Mientras tanto, el Departamento de Justicia de Estados Unidos envi dos representantes a Longmont para que elaboraran una lista de reformas, incluida la creacin de una lnea de emergencia que atendiera quejas por acoso y llamados de alarma para detener brotes de violencia, adems de un ombudsman que defendiera a los ciudadanos de la polica, y una supervisin independiente del departamento.

Los cambios ms importantes vinieron en un paquete de asesoras hechos por una consultora de California, que haca 45 recomendaciones entre las que se inclua la reorganizacin del departamento, cambios en el entrenamiento, creacin de una poltica de uso de la fuerza y el uso activo de las polticas de la accin afirmativa. Con el correr de los aos, Longmont adopt todas las recomedaciones.

Pero las tensiones no han desaparecido. A unos meses del tiroteo, alguien plante bombas caseras bajo dos patrullas. Fueron detectadas y desarmadas. Dos cocteles Molotov fueron explotados cerca de dos negocios locales, pero el dao fue mnimo.

Vic Vela recibi una y otra llamada recordndole que los mexicanos eran personas no deseadas en Longmont, y luego, citando presiones desde arriba, el jefe de Vela le dio un ultimatum: Si no renunciara a El Comit, perdera su empleo. Vela dependa de su sueldo para vivir, y decidi retirarse de la organizacin.

“El nombre de El Comit asustaba a algunas personas. Pensaban que ramos la versin mexicana del Ku Klux Klan”, dice.

De manera gradual, vinieron los cambios, pero no antes de que la comunidad hispana recibiera otros golpes.

Los medicos forenses haban comprobado que Herner no era culpable del asesinato de Garcia, sin embargo, Alex Hunter, el procurador general del condado, lo acus de homicidio imprudencial por la muerte de Cordova. Siete meses despus del tiroteo, un jurado compuesto por personas blancas lo declararon inocente. La comunidad hispana respondi con enojo y resignacin.
Poco tiempo despus, Herner entreg su renuncia al Departamento de Polica de Longmont. Davis se qued hasta 1984. Renunci para seguir sus estudios universitarios y para titularse en derecho.

La ciudad sigue su camino.

Marta Morena llega a las oficinas de El Comit. Es una maana primaveral y cuando entra a la sede de la organizacin se da cuenta que no hay calefaccin. “Habr sido por sobre de pago”, dice de broma.

Pero la resolucin con la compaa de luz tendr que esperar. Hay una reunin para ayudar a un seor analizar su solicitud de quiebra. Se tiene que hacer llamadas para enterrar un trabajador inmigrante que aparntemente se suicid, y que fue encontrado en su camioneta. Una pareja la espera para llenar una solicitud para conseguir el Medicare, o sea, un apoyo mdico estatal.

Todos reclaman la atencin de Moreno, en ingls y en espaol y ella vacila entre los dos idiomas, tratando que resolver, por lo menos temporalmente, a cada crisis.

Han pasado 24 aos desde el tirotero, y El Comit sigue siendo un empuje para la justicia social. Marta Moreno sigue atendiendo a los necesitados aunque los que recorren a ella desconocen los origenes de la organizacin.

En una visita reciente a una clnica mdica, Moreno trata de tranquilizar a una mujer mexicana que muere de cancer.

La enfermedad cambia los razgos de la mujer moribunda y en sus ojos se ve tristeza, incertidumbre y urgencia. Se ven sus arretes de oro, y un tubo de oxgeno. Su respiracin es rpida pero poco profunda.

Moreno, de 58 aos, habla rpidamente en espaol. Presenta a la paciente de la clnica a un abogado. Hay que hacer un testamento. De pronto la expresin de la mujer se llena de dolor. Moreno sigue con ella.

Es un labor dificil, pero sus origenes empezaron con la respuesta frica de Moreno al asesino de los dos jvenes hispanos, cuando ella y un grupo de hispanos se organizaron para defender sus derechos y los derechos de las familias de los vctimas del tiroteo.

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