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Eric Gorski of Chalkbeat Colorado
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El paquete llegó al buzón de Joe McGee en septiembre de 1996. El agente de Sterling lo había esperado por mucho tiempo: Una oferta de acuerdo elaborada por abogados del Roman Catholic Archdiocese de Denver.

McGee aliviarse del furor que ha llevado por 40 años en contra de su sacerdote de la infancia, el reverendo John Stein. McGee afirma que Stein lo abuso sexualmente muchas veces durante 3 años en los 1950s en la parroquia St. Catherine of Siena en el pueblo de Iliff.

McGee dijo que no leyó el documento de 12 paginas antes de firmarlo.

Él dijo que él estaba enojado después del ir y venir con un oficial archidiocesano por cinco años simplemente para la compensación. Quería terminarlo. Ahora se da cuenta que fue un error.

“Cuando recuerdo, lo que más me duele es el aislamiento que viví, guardando este secreto,” dijo McGee, de 63 años.

Lo que McGee firmó, según los abogados para víctimas de abuso y diócesis católicas, fue un acuerdo de confidencialidad que fue sumamente extenso.

McGee traspasó su derecho de demandar o contar alguien sobre la cantidad del acuerdo. La archidiócesis no admitió maldad en pagarle. Eso es el estándar en cualquier acuerdo, según los abogados.

Pero hubo más: McGee no podría hablar del abuso, según una copia del acuerdo que McGee proveyó. Una excepción seria si McGee busca tratamiento, en cuyo caso su doctor estaría obligado con el pacto.

Si McGee no cumple con su palabra, la iglesia no sólo recuperaría el $10,000 que le pagó sino que también podría demandar a McGee por daños adicionales.

En hablar públicamente, McGee ha usado una práctica que ha recibido poca atención desde que el escándalo de abuso sexual del clero se hizo publico en Denver este año con 14 acciones legales acusando la iglesia de encubrir a sacerdotes ofensivos.

Los pactos terminaron en el 2002

Por muchas décadas, el uso de pactos del secretismo en acuerdos extrajudiciales obscureció el alcance completo sobre el abuso sexual del clero en los Estados Unidos. A cambio de que los oficiales de la iglesia mantengan puesta una tapadera sobre esa información, las víctimas conservaron su privacidad, y los abogados llevaron su parte, normalmente 30 o 40 por ciento de la cantidad de acuerdo.

Como parte de las reformas adoptadas en 2002 durante el escándalo, los obispos católicos estadounidenses prohibieron el uso de acuerdos confidenciales excepto por “las razones serias y sustanciales propuestas por la víctima/sobreviviente.”

Fran Maier, canciller de la archidiócesis Denver, rechazó hacer comentarios sobre los procedimientos del acuerdo, pero dijo que han cesado desde 2002.

Las divulgaciones previas de la archidiócesis acerca del alcance del problema de abuso en Denver indican que los pagos fueron pocas o por mínimo cantidades.

En 2004, la archidiócesis divulgó que los aseguradores habían pagado $997,730 en consultaciones y acuerdos a las víctimas desde 1950, una cantidad mínima cuando se compara a las diócesis que tienen mayor escándalo.

Maier no hablaba sobre el trato de McGee o si la archidiócesis tomarían medidas legales contra él por quebrar el pacto.

“La archidiócesis honra sus acuerdos con otros,” dijo Maier. “Esperamos la misma fidelidad de cualquier entidad que entra en un acuerdo con la archidiócesis. Comportarse o esperar más violaría nuestras obligaciones para las personas de la archidiócesis. Los recursos pertenecen a ellos.”

“Un amor especial”

Según McGee, Stein lo abuso en 1953, cuándo McGee fue un monaguillo de 10 años pasando la noche en la rectoría parroquial.

McGee dijo que el abuso continuó dos veces por semana por tres años, inclusivo en un viaje a Canadá y el Grand Canyon en su Chevy 1953.

“Me dijo que fue normal y no se puede hablar porque la gente no entendería y que fue un amor especial,” dijo McGee, quien rastrea sus problemas con el alcohol y sus pensamientos suicidas al abuso.

McGee mantuvo su silencio hasta 1992, cuándo informes noticieros sobre sacerdote en Massachusetts involucrado en un caso de abuso sexual los hizo que llamara a los oficiales de la iglesia.

McGee proveyó al Denver Post copias de su correspondencia a la archidiócesis. En una respuesta del mayo de 1992, R. Walker Nickless, secretario para sacerdotes y los seminaristas, escribió que el Vaticano había laicalizado a Stein o removido del sacerdocio. Él no dijo por qué. Para entonces, Stein estaba viviendo en el asilo Mullen Home, una facilidad católica en Denver.

Registro publicas indican que Stein murió en 2001. Maier no revelaba las asignaciones de Stein o cualquier parte de su historia de trabajo en la iglesia. El nombre de Stein no aparece en los directorios de los años 60s, el primer año disponible.

En 1992, Nickless pidió disculpas a McGee y ofreció a reunirse con él para recibir consultación de un sacerdote psicoterapeuta. En una carta en 1993, Nickless escribió, “Queremos que sepas que creemos en ti.”

“Está muy preocupados y nos importa profundamente,” le escribió a Nickless, quien fue nombrado obispo recientemente en Sioux City, Iowa. “Quiero reconfortarle otra vez que nada de nosotros siente lo que sucedió fue apropiado.”

McGee no quedó satisfecho. Comenzando en 1993, McGee escribió, pidiéndoles dinero.

La primera fue $42,000, lo que estimó que había dado a la iglesia durante años. Luego, fue $100,000 y luego, $50,000.

Nickless escribió en el noviembre de 1993 que “no te podemos responder financieramente” pero otra vez ofrecieron terapia.

Después de que McGee se reunió en 1996 con el equipo de la respuesta de conducta de la archidiócesis, lo cual oyen alegaciones de abuso sexual, la archidiócesis acordó considerar la petición de McGee para cubrir gastos médicos. La propuesta del acuerdo llegó al correo un poco después.

“Me hizo sentir perdido,” dijo McGee. “Me hicieron tener la impresión que podrían hacer cualquier cosa que quieran y darme sobras como una forma aliviarme.”

Se resisten los acuerdos

Otros quienes han acusado sacerdotes de Denver en los recientes dicen cuando sé enfrentado a un reclamo, la archidiócesis consistentemente ofrece a pagar por terapia en vez de acuerdos efectivos.

“Me dijeron que tienen dinero – que pagarían por terapia pero no efectivo para daños,” dijo Roy Starks, quien enfrentó la archidiócesis en 2002 con alegaciones antiguas en contra del reverendo Leonard Abercrombie.

Starks dijo que la iglesia ha pagado por su terapia en los últimos cuatro años y que no recibió instrucciones para firmar un pacto de confidencialidad.

Desde 2002, varias víctimas al nivel nacional han rompido el silencio para expresarse públicamente. Uno de la primera fue Mark Serrano, un ex monaguillo de Nueva Jersey. El acuerdo de Serrano, a diferencia de McGee’s, no lo expuso a recompensar la iglesia su acuerdo de $350,000.

“Fui un buen niño católico, y que quede con mi palabra por 17 años,” dijo Serrano, quien esta involucrado en el Survivors Network of Those Abused by Priests. “Todo lo que hizo fue poner a otros niños en peligro porque yo hice mi parte a cambio de un sacrificio personal. Como víctimas, necesitamos una voz. Para curarse, necesitamos hablar con otras personas.”

Serrano, entre otros, piden a los obispos estadounidenses que los suelten de los acuerdos confidenciales, hasta ahora con poco éxito. La Archidiócesis de Nueva York, en primer lugar, declaró los acuerdos nulos.

“Si una persona verdaderamente quiere la materia callado, beneficia a esa persona,” dijo Mitchell Garabedian, un abogado de Boston que rehusó acuerdos de confidencialidad en representar víctimas del sacerdote expulsado John Geoghan. “Durante décadas, estos asuntos fueron callados, y ahora sabemos porque.”

Jeff Anderson de St. Paul, Minn., quien representa a los demandantes acusando al ex sacerdote de Colorado Harold Robert White, dijo que él nunca ha firmado un acuerdo de confidencialidad, lo cuál llamó vehículos “moralmente reprensibles” para proteger la iglesia.

Anderson dijo que en sus 24 años de carrera, nunca ha visto un acuerdo parecido a Denver en términos de las consecuencias financieras de violar confidencialidad.

Algunos abogados de los demandantes, él dijo, se aprovechan de una política nueva de los obispos en acuerdos de confidencialidad, diciendo a la iglesia que pedirán un pacto de secretismo a cambio de más dinero.

Ni Garabedian, Anderson ni los abogados que han trabajado por la iglesia pueden hablar de un caso solo de una acción que toma la diócesis en contra de una víctima que ha violado un trato de confidencialidad.

Abogados con simpatías para la iglesia, como Patrick J. Schiltz, dicen que los métodos legales son mayormente el fruto de los abogados de demandantes o los abogados representando los trasportadores de seguro de la iglesia.

Schiltz, un profesor en el St. Thomas School of Law en Minneapolis, quien representó a iglesias católicas durante 1987 y 1995, escribió a la revista católica Commonweal que las víctimas a menudo les piden confidencialidad para el bien de la privacidad. Él noto que el secretismo usualmente se extiende sólo a la cantidad del acuerdo, no para la habilidad de víctimas a expresarse públicamente.

“Fueron los abogados de los demandantes que algunas veces podrían hacer dos demanda de acuerdo: Una demanda inferior que no incluyó un acuerdo del secretismo y una demanda superior que si,” Schiltz escribió.

McGee no esta preocupada

Allí también puede haber razones legítimas para reducir publicidad, dijo Douglas Laycock, un profesor en la Universidad Texas y el ex consejero para el National Conference of Catholic Bishops.

“Lo que es un encubrimiento vergonzoso por un lado, por otro lado es una respuesta a un problema que ha afectado 2 o 3 por ciento de sacerdotes y un por ciento infinitesimal de los fieles obteniendo atención con la exclusión de todo lo que hace la iglesia,” dijo Laycock.

McGee dijo que no está preocupado por las consecuencias de romper su acuerdo de 9 años.

“Si quieren demandarme, pues que lo hagan,” él dijo. “No pienso que lo harán. No quieren exposición prevista.”

McGee dijo fue difícil cambiar el cheque, pero en fin, lo hizo.

Tomó el dinero y compró una parcela de entierro para sí mismo en un cementerio católico en Sterling mirando hacia el rió South Platte.

Comuníquese con el escritor Eric Gorski al 303-820-1698 o al egorski@denverpost.com.

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