
Pueblo Hiendo al trabajo cada día por 2 ½ años como trabajador lesiones en la oficina de correo de Pueblo resultó ser insoportable para George Kruest.
Según récordes federales, los supervisores le gritaban en su cara. Los gerentes y sus colegas lo llamaron un “huevón”. Decían que no valía nada y que falsificaba sus lesiones en la cabeza y el cuello.
”¡Vete y mátate!” un trabajador sugirió.
En la mañana del 6 de octubre del 2002, Kruest, de 48 años, se fue en su yarda trasera, se apoyó en un columpio que había construido para sus hijos y se fusiló en el cráneo.
El U.S. Department of Labor recientemente decidieron que la muerte de Kruest fue vinculada a la depresión de trabajo. Encontraron que Kruest, quien había ganado premios de la oficina de correo, permanecía en un ambiente hostil. Así que dieron a su viuda, Patricia Kruest, de 50 años, un beneficio anual cerca de $15,000, casi 45 por ciento del salario de su esposo.
”Si no por la depresión, no hay razón para creer que se hubiera matado durante el tiempo que lo hizo”, dijo el doctor Richard Dorsey, psiquiátrico de Santa Ana, California, quien revisó el caso para el Department of Labor.
Un abogado de empleos federales de Denver dijo que tales decisiones no son comunes.
”Diría que es raro para que ellos reconozcan que alguien es sujeto a burlas porque son discapacitados y en un ambiente hostil”, dice John Evangelesti, quien se hace cargo de casos para trabajadores postales lesionados.
El U.S. Postal Service alega la decisión del octubre pero que no pueden apelarlo.
”No estamos de acuerdo con la decisión”, dijo Al DeSarro, portavoz para la oficina de correo. “Trato de decir esto con la mayor sensatez con respeto a la señora Kruest pero no creemos que el Servicio Postal contribuyó de alguna manera su muerte desafortunada”.
DeSarro dice que hay “temas privados” que esta prohibido, por ley, de comentar.
Patricia Kruest, quien vive con sus hijos, George, de 21 años; y David, de 20 años, dijo que el Servicio Postal deniegan los tratamientos de trabajadores lesionados en Pueblo.
”La respuesta de la oficina de correo al Labor Department es predicable. Nunca han actuado responsablemente, y quizás nunca lo harán”, dijo.
El Office of Workers’ Compensation niega el reclamo inicial de Patricia Kruest. Después, buscó una audición oral ante Jeffrey J. Reddig, un oficial de audición quien escuchó los argumentos en junio.
Reddig recibió 133 paginas de exhibiciones, incluyendo récordes medicales y 11 affidávits firmados, siete de ello notariados, de sus colegas quienes oyeron los comentarios dirigidos a Kruest.
”Aunque el Servicio Postal niegan las alegaciones, la evidencia del record es insoportable y establece que los trabajadores y gerentes postales amontonaron abuso sobre los trabajadores de rehabilitación”, escribió Reddig en su decisión.
Al menos de tres doctores dicen que creen que la depresión de Kruest fue relacionada con su ambiente de trabajo. Según los récordes medicales del Department of Veterans Affairs, Kruest, quien sirvió en las Fuerzas Aéreas, hablaba de las dificultades en su trabajo.
”Sintió que la administración de la oficina de correo querían hacer algo malo a su persona”, dice una notación en los récordes medicales de Kruest.
El portavoz DeSarro dijo que la oficina postal tenían una desventaja porque no pudieron interrogar testigos.
La oficina del correo archivó una refutación en donde los gerentes y sus compañeros de trabajo negaron los comentarios y burlas hacia la incapacidad de Kruest. Incluyó una declaración de por parte de un compañero que George Kruest estaba “cansado” de estar casado una alegación que niega Patricia Kruest.
En mayo de 1998, Kruest, quien había trabajado por el correo desde 1983, se tropezó con hormigón desparejo mientras que entregaba el correo la cual resultó en lesiones en su cabeza y cuello.
Los doctores limitaron la cantidad de su trabajo y cuanto peso debe levantar. Como trabajador limitado, Kruest se sentaba en un área de 10 por 20 pies donde hacia las nominas para los trabajadores en contrato, rellenaba sobres para el programa “estampillas por correo” y hacer mandados.
Por todas cuentas, trabajaba duro. Pero fue sujetada a criticas implacables.
Durante ese tiempo, su personalidad cambió, dijo Patricia Kruest.
”No hablaba mucho”, dijo. “Parecía como si estuviera suprimiendo mucho y que no lo compartía”.
En un cuaderno encontrado en su armario de trabajo, Kruest estaba grabando los comentarios: “¿Qué té pasa?…..No-te recuperaste. ¿Puedes aguantar este trabajo? ¿Qué tipo de farsante eres? No estas lastimado”.
Kruest buscó ayuda a través del programa Employee Assistance Program, visitaba psicólogos y buscó tratamiento del VA. Un evaluador del VA notó el apoyo de su esposa como uno de sus fortalezas. Según los récordes, no tenía problemas psiquiátricos antes.
En julio de 2002, le dijo al VA que “a veces siente que no quiere seguir con su vida”.
Tres meses después, mientras que dormían su esposa e hijos, escribió una nota y lo colocó en los parabrisas del van de su esposa.
”Para Pattie, George, David. No puedo seguir con este dolor y teniendo la mente confundida. Siento que es la mejor manera de huir de todo esto. Recuerdan que los quiero mucho. Los papeles de seguro están en este paquete. También, ustedes necesitarán llamar la oficina de seguro social para beneficios de supervivencia y educación. Tendrán el dinero que quisieron y la cual no pude proveer cuando estaba vivo. Perdóname. Sinceramente, George”.
Patricia Kruest se despertó al oír un ruido a las 7:45 de la mañana en el 6 de octubre de 2002. Pensaba que alguien estaba fusilando gatos con un pistola de juguete y se quedó acostada por unos minutos más.
Cuando vio afuera de la ventana pocos instantes después, vio al cuerpo de su marido. Corrió afuera y vio la pistola tipo .357, luego, corrió adentro para llamar al 911.
Después que un juez de instrucción removió el cuerpo del marido de Patricia Kruest, casado mas de 27 años, su hijo menor, David, tomó una pala y hizo desparecer el pasto sangriento. Después, agarró un marro y rompió aparte el columpio sangriento donde luego, los lanzo sobre el cerco.
Se puede comunicar con la escritora Erin Emery al numero 719-522-1360 o al eemery@denverpost.com.



