Los niños del cuarto grade saludaron a sus padres con un inclinad delicada, partiendo una cortina color plata para dirigirlos adentro.
Después de gestar ante un sepulcro para un momento de meditación el jueves, los 12 niños dirigieron sus padres a un metate tejido y con gracia, tomaron sus asientos en el piso.
La ceremonia de té japonés estaba a punto de comenzar.
La aula del idioma de Donna Gease en el St. Louis Catholic School en Englewood normalmente resuena con las conversaciones de niños practicando su nuevo vocabulario español mientras tienen puestos sombreros de colores brillantes. Este idioma tiene un tomo diferente.
La arte japonés en colores apagados rodea a los niños mientras que enfocan en la disciplina, la belleza y la paz de la ceremonia de té y la cultura.
Las demás clases de lenguaje en la escuela privada están en español; este es el unico curso japonés que enseña Gease.
”Me encantan los abanicos, los parasoles, y las linternas”, dice Emma Konizeski, de 9 años, vestida en un kimono rojo de seda con palillos en su pelo. Ella y sus compañeros mucho de ellos en batas encabezaron la ceremonia, o “chado”, al dispersar té a sus padres según la tradición.
La mayoría de los niños particularmente disfrutaron de la segunda parte del evento, cuando cantaron e hicieron un baile japonés.
Gabriel Cuellar dice que su canción favorita es “Head, Shoulders, Knees and Toes (Cabeza, Hombros, Rodillas y Dedos)”, porque le gusta como suena en japonés.
”Siempre lo hace en casa”, dice su madre, Mary.
La clase ha hecho mas que generar interés en la música.
”Tiene mas apreciación de ser calladito en la mesa”, continuó su madre. Gabriel antes batallaba antes de leer una devoción en la hora de la cena, pero ahora, lo hace voluntariamente, dijo.
La clase japonés fue un experimento exitoso para la escuela, dice la principal Pattie Hagan. Cuando los estudiantes del tercer grado mostraron habilidades especiales para aprender una idioma nueva, Gease le preguntó si podía hacer algo nuevo, agregó.
Y funcionó tanto que ahora, Gease enseñará la clase a los niños del cuarto grado cada año.
”Lo más difícil saber que esta ceremonia dignificada es silenciosa”, dice Gease. “Son bien habladores, pero cuando practicamos, entendieron”.
Se puede comunicar con la escritora Julianne Bentley al jbentley@denverpost.com.






