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Turín – El paseo entumecido de esquiar los magnates no compara con el trayecto duro que viajó Michelle Roark, de 31 años, para llegar a los Juegos Olímpicos de Invierno. ¿Qué tan lejos es el pico de una montaña las Alpes italianas de la desesperación de no tener hogar en Colorado?

El viaje desalentador de Roark para esquiar en el escenario mas grande del esquí comenzó en la calle Vásquez en Winter Park, donde vivía solita en su tienda de acampar, pegando ollas para asustar los osos. Echada por su madre después que el matrimonio de sus padres fue derrotado, Roark se alojó en las montañas de los Rockies. Cuando cayó la lluvia o las temperaturas, su cama estaba detrás de su Jetta de 1980.

”Todo lo que pedía para mi cumpleaños decimoséptimo fue comida”, dijo Roark mientras sus ojos se llenaban de lagrimas.

Las Olimpiadas parecía como un sueño imposible para Roark que hasta batalló en hablar de tal logro, temiendo que si lo menciona, su boleta podría ser revocada.

”La palabra O’”, dice Roark. “Por muchos años, no podía decir su nombre entero. Fue demasiado. Muy grande”.

El sábado, después de surgir de una vivienda destrozada y sufrir seis cirugías a su rodilla, y en una edad donde muchos esquiadores buscan en blandear su vida, Roark despegará si misma de la nieve y hacer una revolución de 180 grades con una “extensión de águila gigante al revés” mientras que empieza los juegos invernales.

”Se llama el Bronco”, dice. “Soy una fanática del fútbol y soy de Colorado, así que me gustaría que se conociera como el Denver Bronco”.

Había una vez cuando sus padres estaban enamorados y Roark era prodigio sobre los patines, entrenando junto con la futura Olimpiada, Nancy Kerrigan, como una niña de Denver con grandes ambiciones. Los ejes dobles y todo lo demás saltaron fuera de control cuando se divorciaron sus padres, causándola tomar vivienda en terreno nacional.

”Me echaron de la casa”, dijo. “Mi madre me dijo, tienes que irte’”.

Roark vivía con su padre mientras iba a la secundaria Ranum High School, luego para ir a Winter Park un año después.

Los pueblos de esquí están llenos de adolescentes huyendo de la realidad, en busca de días con el mayor nieve y los cielos azules, porque es mas fácil encontrar que las respuestas de la vida. Habrá una pilar de trastes sucios en un babo de restaurante o mucho nieve para palear, pero la pobreza siempre esta estructurada con una perspectiva de millonario. Tomó solo un pueblito en el condado de Grand para transformar a Roark de niña perdida a una competidora de las Olimpiadas.

”Winter Park es mi lugar favorito de todo el mundo”, dijo Roark, un de 57 graduados de la secundaria Middle Park High School de 1992.

Después de atravesar la planeta en busca de la mejor línea de magnate, cree que no hay otro lugar para atacar los chichones como este pueblito montañoso, donde Roark trabajaba en panaderías, en los cines y una tienda de camisetas, con tal de no pasar hambre.

”La mayoría de niños en su situación dejan la escuela y se van para abajo. Ella no. Es muy asombroso”, dijo su maestra de ciencias Wayne Benesch. “Lo que recuerdo mas de Michelle fue que tan chaparrita estaba, pero tenia un gran sentido de responsabilidad.

Competir en las carreras de esquí en los magnates es un paseo bastante doloroso. Desbaratado por los dolores a su rodilla, Roark juntó suficiente dinero para contratar el entrenador respectado Cooper Schell como tutor privado y se fue para Sudamérica el año pasado para intentar jugar en las Olimpiadas de nuevo y por ultima vez después de que su sueño fue derrotado en 1998 y 1992.

”Hay algo de tenacidad que tengo”, dice.

Roark agarró un lugar en el equipo de las Olimpiadas al ganar un evento de la Copa Mundial en UTA el mes pasado. Estudia ingeniería de químicas en el Colorado School of Mines y vende perfume a través de un sitio Web.

A lo mejor Roark es demasiada vieja para vivir la existencia gitana de una atleta cuyo deporte se publica en los periódicos a menudo o nunca. Sin embargo, cuando piensa en los Juegos Invernales, su sonrisa crece tanto que las líneas de su experiencia dura que arruga la piel cerca de sus ojos casi desaparece.

”A cualquier edad, no hay nada como hacer lo que nunca pensabas hacer”, dijo.

El estado natural del mundo, según Roark, es caótico. Así que no hay otro remedio salvo a tomar control. Agarrando el boli temblando contra el molde de yeso de este reportero, cuya mano derecha esta lesionado, Roark toca la fibra de vidrio envuelto, contento en saber que otro quebró sus huesos esquiando.

”Hay algo de mantener el aspecto de niño. Este molde de yeso, eso es dolor. Eso es vivir. Estas vivito y coleando”, dijo.

Actualmente en tercer lugar en todo el mundo, Roark podría ser la primera mujer americana en ganar una medalla en el vigésimo Juegos Olimpiadas. Mas precioso que el oro, plata o bronce es el hecho que el perdón ha curado las fisuras mas profundas en su familia, y su padre estará presente en la audiencia en Sauze d’Oulx, donde los magnates son atacados solo por los mejores esquiadores.

¿Y que onda con su madre quien echó a su hija fuera de su casa en Denver?

”Mi madre nunca me ha visto esquiar”, dijo. “No le guardo rencor. La gente se meten en malas situaciones. Se salen de ellas lo mejor que saben en esos momentos. Así es la vida”.

Se puede comunicar con el escritor Mark Kiszla al numero 303-820-5438 o al mkiszla@denverpost.com.

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