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Lily Bresee, una adolescente de Glendale quien escucha el indie rock, juega lacrosse y tiene su labio agujerado, nunca prestó mucha atención al tema de la inmigración ilegal.

”No me interesaba nada”, dijo la muchacha de 17 años.

Eso fue antes del mes pasado, cuando su clase de la escuela Jefferson County Open School fueron de viaje por dos y media semanas a Teacapan, un pueblito de la pesca 80 millas al sur de Mazatlán, México.

Su madre anfitriona le enseño como hacer tortillas. Le gustó la cultura y las familias cercanas, pero notó que no hubo muchos muchachos jóvenes.

Casi todas las familias con quien habló tenia un hermano, tío o padre trabajando en los Estados Unidos. Algunos obtuvieron sus visas de trabajo, algunos pagaron los coyotes para llevarlos a través de la frontera.

Él vació de muchachos jóvenes hizo pensar Lily sobre la causa. Mirando hacia el mar, encontró su respuesta.

Observaba los pescadores mientras regresaban con sus arrastres llenos camarones y barcos de pesca con sus redes pequeños. Un pueblito que se ha sostenido a través de muchos centenarios ha sido agotado de sus camarones, ostras, pargos rojos y la corvina.

James McGoodwin, profesor de antropología en CU-Boulder y autor del libro “Crisis in the World’s Fisheries (Crisis en las Piscifactorías Mundiales)”, lamentó la quiebra de la economía de pesca en Teacapan: “La tragedia aquí es que esto fue el área de mariscos más productivo en el Pacifico de México”.

McGoodwin no solo estudió esa zona, sino que también vivió allá en los años 70s y quien todavía mantiene contacto con sus amigos. Dijo que estaba triste en cuando escuchó de la economía devastador que observó Lily.

Lily dice que no hubo otro empleo en el pueblito, así que muchos hombre jóvenes encontraron chamba en otros sitios como las granjas, las fabricas de empacar carne, los pescados enlatados y las cocinas de restaurantes en el EE.UU.

”Uno tiene que verlo con compasión y ponerse en su lugar”, dijo Lily. Ahora Lily está absorto en la tema, tanto que ella y un grupo de amigos de la escuela fueron a Metro State College para escuchar un foro sobre la inmigración la noche del lunes.

Allí, Lily escuchó hablar Lisa Durán, una organizadora de derechos inmigratorios, sobre estudios mostrando que los indocumentados no causan la depresión de sueldos en la mayoría de los trabajos y que a lo máximo, hay una disminución de 4 por ciento entre jornaleros manuales.

Lily escuchó la representante estatal, Fran Coleman, reiterar un estadística que ha sido confirmado por el U.S. Immigration and Customs Enforcement: Cuarenta por ciento de los indocumentados vinieron aquí legalmente, pero se quedaron en cuando se venció sus visas. Coleman dice que el EE.UU. no ofrece suficiente números de visas para trabajadores con pocas habilidades, que necesita negocios.

Lily escuchó el representante estatal, Terrance Carroll, decir, “Es una mita que los indocumentados no pagan impuestos. Pagan impuestos de venta, impuestos de ingresos, el Seguro Social, y aquellos quienes pagan impuestos de residencias”. Dijo a la audiencia de 200 personas, mucho de ellos siendo estudiantes del colegio, que el U.S. Census Bureau documentó un incremento de la población nativa a menos de un por ciento el año pasado, donde hubo una demanda para 700,000 nuevos trabajadores.

Luego, escuchó de mi una estadística: El empleador más grande en México es Wal-Mart, compañía reconocida por sus bajos sueldos y beneficios de salud magras en el EE.UU. quien compra de maquilas en los países del Tercer Mundo y quien ha sido acusado de maltratar sus empleados.

”Algo se debe hacer para crear mas empleos allí”, dijo Lily. “No es necesariamente nuestro problema, pero si queremos cesar la inmigración ilegal, un muro no lo va hacer”.

Planea en tomar otro viaje este verano. Quiere ayudar como encontrar maneras de solucionar el problema.

Lily ha llegado lejos en solo un mes, desde no pensar mucho en la tema hasta pensar en ello sin cesar, en su manera especial, como humanitaria.

La columna de Cindy Rodríguez aparece cada martes y jueves en la Escena. Favor de contactarla al 303-820-1211 o al crodriguez@denverpost.com.

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