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En el futuro, leeré una correspondencia electrónica que me va hacer una pregunta directa:

”¿Qué no entiendes de la inmigración ILEGAL, %&**?”

Para investigar mi respuesta, asistí el acontecimiento del Independence Institute “Invitación o Invasión: Un Discurso Sobre las Reacciones Conservadores Hacia la Inmigración”, llevado acabo en el Colorado Historical Society.

Aquí, Jon Caldara invitó a los conservadores muy respetados en el mercado libre: Stephen Moore del periódico Wall Street Journal y Daniel Grisworld del Cato Institute. Ambos están a favor de liberalizar las leyes inmigratorias.

En el otro lado del asunto se encontraban el congresista Tom Tancredo y John Andrews del Claremont Institute.

Los panelistas sólo podían quedar de acuerdo en dos asuntos acerca de la inmigración.

La primera: Las fronteras deben ser más controladas.

La segunda: La inmigración masiva y un estado de bienestar creciente no son compatibles. Necesitamos que vengan la gente; no necesitamos más gente mantenidos por el Tío Sam.

Y eso fue todo.

Personalmente, tenía un mejor entendimiento sobre la palabra ILEGAL. Concretamente, todos los supuestos conservadores quieren que la inmigración quede en ésta categoría. Como el hijo de unos inmigrantes, sentí un poco de desanimo al oír tantos aplausos a la idea de sellar la sociedad americana, criminalizando el trabajo duro e ignorar nuestra tradición de inmigración.

¿No fue Ronald Reagan quien dijo que “los inmigrantes poseen una determinación que, con el trabajo duro y la libertad, pueden dar una vida mejor para sus hijos?”

¿No fue él quien dio amnistía a 2.8 millones de indocumentados?

Alex Cranberg, presidente de Aspect Energy, quizás dio el discurso más intrigante del día, diciendo que los alemanes, italianos irlandeses, judíos y todos en el medio han oído la misma condena sobre sus lugares en la sociedad.

Demasiado. Demasiado pronto. Demasiado huevones. Demasiado diferente.

Tancredo también reclamó que está en contra de la inmigración ILEGAL, no la inmigración, hasta unos minutos más tarde cuando pidió una moratoria para todos tipos de inmigración.

Demasiadas personas. Demasiado pronto.

El congresista es un héroe para muchos ya que puede generar una audiencia impresionante durante una tormenta y a pesar de los que dice sus críticos, la retórica populista de Tancredo ahora es libre de rencor.

Sin embargo, el problema es que Tancredo atrae muchos nativistas y extremistas.

Dos de los voceros ninguno conservador por definición- ilustran éste punto.

El primer fue el activista coloradense Frosty Wooldridge, quien se considera el Tom Paine del nuevo milenio aunque alega fervorosamente contra la libertad.

Francamente, Wooldridge es un Chicken Little moderno quien se traga la idea desacreditada de la bomba poblacional.

Pero la platica más despreciable vino de la boca de un inmigrante.

Yeh Ling-Ling es la directora ejecutiva de una grupo llamado Diversity Alliance for a Sustainable America.

Durante el día, Ling-Ling contestó a un panelista refiriéndose a la política de China sobre el control de la población, la cuál significa la infanticida y los abortos forzados.

¿Eso es ser conservador?

Aunque fue difícil entender el discurso de Ling-Ling, fue claro que pensaba que si misma debiese ser la última persona de entrar en los Estados Unidos con un acento.

Ahora, Tancredo no tiene la culpa que sus seguidores son un poco loco.

¿Qué no este tipo de ideología debe de ser odioso para los conservadores de Colorado?

¿Qué no deberían de alejarse de las personas quienes pretenden vender las ideas de la intolerancia?

¿Al menos por el bien de la credibilidad?

Los ecos de David Harsanyi aparecen cada lunes y jueves. Se pueden comunicar con él al número 303-820-1255 o al dharsanyi@denverpost.com.

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