Ya casi se oscurece por el oeste de la calle Cedar y moviendo una familia de seis de la casa al carro para ir al súper no es algo fácil y rápido.
¡”Vámonos, Vamonos!”
Perla Jiménez ha asumido la posición universal del adolescente; se ha sentado en el asiento trasero del carro, haciéndose creer que su familia no existe. Algunas veces no puede decidir si su familia la divierte o si siente vergüenza.
De todas maneras está contenta. Ha sido un cumpleaños a todo dar. Tener quince años no va ser nada mal.
Su mama ha empezado a tocar música ranchera, subiendo el volumen a todo vuelo. Perla se pone sus audífonos de inmediato buscando el hip-hop en su nuevo radio de color lila.
Durante el año pasado, Perla creció a la misma altura que su madre. Ellas miden 5 pies, 4 pulgadas de hombro a hombro y se arreglan el pelo de la misma manera.
Intercambian ropa y papeles.
”Perla, ¿qué es esto?”
Cuando llega la correspondencia, cuando suena el teléfono, cuando están en fila en las taquillas y en los supermercados. Yesenia Díaz de 33 años, da un paso para atrás y deja que su hija tome las riendas. Ella no habla inglés, aunque ha vivido en los Estados Unidos por 15 años.
Como es la mayor de los cuatro hijos, Perla no puede recordar un tiempo cuando no vinculaba su familia al mundo de habla-inglés.
Probablemente empezó en el kinder ya que allí aprendió el inglés. Como resultado, ella habla ingles en la escuela y español en casa.
Su padre -quien no vive con la familia- también no habla inglés, ni el novio de la mamá, ni su tia y tio quienes viven con ellos y duermen en el sofá.
No es ninguna molestia; De hecho, es padrisimo. Le gusta que los adultos dependen de ella.
Pero le molesta más a su madre.
”Soy la madre y se supone que debo saber más que mis hijos”.
En la tienda Albertsons, fueron hacia el mostrador de pasteles de cumpleaños y sólo tienen una hora antes que la madre de Perla comienza su trabajo en la lavandería.
”Can I help you?”, dice una mujer. Díaz abrió la boca a punto de decir unas palabras pero se puso roja. Solo sabe unas palabras en inglés pero nunca las que necesita.
”Mi mama quiere saber si puedes escribir un nombre en ese pastel”, dijo Perla, quitando los audífonos de los oídos; Casi fue un cambio de poder.
”Está bien, ¿qué nombre quieres que ponga?”
”Perla”.
”No, quiero que escriba Perlita”. Allí fue donde Díaz trató de reclamar su ventaja de madre, pero la panadera no le hace caso.
Este fenómeno no es nuevo
En la ira del país hacia la inmigración, muchos piensan que éste fenómeno de usar los niños para traducir es algo nuevo. Algunos lo llaman abuso.
”Por lo largo que ha existido la inmigración, los niños son los primeros en aprender el lenguaje”, dijo Marjorie Faulstich Orellana, una profesora asociada de educación en la Universidad de California en Los Ángeles, cuya profesión es estudiar los niños traductores.
Los expertos dicen que si un niño comienza aprender un segundo idioma en el kinder, serán fluidos en cuando entran la adolescencia. Por otro lado, muchos adultos nunca aprenden.
En la casa de Perla, su hermanita Vanessa de 3 años sabe más inglés que su madre.
Lo que ha cambiado desde la época de la Isla de Ellis es como las personas que no hablan inglés se dispersan a través del país en vez de la ciudades de entrada.
Los estados como California, Nuevo México o Texas tienen el mayor número de personas quienes no hablan inglés, aunque los estados menos obvios los tiene también; Rhode Island era el número nueve y Colorado fue el numero 15.
Según el censo del 2000, cerca de uno de cada cinco personas mayores de 5 años ahora hablan otro idioma en sus casas más que el ingles. Mientras que el español es el idioma más común, la lengua china ocupa el segundo lugar y el francés el tercer lugar.
Bajo la Ley de Derechos Civiles del año 1964, cualquier institución o programa que recibe fondos federales deben proveer recursos traducidos o acudir a los traductores.
Pero eso no siempre pasa en el mundo real.
”Las aptitudes de los niños es extraordinario. Se sienten orgullosos de sus contribuciones a sus familias”, dijo Sheila Shannon, una profesora asociada en la Universidad de Colorado en Denver y co-autora del libro Pushing Boundaries: Language and Culture in a Mexicano Community.
Un minuto de soledad
Perla se levanta primero poco después de las seis de la mañana y se baja de su cama para dirigirse a la cocina; es allí donde puede disfrutar de un poco de soledad sin estar rodeada de gente.
Ella comparte una habitación con sus hermanos. Le toca dormir en la cama de arriba mientras que sus hermanos tienen que compartir la cama de abajo. En algunas ocasiones, su hermanita también la acompaña. El armario quedó dividido -los carritos de juguete en un lado y un calendario de Strawberry Shortcake en el otro lado.
Perla ayuda mover a todos: Les grita a sus hermanos a la hora de despertar y batalla en quitar los piyamas de su hermanita. Luego se mete en la única ducha del departamento.
Los miembros de familia hacen la rutina: La madre de Perla se fue para dejar a su novio en su trabajo como concinero. Regresará a tiempo para llevar a Perla y sus hermanos a la escuela.
Díaz depende de Perla como casi todo la familia.
“Es difícil porque le da a Perla responsabilidades que no debería a tener. Ella necesita vivir su niñez. Me preocupo por ella.”
Cuando el piloto en el calentón se apagó, fue ella quien acudió al súper, también cuando el carro del novio de la madre fue robado y los oficiales respondiendo a la llamada no hablaban inglés.
Como el juego del teléfono, las palabras fueron transmitidas a Perla.
Perla trata de enseñar a su madre suficiente palabras para guiarse a si misma. Su hermano menor, Rudy, se sienta en la mesa con los adultos y les pone su alfabeto a prueba.
Díaz no necesita mucho el inglés ya que sus amigos y parientes hablan español. En el trabajo, trabaja con las manos, no con la boca. La cajera automatizada en las tiendas le ayuda en español.
Algunas veces se encuentra perdida; por ejemplo como cuando Rudy tuvo un ataque de asma. Normalmente hay traductores en los hospitales, pero en ésta ocasión no hubo ningún traductor disponible. Piensa que entendió todo lo que le dijo el doctor.
Díaz cruzó desde México a California con el padre de Perla cuando tenía los 17 años. El era un hombre bien hermoso. La sacaba a bailar pero unas semanas después de su llegada, comenzó a golpearla.
Hace como un año, Díaz llevó a sus cuatro hijos y lo dejó. Encontraron una vivienda tipo duplex para $500 mensuales. Su empleo solo la paga $6.75. Para dinero extra, hace limpieza en las casas.
En las noches de los sábados, después que terminan el trabajo, la familia se meten en el carro y se pasean por la noche. Van a ver una película o van de compras.
Los curcos en Wal-Mart de Lakewood están completamente llenos a las 11 de la noche.
”¿Podemos?” ”¿Podemos?” Vanessa le pide a su mamá, apuntando a unas peliculas DVD de “Lady and the Tramp”. Diaz encoge sus hombros. Esta bien.
Perla se diríje al pasillo de discos compactos.
“Solo uno”! le avierte su mamá. Solo uno. Diaz se siente con la culpa de la madre trabajadora. Ella le gusta dar un pequeño lujo a sus hijos. Le encanta verlos sonreír.
“Este es el tiempo que les dedico solo a ellos. Algo entretenido”.
Es obvio la frustración
El maestro favorito de Perla no puede esconder su exasperación.
”Tenemos que hablar sobre esto,” dice Jason Torrez mientras que empieza la clase de estudios sociales. Perla no entregaó un reportaje sobre la civilización de los Mayas.
Perla atendía Baker Middle School, pero se cerro. En su entrevista de ingreso para La Academia, ella prometió de trabajar duro. Ella sobrepaso dos niveles escolares en menos de un año. Su primer informe escolar saco puros As.
”Marcamos sobre el crecimiento”, dice Todd Clugh, director del pequeño, la mayoría Latinos, escuela privado que se basa en donaciones.
La escuela esta localizada en una iglesia. No hay pupitres, solo mesas y sillas que no son iguales.
Mas o menos el 20 por ciento de los jóvenes tienen un padre que no habla ingles. Algunos tienen record juvenil. La mayoría son pobres. Pero, el 80 por ciento van a la universidad.
”Ella a tendido su deber toda su vida”, dijo Torrez. El lo ve todo el tiempo. Jóvenes, especialmente el mayor de la familia, se sienten responsables de cuidar a todos.
“Es una muchacha buena. Es lista e inteligente, pero le falta la habilidad más básico (escolar) porque ella tiene que ser la portera,” el dijo.
Perla pelea para completar su tarea, pero no hay tiempo. Ella descarga la información y lo entrega. Ella sabe que eso esta mal.
”Este no es tu trabajo”, dijo Torrez, mandándola que lo haga otra vez. Perla empuja el reportaje en su cuaderno. Su cara sin sentimiento, pero sus manos tiemblan.
Mientras que los otros estudiantes dejan la clase, Perla calladita empieza a arreglar el salón escolar. Es su modo, arreglando las cosas para todos los demás.
Imitación de una mala niña
“¿Que estas haciendo usando esa camiseta?” El director que le domina a Perla pretende que esta mas enojado que realmente esta.
En los viernes, los estudiantes dejan los uniformes a favor de una declaración personal de ropa. Perla escojio una camiseta rayada. En ella, las palabras “Bad Girl” (Diablilla).
”Eres lo mas lejano de eso “, el dijo.
“Me gusta”. Se ríe, se cubre la cara con sus manos. Ella ya se esta retirando.”
Algunos estudiantes del octavo grado ya están hablando de juntarse con los novios. Los labios y ojos tienes el maquillaje bien puesto de Cover Girl. Los cuerpos nuevos están en exposición y esta empujando los limites de la etiqueta de vestir. Los jóvenes se dan cuenta. Intentan de causar una buena impresión.
Perla tiene un novio. Algo así. Su nombre es Donovan. Se conocen desde el sexto grado. Se dejan, se juntan otra vez. El aprendió un poco de español para comunicarse con la madre de Perla. Ellos no tienen el derecho de estar solos.
La relación que Perla tiene con su padre esta en conflicto. Ella esta enojado con él. Ella se acuerda cuando lo adoraba.
”Pienso que no todos los hombres pegan,” ella dijo, “pero no le tengo confianza a los hombres.”
En unas semanas, Perla celebrará su quinceañera, una tradición para las jóvenes hispanas. Perla escogió un tema de princesa de hadas. Su vestido es suficiente largo para dar vueltas mientras que baile.
Lo que no entiende es porqué todos quieren crecer tan rápido.
Hay veces, cuando no hay nadie mirando en la escuela, ella salta en el pasillo. Ella brinca, como un conejo, como una niña, ella salta dos escalones en cada brinco.
Un problema de tarea
La evidencia esta presente. Sus calificaciones han bajado a Cs y Ds. En una junta de padre-maestro, Perla traduce las palabras del director a su mamá.
”Aquí esta mi preocupación,” dice Clough. “Perla no tuvo un tercer cuarto que debería de tener. El problema es su tarea. No lo hace.”
Los ojos de Díaz se amplían y luego se reducen. No tenia ninguna idea.
”Creo que no hice ningún esfuerzo para intentarlo; creo que me dio flojera”, ofrece Perla como explicación.
”¿Hay algo más que te molesta”? pregunta Clough. Su madre lo mira atentamente aunque no entiende que dicen.
Perla comienza a llorar.
”Todos esperan que saque buenas calificaciones; a veces que es demasiado”, dijo mientras lloraba.
De repente, todos desaparecieron del cuarto. Solo quedaron Perla y su madre, quien decía:
“Sé que sientes mucha presión en éstos momentos, pero cuando seas mayor, ¿como vas a manejar la presión? Esto te hará aprender. Tienes que dar vuelta las cosas. No para mí, pero para ti y sé que lo puedes hacer.”
Ahora le toca a Clough ser el excluido: “¿Qué ha dicho?”
Perla casi no lo escucha; ella sonríe, la más pequeña sonrisa y señala con su cabeza. Debajo de la mesa, ella y su madre tienen las manos juntas.
Se puede comunicar con la escritora Jenny Deam al número 303-820-1261 o al jdeam@denverpost.com.






