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Kody, 9, and his sister Miya, 7, two of three children of singlemother Shea Lewan, inspect stained glass at Immaculate Heart ofMary Catholic Church in Northglenn last week. Lewan and herkids planned to be baptized today.
Kody, 9, and his sister Miya, 7, two of three children of singlemother Shea Lewan, inspect stained glass at Immaculate Heart ofMary Catholic Church in Northglenn last week. Lewan and herkids planned to be baptized today.
Kevin Simpson of The Denver Post
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En domingo de Pascua, mientras los cristianos celebran la resurrección de Jesucristo y el momento tradicional para la renovación, a éste día feriado se le ha añadido otra importancia para algunos coloradenses que han alcanzado una coyuntura crucial en sus vidas espirituales.

Una familia encontró satisfacción en las tradiciones ancestrales. Una madre soltera encontró su auto -aceptación y un cimiento para sus hijos en una fe cuya atracción casi mística nunca entendió muy bien- hasta ahora. La hija de un cura encontró una recuperación física y espiritual entre desconocidos a cientos de millas de su casa.

Ven estos momentos importantes en el calendario Cristiano con un endentimiento renovado y comparten historias de renacimiento religioso conteniendo una similitud una larga búsqueda que finalice en un momento feliz de descubrimiento personal.

Randy Sisson lo llama simplemente “la crisis.”

El pasado día de Pascua se despertó con su mujer Sonie, en su casa cerca de Evergreen y le escuchó preguntarle una pregunta muy simple y adormecida: “¿Qué vamos a hacer hoy?”

A penas pudo creer las palabras que salieron de su boca: “¿Por qué arruinar una mañana perfecta de Pascua yendo a misa?”

Ese momento marcó la baja espiritual del asesor de bienes inmuebles de 43 años quien pasó la mayor parte de su vida adulta seriamente buscando a Dios.

Sonie empezó a llorar.

”Era Pascua,” recuerda ella,”y yo quería ir a misa. Para que Randy dijera eso, yo no entendía muy bien de dónde venía. Pero no me di cuenta de lo vacía que me sentía.”

La odisea espiritual de la familia les llevó por varias denominaciones, mega-iglesias y reuniones comunitarias pequeñas, incluso un año alejados de la iglesia en sí.

Les llevó a través de una religión entrelazada -fastidiosamente, pensaron- con cultura popular hasta que llegaron a una fe antigua profundamente en liturgia, ceremonia, y tradición: la Iglesia Católica Ortodoxa.

”Si un Cristiano del cuarto siglo entrara en nuestra iglesia,” dice Randy, “sabría exactamente dónde se encuentra.”

Después de experimentar el ciclo litúrgico Ortodoxo, los Sissons se convertirán a esa fe. Se ha planificado que sus dos niños, el nueveañero Max y el sieteañero Blake, serán bautizados el sábado. Randy y Sonie planean en recibir “Chrismation”, el sacramento por el cual se unen oficialmente a la iglesia, hoy mismo.

El próximo domingo celebrarán Pascha, la observación Cristiana Ortodoxa de la resurrección de Jesús, que llega este año una semana después que la mayoría de las denominaciones celebran la Pascua. Coincidentalmente, Pascha también marcó la primera experiencia en la iglesia Ortodoxa el año pasado, a raíz de su crisis de Pascua.

”Sentimos la felicidad, la vida latiendo en nosotros,” dijo Randy. “Ahora viene de nuevo, sólo que ésta vez, estaremos completamente en comunión. Si el año pasado fue felicidad, la experiencia de este año se multiplicará por diez.”

Los Sissons encontraron lo que habían buscado casi literalmente al otro lado de la puerta de su casa montañera semi-aislada. Randy habló con un vecino suyo que le preguntó si quería aprender algo de la Iglesia Ortodoxa.

Le prestó unos cuantos libros (a Randy) e indagó.

En un seminario ofrecido por una locutora Cristiana Ortodoxa bien conocida, Frederica Mathewes-Green, los Sissons aprendieron de la existencia de la Iglesia Cristiana Ortodoxa de San Luke en Lafayette.

Ahora viajan más de dos horas (ida y vuelta) para rendir culto donde una congregación de unas 265 personas les han hecho sentir como si llegaron al final del viaje.

Están considerando el mudarse para estar más cerca de la iglesia, donde han encontrado tanto un sentido de comunidad como una casa espiritual.

Aún así, Randy mira hacia atrás sin remordimientos a las iglesias que no conectaron con su familia.

”No puedo sustraer nada de la belleza del viaje,” dice.

Durante años, ella sintió el tirón gentil de la fe.

Pero para Shea Lewan, el tirón gravitacional de su lado salvaje, sus tendencias impulsivas, le jaló bruscamente durante tanto tiempo y fuertemente en dirección opuesta que el pensar en aceptar el Cristianismo -y el aceptarle a ella- sólo provocó un reflejo sarcástico.

”Sí, seguro.”

¿Quién aceptaría una madre soltera con tres hijos y de dos padres fuera del enlace matrimonial? ¿Alguien que se escapaba constantemente de casa, con un DUI ya a los 15 años, y cumplido una condena en un centro de detención juvenil?

Pasarían años hasta encontrar su respuesta en la Iglesia Católica, donde hoy ella y su nueveañero Kody, sieteañera Miya, y su peque de dos años Allycia serán bautizados en la fe. Ella también será confirmada y recibirá su primera Comunión.

”Las obras (de Dios),” dice Lewan, ahora de 28 años, y una enfermera criando a sus hijos en Broomfield.

Pero hasta hace un par de años, su cometido a un trayecto espiritual fue, como mucho, esporádico.

En su juventud rebelde, mientras llevaba a sus padres directamente a lo que ella llama “un santo infierno,” Lewan recuerda ir a una iglesia Católica con el novio de su madre y deleitarse en el misterio.

”Nunca entendí por qué todo el mundo se arrodillaba, se sentaba, y se quedaban de pie,” dice.

Pero cuando salió de Misa, se sintió inexplicadamente feliz, más ligera que el aire, imparable.

”Siempre lo quise, en mi corazón y en mi cabeza,” dice. “Pero creo que el momento no era adecuado.”

Un par de años más tarde, Lewan preguntó si podía ir al Corazón Inmaculado de María en Northglenn con su mejor amiga. Matriculó a sus hijos en educación religiosa y, cuando le dijeron que ella también podía atender las clases, ella aceptó.

Conoció a David Pipp, director de Evangelización de la iglesia.

”Nunca entendí la Misa entera,” admite, “pero siempre era tan bonita. Ahora he aprendido tanto.”

Pese a todo, ella siempre temió el rechazo -de sus padres y de la iglesia. Mientras sus padres no van a misa regularmente, han apoyado su decisión. Y Pipp, quien enseña el Rito de la Iniciación Cristiana a adultos, le recordó que “Dios perdona.”

Ella sigue trabajando en su rosario -las palabras a veces la eluden. Pero finalmente, la fe y el resto de su vida se han alineado de una forma que la excita.

”Me siento como si hubiera encontrado el camino correcto, pero el viaje sólo es el comienzo,” dice. “Es como si aquí está el final de la carretera -pero ahora empieza la autopista.”

Parte de ello fue la muerte de su abuela, quien le ayudó en su crianza, y quien siempre la defendía, incluso cantó un evangelio con ella. Sylki Hargrave dejó de sentir, se metió más en el abuso de drogas, y se alejó de todo el mundo -Dios incluido- cuando su abuela murió.

La otra parte fue la cinta adhesiva amarilla del escenario del crimen que la saludaba demasiadas veces cuando volvió a su casa de Montgomery, Alabama. Todo el mundo de su barrio parecía estar corruptos -incluyendo Hargrave quien, a los 43 años, sintió la violencia avanzarse demasiado cerca.

”A cada esquina que fuí, era como estar en el infierno,” dice Hargrave, quien abandonó a su familia de párrocos y evangelistas. “Tenía que salir. Tenía que irme.”

Ella eligió Denver -un lugar donde la belleza de una tarjeta postal se grabó en su memoria- un lugar que nunca visitó, un lugar donde no conocía a nadie y nadie le conocía a ella.

Perfecto.

El 11 de marzo, se subió a un autobús que la llevó al norte, a través de San Louis, y luego al oeste. Después de dos días, se bajó en el centro de Denver y encontró una habitación en el refugio de la Casa Samaritana.

Un hombre sin hogar le sugirió que fuera con él a la Iglesia Bautista Amistosa del Cristo Jesús, una congregación de unas 800 personas.

El pastor Paul Burleson corrió al frente de la iglesia y retumbó: “¡Es hora de correr hacia Jesús! ¡Ya saben quiénes son! Preparados, listos, ¡ya!”

Las palabras le taladraron. Salió disparada de su asiento y respondió a la llamada, como si el pastor se hubiese asomado a su alma.

”Tomé mi decisión,” dice ella ahora. “Necesitaba amor, sentir algo de paz. Y cuando entré en esa iglesia, sentí amor. Les conté todo sobre mí, y me envolvieron en amor.”

Ella llamó a su madre, Alice Elliott, pastora en el Templo de Dios, la iglesia del Milagro de la Salvación en Montgomery. Hargrave le dijo que ha sido salvada y que finalmente está limpia de drogas.

Las palabras ya venían de hace tiempo.

Tras los años, los esfuerzos fútiles de Hargrave en encontrarse a sí misma pesaron también sobre Elliott. Los amigos de la familia se preguntaban por qué, en una familia santificada, una pastora no podía ayudar a su propia hija encontrar al Señor.

”Algunas veces puedes estar demasiado cerca,” dice Elliott por teléfono desde Alabama. “Recé para que encontrara a personas que realmente le ayudaran y la dieran valía, que el Señor la deliberara y la liberara.”

Hargrave consiguió trabajo y se enroló en un programa de alquilar -para-adueñarse para así poder ahorrar dinero hacia su propia casa.

Pero más que nada, dice Hargrave, ella necesita acercarse más a Dios y quedarse allí. Se siente bendecida por tanta gente y de tantas formas -que la cambiaron de ser una mujer enfadada y alejada del pasado- que no puede dejar de derramar lágrimas.

”Esto es así porque me rendí ante Dios,” dice. “Luché contra ello durante más de 20 años. Tuve que venir a 2,000 millas para encontrar la felicidad. Y estaba allí todo el tiempo.”

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