
Para la ocasión, Angélica Cruz de 8 años, se puso una blusa rosada adornada con volantes y una falda negra y sandalias negras de cuero.
Se arrimó junto a su madre, Alicia Quintal Cruz, sosteniendo las manos mientras que tocaba la canción, “Stars and Stripes Forever”.
Antes ellos, 56 hombres y mujeres de 26 países agarraron banderas americanas diminutas y copias del Juramento de Fidelidad. El padre de Angélica estaba sentado en la segunda fila.
Aquí, el viernes, entre el edificio de los Servicios de Inmigración y Ciudadanía Estadounidense (U.S. Citizenship and Immigration Servicies) en Aurora, en un cuarto de paredes azules y asientos plegables, Ángel Cruz, de 31 años, se convirtió en un ciudadano estadounidense.
El presidente George W. Bush los felicitó vía un vídeo: “El viaje hacia la ciudadanía ha sido largo. Estoy orgulloso de que ahora son ciudadanos de nuestro país y estoy honrado de ser su presidente”.
Y qué largo fue; para Cruz han sido más de 16 años para que llegar a este día.
Ha llegado muy lejos desde que fue un adolescente indocumentado trabajando en un restaurante chino en el sur de California.
Su historia es similar a la ondeada de inmigrantes indocumentados quienes han migrado a este país durante la última década.
Un cuarto de latinos de primera generación son bilingües. Una encuesta del 2004 conducida por el Centro Hispánico Pew reveló que hasta la segunda generación, 93 por ciento de ellos, dominarán el inglés o serán bilingües. (Cruz, su esposa, y su hija ya son bilingües).
La enorme mayoría, cerca de tres-cuartos de indocumentados, pagan impuestos, según Stephen Goss, actuario principal de la Administración Estadounidense de la Seguridad Social (U.S. Social Security Administration).
Utilizando tarjetas de Seguro Social falsas, los trabajadores indocumentados pagan cerca de $1.5 billones anuales en impuestos de Medicaid y se calcula unos $7 billones en los fondos de la Seguridad Social – un regalo para todos nosotros ya que no necesitarán accederlos hasta su jubilación.
Y muchos son propietarios, así que también pagan los impuestos de propiedad.
(Los Cruces compraron una casa de cinco habitaciones en Littleton hace cinco años por $210,000. Aunque tienen una hipoteca de 30 años, están pagando el doble y esperan pagarla totalmente en una década).
Mientras que Cruz llegó a los 15 años en 1990 sin autorización, logró agarrar una tarjeta de residencia después de que su padre se convirtió en ciudadano en 1996. Su esposa, quien conoció y se casó en su nativo Cenotillo de la Península Yucatán, permaneció en México durante cinco años antes de ganar una Visa V en el 2001 – para los cónyuges de residentes y ciudadanos – a través de un programa de lotería.
La familia navegó a través del laberinto conocido como el sistema de inmigración, pero aun los primeros años de Ángel Cruz en este país fueron pasados como un inmigrante ilegal.
Las multitudes anti-inmigrantes les gusta decir que la gente que entra en este país ilegalmente son criminales, que sólo desean explotar a los americanos y aprovecharse de los beneficios públicos.
No crean sus mentiras.
Los Cruces son los típicos inmigrantes. Trabajan duro y se enfocan en la familia. Ángel Cruz tiene dos empleos: se levanta muy temprano para trabajar la jornada completa en Reconstruction Experts, haciendo de todo como las instalaciones de revestimiento y vertiendo concreto. En las noches, trabaja de tiempo parcial en la pizzería Basil Doc’s.
Alicia estudia inglés en las mañanas en la biblioteca pública Bemis en Littleton, donde se ha hecho amiga de mujeres de China, India, y Marruecos. Antes trabajaba en un McDonald’s cercano en las tardes, pero lo dejó porque Ángel quería que (ella) ayudara Angélica con sus tareas escolares en las tardes.
Los padres de los Cruces, que también son ciudadanos, viven con ellos -no como la mayoría de Americanos quienes desean más espacio alejados de sus padres. Y cuando envejezcan, probablemente no serán enviados a asilos, los cuáles cobraron cerca de $120 billones en gastos de Medicaid a los contribuyentes el año pasado.
Eso no forma parte de las éticas de estos inmigrantes.
La columna de Cindy Rodríguez es publicada cada martes en la sección Scene y los domingos en Style. Se pueden comunicar con ella al número 303-820-1211 ó al crodriguez@denverpost.com.



