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La calidez de una nueva primavera avisa a Bob Zaragoza de retomar su patrulla en busca de pintadas a lo largo de las calles y callejuelas del vecindario de Athmar Park al suroeste de Denver.

Durante estos pasados seis años, Zaragoza, de 65 años, se ha levantado a las 05:00 de la mañana para recorrer la manzana alrededor de su casa y examinar minuciosamente las paredes de la Escuela Secundaria Rishell tras el vestigio del ataque de rotuladores. Si encuentra la pintura antes de que se seque completamente, puede limpiarlo en cuestión de minutos.

Una vez, un grupo de adolescentes le hicieron frente a Zaragoza cuando le vieron remover su firma de un cubo de basura masivamente abombada.

”Me dijeron que no era de mi incumbencia,” dice Zaragoza, un especie de activista de barrio que ha convertido la eliminación de pintadas en su misión personal.

”Mientras yo viva en el barrio, haré todo lo que pueda para luchar contra ello.”

Este verano Zaragoza podrá verse involucrado en la lucha de su vida. Las pintadas (graffiti) están haciéndose notar considerablemente en Denver, diariamente cambiando la rutina urbana, encendiendo debates sobre su significado y desafiando a las comunidades a responder.

Creciendo dolorosamente

La verdad es que las pintadas en Denver han estado creciendo durante los dos pasados años. Pero parece como si hubieran aumentado repentinamente. Durante los tres primeros meses del presente año, varios equipos han repintado 790,000 pies cuadrados de paredes, puentes, y edificios tapados con pintadas – cerca de un 50 por ciento más que el año anterior durante las mismas fechas.

Llamadas hechas por residentes preocupados y enojados están siempre en alza mientras los equipos de reducción responden frenéticamente. El departamento de obras públicas solía enorgullecerse de poder remover pintadas en unas 48 horas de recibir una queja. Ahora les tarda entre tres y siete días.

El Departamento de Transporte del estado, la ciudad de Denver, Xcel Energy, las Escuelas Públicas de Denver, y otras entidades públicas como privadas, gastaron más de $1.8 millones el año pasado para erradicar el problema, según Gary Price, el director de la administración de desechos sólidos.

Y los rotuladores están dispersándose.

Hace tres años, el personal de obras públicas sabía exactamente, de sus mapas diligentemente trazados, de dónde procederían la mayoría de sus llamadas: áreas concentradas en el suroeste, noroeste, noreste, y centrales de Denver, incluyendo el centro y el corredor de Colfax. Hoy por hoy, sus mapas son un mar de puntos ahogando cada vecindario de la ciudad.

Algunos dicen que es una señal – a pesar de ser una señal negativa – que Denver ha crecido para convertirse en un lugar urbano.

”Creo que somos una gran área cosmopolita ahora que estamos sufriendo los mismos problemas que cualquier ciudad grande,” dijo Price.

Sin embargo, la profundidad de esos problemas siguen siendo una incógnita. Los líderes del Consejo de la Ciudad, Michael Hancock, Rosemary Rodríguez, y Judy Montero dicen que las pintadas en sus barrios están relacionadas a pandillas. Las tensiones están creciendo entre pandillas étnicas rivales que están volviéndose cada vez más virulentas en el marcaje de su territorio.

Pero los líderes de las juventudes dicen que una gran porción de las firmas de las pintadas provienen sólo de adolescentes díscolos incurriendo en una forma antigua de protesta, utilizando las calles y propiedades privadas como lienzos para expresar sus voces desoídas.

Y están ofreciendo al menos una solución. La Coalición Hip Hop de Colorado está trabajando con artistas clandestinos de graffiti y pintores de murales bien conocidos, pidiendo a la ciudad de designar el sito popular para firmar pintadas y pintar murales en la abandonada instalación del tratamiento de agua de la ciudad en la Avenida 52 Este y la calle Emerson como un parque legal de pintadas.

”La cultura de los jóvenes y la cultura dominante continúan dándose cabezazos,” dijo Jeff Campbell, director ejecutivo de la coalición.

Aún así, todo el mundo está de acuerdo que algo se debe de hacer. La proliferación de las pintadas ha cambiado cómo algunas personas viven el día-a-día al oeste de Denver.

”Las personas comienzan su día recorriendo las afueras de sus casas y negocios para ver si han sido pintadas y firmadas de nuevo,” dice Rodríguez. “Mi propia casa fue pintada y firmada cuatro veces durante el año pasado. Recojo la basura y busco pintadas. Ahora es una forma de vivir para nosotros.”

Tomándoselo personalmente

Durante los pasados 25 años, la compañía de Tony Ibarra, Digatron, ha desarrollado tecnologías de cámaras de vigilancia utilizadas primordialmente por el gobierno para sus esfuerzos de seguridad, incluyendo las patrullas de las fronteras y la seguridad de la nación.

Estos días, está recibiendo más clientes en persona mientras los residentes y los dueños de negocios a lo largo del boulevard de la Federal intentan proteger sus propiedades.

Las cámaras de Ibarra ofrecen un servicio de vigilancia anti-pintadas durante las 24 horas que enciende una alarma cuando alguien da un paso en su propiedad. Los vigilantes de seguridad en una estación de monitoreo utilizan un servicio de charla para decirles a los firmantes que la policía está siendo notificada de su presencia. Algunos sistemas vienen con una luz azul intermitente y una sirena.

El comprar el sistema de cámara fue la última oportunidad que Mike Moore tuvo para parar las firmas de las pintadas en su oficina en Littleton Capital en la manzana de los 600 del boulevard de la Federal Sur. Moore dijo que su edificio de estuco fue marcado muchas veces durante la pasada década.

”Cuando la gente vino para conseguir un préstamo hipotecario, echaban un vistazo a mi edificio y pensaron que era un vecindario muy malo; y decidieron irse a otro lado con su negocio.”

Su oficina no ha sido pintada ni firmada durante el pasado mes – desde que una cámara fue instalada en el edificio, así como en una vecina oficina dental que comparte los costos mensuales del monitoreo. La semana pasada, la oficina de préstamos hipotecarios tuvo sus primeros clientes en persona desde hace casi cuatro años.

”Aún no me lo puedo creer,” dijo Moore. “Aún voy al trabajo diariamente esperando ver pintadas.”

¿Una señal de tiempos difíciles?

El concejal Hancock insiste saber cómo es el arte del graffiti de aerosol. Pero no es arte lo que ve en el Distrito 11, el cual abarca North Park Hill y se extiende hasta el Aeropuerto Internacional de Denver.

”Esto es un acto criminal,” dice Hancock.

Como muchos de los residentes en los barrios de Montbello, Stapleton, Gateway Park, Parkfield, y Green Valley Ranch, él ve las pintadas como una confirmación de algo peor: bandas (ó pandillas). Esa preocupación fue expresada frecuentemente durante una reunión comunitaria reciente en la estación de policía en el Distrito 5 en Montbello.

”Esto es un indicativo de un problema mayor que vamos a tener con bandas en este área,” dijo Burnie Baker, un residente de Montbello y miembro de la Coalición del Corredor Norte. “Las pintadas parecen ser el primer paso.”

Si eso es cierto, hay mucha evidencia que el problema está en plena elaboración. Una valla a través de la calle del Parque Falcon en el centro de Montbello está plagada de un idioma escondido de bandas conocidas competiendo por un territorio que nadie posee.

Tiras de letras y números están unidos con símbolos geométricos, garabateados en trazos gruesos y decisivos hechos con rotuladores ó pintura de spray. Algunas de las letras parecen haber sido sacadas del alfabeto griego como aquellas utilizadas en las fraternidades o hermandades de mujeres en las universidades. Es misterioso, pero hay palabras que sobresalen: “bloque”, “lado sur”, “Playoo,” y “52 Crip.”

Esto es una guerra de guerrillas donde las latas de aerosol son las armas elegidas. Una banda deja su firma en forma de un símbolo en tonos rojos o azules. Otra banda viene y lo cubre con una gran “X” negra como refutación.

Los residentes intentan mantenerse al día. Pero sus esfuerzos sólo incrementan el jaleo padre. Nuevos tablones de madera y la decoloración causada por solución líquida dejan su propia marca desagradable y fea sobre las vallas – y el psique de los residentes.

”Estamos tan acostumbrados a verlo que nos incomoda si vemos una pared blanca que no ha sido cubierta,” dice Frank Duran, 14 años.

Duran y varios de sus colegas se sentaron en mesas que fueron bombardeadas por pintadas y firmas la semana pasada mientras decodificaban los mensajes en la valla al otro lado de la calle.

Esto pertenece a los BKs.

No, es de los East Side Oldies.

Espera, este barrio ya es el hogar de los Sureños.

”Es una competición,” dice Duran.

Hancock tiene una opinión muy diferente. “Tenemos ahora una comunidad muy insalubre donde la gente no se siente segura en sus propios barrios, donde la gente está cambiando el andar a y de la escuela para evitar cualquier amenaza e intimidación de algunos chavalos que se han desviado del buen camino.”

Un lugar para pintar

El artista de graffiti, Travis Burns de 29 años, sufrió las consecuencias de los esfuerzos recientes de ejecución forzosos de la ciudad, incluyendo operaciones policiales encubiertas, tiempo en la cárcel, y multas altas.

Burns fue arrestado bajo sospecha de travesura delictiva hace un par de semanas tras haber firmado una pintada en una de las paredes sin pintadas que permanecen en la instalación del tratamiento de agua. Las paredes suelen ser una zona franca para los artistas de graffiti, pero esta vez, alguien llamó a la policía. Ahora Burns tiene que comparecer ante la corte el 1 de mayo y se enfrenta a $15,000 en multas.

”No estaba dañando a nadie,” dice Burns. “La chota me estaban tratando como si fuera un criminal cuando lo único que intentaba hacer es crear arte para que lo viera la gente.”

Burns es un miembro de un grupo clandestino de artistas de graffiti que creen que una solución para refrenar firmantes de sus pintadas es tener a la ciudad designar esas mismas paredes como un parque legal de graffiti.

Los proponentes dicen que el parque quitaría a los pintadores y firmantes de las pintadas de las calles de la misma forma que los parques de patinaje han redirigido a muchos patinadores del 16th Street Mall. Programas educacionales de arte pueden ser creados y financiados donde los artistas gráficos se unen a los firmantes de las pintadas, enseñándoles a cómo canalizar creativamente su angustia y rebelión. Grupos de firmantes de pintadas podrían competir en concursos mensuales de murales.

”Muchas otras ciudades tienen esto, incluyendo Chicago, Nueva York, y Los Ángeles,” dijo Burns. “¿Por qué no lo tiene mi ciudad?”

La propuesta sigue estando en su estado embriónico, dice Campbell de la Coalición Hip Hop. El ha estado acopiando datos y números presupuestarios pero no se ha dirigido formalmente aún a la ciudad.

”Siempre que tengas una presencia fuerte de oposición a las voces de la resistencia, vas a tener una reacción aún más fuerte a ella,” advierte Campbell. “Hasta que no venga de los propios artistas de graffiti que se necesita cambiar las cosas, nada cambiará. Mira alrededor de la ciudad. Los gatos del graffiti lo están quemando todo.”

Mientras Hancock condujo la semana pasada a lo largo de las calles estropeados por pintadas en su distrito, dudó que la idea de un parque legal de graffiti tendría el visto bueno por ahora.

”Han escogido el peor momento para introducir la idea,” dice Hancock. “Este es un acto tan destructivo y tan caro que yo ya he perdido mi paciencia. No intento machacar la idea, porque realmente creo que se merece ser revisada. Lo sopesaré, pero también me interesa las mejores prácticas para combatir esto que ha sido puesto a través de todo el país.”

La escritora de plantilla, Sheba R. Wheeler, puede ser contactada en el 303-820-1283 ó swheeler@denverpost.com.

Más en línea: El profesor del Metro State, Carlos Fresquez, habla sobre pintadas en una presentación de diapositivas auditivas. http://extras.denverpost.com/multimedia/spencer0424

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