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Cada hombre tenía una postura sobre sus principios y su experiencia personal. Julio Samaniego pensó que los mítines y boicots de negocio del lunes eran sobre los derechos humanos. Su jefe, Pat Phares, lo vio como una extorsión económica.

Cuando el día nacional de las demostraciones de inmigrantes llegó, dos americanos orgullosos ya había pagado un precio alto por su derecho de no estar de acuerdo. Samaniego había dejado su trabajo que pagaba $20 la hora. Phares perdió uno de sus mejores empleados.

El debate nacional sobre la inmigración se presentó en un escenario más pequeño en el Patriot Concrete Pumping en Englewood. Hace dos semanas, Samaniego había pedido el día de descanso para participar en la caminata como apoyo a los derechos de los inmigrantes. Phares, el dueño de Patriot Concrete, rehusó.

Ambos dijeron que Samaniego dio suficiente aviso. Ambos dijeron que Samaniego tenía días de vacaciones y enfermedad con pago disponibles. Ambos dijeron que Samaniego hubiera recibido permiso de tomar otro día libre a parte del lunes.

La intención de las demostraciones del lunes fue razón por el cual ambos se separaron literalmente. “Típicamente, trabajamos con los horarios de la gente,” dijo Phares, quien debe aprobar todos los días de descanso. “En este caso, no estaba a favor de lo que hacían los manifestantes.”

Fue como si los organizadores del mitin estaban tratando de forzar a Phares cerrar su negocio de 6 años por un día porque emplea a latinos y les sirve como clientes.

”Me amenazaron económicamente,” dijo el negociante.

”Trabajaré contigo en lo que sea, pero no me amenaces. Parte de lo que hacen los terroristas es intentar dañarte económicamente. Pensé que la demostración fue un acto de terrorismo. Estoy a favor de las reformas de inmigración. Asisto a los eventos de juramento cuando uno de mis empleados se convierten en ciudadanos. Es un desorden largo, grande, y burocrático. No debe de ser fácil, pero debe ser acortado.”

A pesar de sus sentimientos hacia la reforma de inmigración, Phares no iba permitir que le empujaran a su antojo.

Tampoco Samaniego.

”Yo soy evidencia que los mejicanos vienen aquí para trabajar y e incluso arriesgar sus vidas po este país,” dijo, parado entre los estimados 75,000 apoyantes de los derechos de inmigrantes que se manifestaron en Denver el lunes.

Detrás de él, su esposa, Diana, sostuvo una pancarta con fotos de su marido en uniforme delante de un tanque, junto a la inscripción: “Veterano del ejército americano, soy un inmigrante.”

Al principio, era un inmigrante ilegal.

”Primero trabajé en San Diego, lavando platos por $5.50 la hora ya que nadie más quiso hacerlo,” dijo Samaniego.

Su padre, que también permaneció en el país sin papeles, recibió amnistía bajo la última reforma de inmigración americana en los años 80. Más tarde, Samaniego ganó su estatus legal. En el plazo de un mes, se inscribió en el ejército.

”Quería servir este país por la libertad,” dijo.

Sirvió ocho años, incluyendo giras en Corea del Sur y Bosnia.

Y en cuando Phares habló de terroristas e inmigrantes en la misma conversación, Samaniego capituló.

”La gente viene a este país sin documentos porque son pobres,” dijo. “Cuando vivía en Méjico, mis amigos vivieron en casas hechas de tableros y cartones.”

A sus 33 años, Samaniego ha llegado muy lejos de ese lugar. Pero se niega olvidarlo, incluso si gana más de $40,000 cada año.

”Siento que se haya ido,” dijo Phares acerca de su ex-empleado. “Julio era uno de nuestro mejores hombres. Pero para nosotros, fue una caso de principios.”

”Dejamos que él decidiera.”

Si quería proteger su cheque de pago, Samaniego tenía que presentarse al trabajo el lunes, no en la caminata.

¿Manifestarse o trabajar?

No lo contenderé.

Samaniego espera comenzar un nuevo empleo muy pronto con otro contratista de hormigón.

”La gente dice que nosotros, los inmigrantes, no ayudamos a este país,” dijo
Samaniego, mientras sus hijos, Julio Jr. De 7 años, y Sebastián de 2, rondaron cercanamente. “Sí lo hacemos.”

Samaniego dijo que Phares intentó “prohibirme el ejercer mi derecho de la Primera Enmienda.”

Para un verdadero americano, ningún trabajo vale la pena.

La columna de Jim Spencer es publicada cada lunes, miércoles y viernes. Se pueden comunicar con él al número 303-820-1711 ó al jspencer@denverpost.com.

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