
Irene Hernández-Gutiérrez de 52 años que falleció de cáncer en una clínica mexicana el domingo pasado, fue intensamente devota a sus estudiantes y llena de ideas que se volvieron realidad a fuerza de pura voluntad.
Hernández-Gutiérrez empezó a trabajar en las Escuelas Públicas de Denver hace 28 años. Ella empezó como maestra y enseñó a niños en las escuelas primarias de Teller y Centennial, antes de cambiarse a Bryant-Webster y la escuela secundaria de Rishel.
Ella escogió trabajar en escuelas donde los estudiantes usualmente venían de hogares pobres y desventajados. Hernández-Gutiérrez seguía de cerca el progreso en los deberes, así como chequeaba sus vidas en el hogar.
“Una vez que ella te adoptaba, no tenías alternativa sino hacer lo que ella quería,” dijo su amiga de años Irene Martínez-Jones, quien fuera la directora de Rishel cuando Hernandez-Gutierrez estuvo allí. “Eso fue para nosotros. Ella siempre tuvo grandes ideas, con mucho trabajo conectado a ellas. Una vez que ella decidía que algo tenía que hacerse, nadie dudaba en brindarle ayudarle.
Su idea para exponer a los lectores lentos a las novelas clásicas, hizo que cada uno de los maestros, incluyendo la directora, graben un libro en un cassette que ella les proveía.
Esto se hizo sin decir que se esperaba que la grabación fuera hecha en casa. Para Hernández-Gutiérrez una vocación es una vocación. Muy rara vez se le ocurría distinguir entre el tiempo de trabajo y el del hogar.
“Un domingo,” recordó Jones, “ella llamó a las 7 a.m. y dijo, Tengo una idea!’ Yo le dije, Yo todavía estoy en cama!’ Le respondí Irene, ¿podrías ir a la iglesia primero y llamarme después?’” No recuerdo acerca de que fue la llamada. Algo acerca de los chicos. Todas sus ideas estaban centradas en los chicos. “
Su colorido vestuario reflejaba su espíritu alegre, especialmente un conjunto amarillo y negro que Jones llamaba “el terno bumblebee (abeja) de Irene.” Ella coordinaba su vestuario hasta el último detalle, tal era que el rosado de sus zapatos debía combinar perfectamente con el rosado de su ropa favorita.
Hace nueve años, Hernández-Gutiérrez se convirtió en consejera de la elite de la Escuela de Artes de Denver, un gran cambio comparado con sus otras escuelas. Amigos cercanos a ella entendieron que ella escogió este trabajo porque deseba traer más diversidad a un cuerpo estudiantil muy protegido y predominantemente anglosajón.
Sus esfuerzos incluyeron el establecer una banda de mariachis. Hace cuatro años, ella fue a una de las clases y escogió a los mejores violinistas, guitarristas y trompetistas y los moldeó hasta formar un grupo musical de mariachis, el mismo que ahora tocará en su funeral, el sábado a las 10 a.m. en la Casa Funeraria Romero localizada en el 4750 Calle Tejón; seguida de una recepción en la Escuela de Artes de Denver en 7111 Montview Boulevard.
Le sobreviven su esposo Richard Gutiérrez de Lakewood; padres Richard Hernández de Pueblo y Ercilia Hernández de Wheat Ridge; hija Natasha Aragón de Denver; y hermanas Liz Lunoe de Arvada, Roseanne Menjarz Bruce de Broomfield y Debbie Hagler de Joliet, Illinois.
La escritora Claire Martin puede ser contactada al 303-820-1477 ó a cmartin@denverpost.com.



