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Strasburg – En este pueblo pequeño y polvoriento de la llanura, la arteria principal es tan anónima como una brizna de hierba. Los hombres cargan semillas en la parte trasera de sus rugientes camionetas de diesel mientras sus mujeres cargan sus hijos en los asientos traseros. La bolera Lucky Strikes Lanes está replete cada fin de semana durante la temporada de liga.

Ciertamente, dicen los residentes del pueblo, que a penas hay nada digno de notar en la carretera de aquí, un poco extraño considerando que la carretera es la Avenida Colfax Este.

La vida del pueblo en esta porción de Colfax es enormemente diferente que el bullicio al oeste en Aurora, Denver, y Lakewood. No hay prostitutas ni contraventas de drogas, simplemente edificios de una o dos plantas, nada de semáforos, y algunos niños comiendo helado.

“Somos Colfax, pero no somos esa Colfax,” dijo Tom Boyle, 54 años, quien trabaja en la tienda cooperativa de pienso y grano a lo largo de la avenida y es un oficial jubilado de la policía de Aurora.

Pero mientras cientos de nuevos residentes empiezan a mudarse a este barrio dormitorio no incorporado a la salida de la Interestatal 70 empezando hace cinco años, la gente de aquí está encarando un dilema. Mientras más gente vivía en el área a 30 millas fuera de Denver, los negocios estaban prácticamente estancados.

Y también lo estaba Colfax Este.

Ahora, la ringlera de ocho bloques del centro de la Colfax en Strasburg está pasando por un reavivamiento. Mientras la escala de esfuerzos es menor si se compara con las grandes ciudades, el trabajo, sin embargo, es igualmente importante para la gente que vive aquí, dice Charlotte Winklepeck, co-dueña de la bolera junto a su esposo.

“Colfax es nuestra calle principal,” dice. “Es nuestra vida.”

Un plan y un propósito

El esfuerzo de reavivamiento empezó con unas reuniones de base popular. Luego vino la pintura, la plantación, música canalizada, y dos festivales.

La mayoría de los materiales para el trabajo fueron comprados localmente el cual, según la gente del pueblo, es un testimonio de su plan: si Colfax debe ser reavivada, la comunidad debe de hacerlo conjuntamente.

El esfuerzo empezó con unas cuantas reuniones, luego con pintura nueva costando unos cuantos cientos de dólares sobre edificios de más de 50 años. Luego una chabola en el límite oriental de Colfax fue derrumbada y convertida en un lavacoches. Árboles fueron plantados a lo largo de partes de la calle. La tienda de regalos obtuvo un nuevo estuco color marrón-moca, y las mujeres locales se ofrecieron a pintar flores y arbustos en la fachada.

Y hay festivales, uno en el verano y otro en invierno. Un sistema de sonido fue conectado a los postes eléctricos de madera, y música está intermitentemente canalizada a la avenida. El banco Valley Bank & Trust abrió sus puertas en un sito que antiguamente fue una gasolinera, y los empleados del banco hornean galletas cada viernes para los dueños de las empresas en la Colfax. Un bar al final de la calle fue convertido en una oficina de dentista, y un centro comercial adosado con un restaurante mexicano y una tienda de flores abrió al otro lado.

”Sólo necesitaba una pequeña fregadura y algo de lustre,” dice Allen Holcomb, dueño de la ferretería del pueblo en la Colfax durante más de 30 años.

El trabajo duro aparenta estar funcionando para Strasburg, el cual está dividido por el linde del condado Arapahoe-Adams. Mientras el recuento de la población en el 2004 pone el pueblo a 1.500 residentes, los líderes comunitarios dice que esa cifra se ha doblado en los dos últimos años, y las ventas al por menor han sobrepasado ese crecimiento.

Las ventas desde el 2003 hasta el 2005 en el condado de Arapahoe se han disparado. En ese margen de tiempo, las ventas al por menor casi se han cuadruplicado, de $57.300 a $190.700, según los reportes del estado.

La idea que Colfax podría remodelarse con un esfuerzo modesto de la base popular es un contraste extremo con el trabajo en la Avenida Colfax de otras ciudades, donde distritos de reurbanización especial y cambios de zonificaciones, sin mencionar los millones de dólares en inversiones, deben ser llevados a cabo para reavivar la calle.

”Es un momento emocionante para estar aquí,” dice Winklepeck, 55 años, “y todos estamos orgullosos de tener direcciones que leen East Colfax.’”

‘Colfax no ha muerto’

Los residentes de Strasburg están orgullosos de reclamar el nombre de la Avenida Colfax. Planean lanzar una sede virtual para promover su calle principal.

Mientras se suele considerar el recorrido de la Avenida Colfax yendo del este al oeste a lo largo de la U.S. 40 a través del área metropolitana de Denver, la carretera se extiende mucho más lejos. Mientras la U.S. 40 se dobla al este de Aurora y sigue la I-70, U.S. 36 recoge el nombre de Colfax como prácticamente una ruta inconsútil a Watkins, Bennett, y Strasburg. Más allá al este en Byers, algunos residentes continúan utilizando el nombre Colfax Este en sus direcciones, aunque el nombre es raramente, por no decir nunca, utilizado fuera del pueblo.

Del cuándo las comunidades usaron el nombre de Colfax es una adivinanza. Originalmente nombrada en Denver por el ex-vicepresidente Schuyler Colfax justo después de la Guerra Civil, la avenida ha tenido el mote en Strasburg durante al menos 80 años.

”Años atrás, la gente quizás querría sentirse más cerca de Denver,” dice Cliff Smith, museólogo del Museo Comanche Crossing del pueblo, el cual celebra el último eslabón de la red ferroviaria nacional de costa-a-costa hace 136 años.

No hay ninguna ironía, dice, en una carretera que la revista Playboy nombró como “la calle más larga y perversa” en América atravesando un pueblo que tiene una pancarta “Unidos Estamos ¡Orale América!” afestonado en un edificio.

”Realmente dudo mucho que la gente de aquí piense mucho sobre” la historia de Colfax, dice Smith. “Es simplemente como las cosas han estado siempre.”

Dentro de la tienda del café de Becca Faulkner, un flujo constante de adolescentes y padres pidiendo mocas y lattes. Faulkner recita sin parar la lista interminable de las mejoras de Colfax, y el echo que el festival de las Navidades del pueblo “tiene renos vivos y coleando.”

La adición más reciente al plan de Colfax, dice, es el grupo llamado Los Negocios de Strasburg Creciendo Fuertemente (Strasburg Businesses Growing Stronger) que quiere atraer muchos más residentes al centro. Una red virtual será lanzada pregonando atracciones desde el balneario al salón de tatuajes.

”Colfax es un nombre que no ha muerto aquí,” dice Faulkner, también dueña de una tienda de libros usados y quien planea abrir un cibercafé. “Queremos que ésta sea la mejor parte (de la avenida).”

¿Demasiado éxito?

Los centenares de casas siendo construidas tienen a los residentes preocupados en cómo cambiará su pueblo con tantos recién llegados.

Pese a la buena voluntad y las esperanzas que han sido encumbradas, hay miedos que el pueblo ha reavivado su carretera principal demasiado bien.

Cientos de casas están siendo construidas en cada lado de Strasburg, atrayendo ex-residentes urbanos buscando el confort urbano en las amplias y expansivas praderas.

Una nueva tienda de comestibles está abriéndose en el pueblo cercano de Bennett, y ya se habla que una también se abrirá en el límite occidental de Strasburg. La gente está preocupada que el tendero más grande quizás arruine el mercado de la esquina del pueblo y posiblemente liderar a los comerciantes de cajas grandes.

“Lo que tenemos aquí es una buena cosa,” dice Holcomb. “(Pero) algún día vamos a tener que enfrentarnos a esas tiendas corporativas y los cambios que arrastrarán consigo.”

Fuera de la ferretería de Holcomb, parece como si los cambios ya se están produciendo. En un fin de semana reciente, un Nissan Frontier XE está parqueó al lado de un Ford F-350 Power Stroke Diesel; y un hip-hop adolescente bombeando contrabajo ahoga la música canalizada.

La gente de aquí está tomando los cambios a zancadas. Planean dar la bienvenida a los recién llegados lo mejor que pueden, a sabiendas que pueden extender su mano a la misma gente que indirectamente transformará su avenida.

“Aquí, esto es un mundo diferente,” dice Boyle, el trabajador de la tienda de pienso. “Pero todo el mundo quiere ser parte de ello.”

Se pueden comunicar con el escritor de plantilla, Robert Sánchez, al 303-820-1282 ó rsanchez@denverpost.com.

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