
Parecía ser perfecto. Después de todos los impostores y jugadores (manipuladores) con quien la niña de 16 años había salido, estar con este muchacho era como estar viviendo un cuento de hadas.
En una semana él le dijo que la amaba. Ella se escurriría fuera de clase varias veces al día para llamarle porque él quería escuchar su voz. Decía que no podía imaginar seguir viviendo sin ella.
“Al principio simplemente era genial. Todo el mundo arde por tener un/a novio/a que una vez que la/le tienes, piensa que es mejor no dejarla/le escaper,” dice la chica que acude a una escuela secundaria del área de Denver. Su nombre no está siendo revelado por su protección y privacidad.
Pero dos meses después, su “gran presa” inexplicablemente empezó a gritarla y a insultarla por un comentario hecho sin pensarlo. Ella podía oír grandes choques ruidosos al otro lado de la línea (telefónica) mientras tiraba cosas y golpeaba la pared con su cabeza y puño. Y así tan de repente, estaba suplicando su perdón.
Ella intentaba complacerle mientras su relación se volvía cada vez más peligrosa. Algunas veces ella quería romper con él pero él juró que se mataría si lo hacía.
En este mundo tan sumamente cargado de romances adolescentes, tal comportamiento tan preocupante aparentemente es más extensor de lo que los adultos se puedan imaginar:
Según una encuesta hecha en marzo sobre los adolescentes de trece a dieciocho años, cerca de una de tres niñas adolescentes han dicho tener miedo de ser heridas físicamente por su pareja. Casi una de cinco admiten haber sido pegadas, abofeteadas, o empujadas por su novio.
No obstante, en la misma encuesta realizada en línea conducida por la firma de mercadeo Investigación Sin Límites Sobre los Adolescentes (Teenage Research Unlimited), muchas personas jóvenes no sólo aceptan este tipo de comportamiento sino lo consideran normal y excitante:
Casi la mitad admiten hacer algo que estaba en conflicto con sus valores o creencias personales para complacer a su novio/a. Algunos dijeron que harían “casi cualquier cosa” para mantener esa relación.
Uno de cuatro adolescentes dijo que su novio/a intentó prevenirles de pasar el tiempo con sus amigos/as o familias. Pero más de un 25 por ciento dijo estar bien, incluso halagador, que alguien “actúe tan celosamente” o “esté a cargo.”
Tanto como el 60 por ciento de los adolescentes en sus relaciones admitieron que su pareja les hizo sentirse mal o avergonzados de sí mismo/a. Y un 7 por ciento dijeron que su novio/a le había amenazado con matarle/la o suicidarse si rompían.
El estudio fue comisionado por Liz Clairborne Inc. como parte de su campaña continua llamada el Amor No Es Abuso (Love Is Not Abuse) para parar la violencia doméstica.
Los hallazgos horrorizan, pero no sorprenden, a Cynthia Lackner, quien ha pasado los pasados cinco años estudiando e intentando educar a los estudiantes de secundaria y la preparatoria sobre lo que ella define abuso de citas por adolescentes.
Lo que la mayoría de la gente no se da cuenta, dice Lackner, quien tiene una maestría en sicología, es que el abuso aparece en muchas formas y cruza las fronteras económicas, culturales, y raciales. Puede ser físico, sexual, ó emocional.
De hecho, ella dice que el abuso emocional probablemente es el tipo de abuso más común entre los adolescentes que encuentran intoxicante el drama de las emociones torturadas y desenfrenadas.
Contrariamente a la creencia popular, dice Lackner, quien vive en Denver, las víctimas del abuso adolescente no son siempre los oprimidos o los inadaptados. Suelen permanecer a los círculos más populares y piensan que su estatus es definido por las personas que salen en una cita.
La noción del abuso de citas por adolescentes no estaba en el radar para la mayoría de la gente hasta el 2001, cuando un estudio revolucionario de la Salud Pública de la Universidad de Harvard reportó que una de cinco estudiantes de escuela secundaria en Massachusetts sufrieron abusos físicos o sexuales de sus novios.
Aún así, no todo el mundo se cree las estadísticas o comparten la alarma. “Todo depende de lo que tú llamas abuso,” dice William Strauss, autor de numerosos libros sobre la generación actual de adolescentes que él llama “mileniales.”
El es un escéptico de los números, los cuales suelen aglomerar transgresiones menores y mayores. Las estadísticas mostrando un descenso de embarazos en adolescentes y los arrestos son unos mejores indicativos del panorama real del adolescente.
Strauss cree que la gente joven de hoy realmente son más responsables que las generaciones previas y que desean cortesía en sus relaciones.
Lackner, por otra parte, argumenta que el abuso en las citas, tan parecido a los otros males sociales como el acoso sexual o la violación por la persona que se ha tenido una cita, tiende a ser no reportado y es muy difícil de demostrar.
Tras leer el estudio de Harvard, Lackner estaba tan molesta que produjo un documentario local y entrelazó escuelas de varias áreas hablando con los adolescentes – y sus padres – sobre cómo es el amor y cómo se siente. “Una señal de peligro debería de aparecer cuando una persona te hace sentir insuficiente de lo que eres como persona,” dice Lackner.
Hace casi cuatro años ella fue empleada por CHAI, un grupo judío de recursos para las víctimas de abuso doméstico, para establecer clases para adolescentes lideradas por adolescentes. Se cree que éste programa es el único de su clase a escala nacional.
Muchas veces después de clase, tanto los chicos como las chicas se presentan y admiten haber sido abusados/as o haber sido los/las abusadores/as. Una niña dijo haber abofeteado a su novio porque sus padres la abofeteaban y ella pensaba que era así que se expresaba la ira.
La niña de 16 años cuyo novio le amenazó con el suicidio habló en una de las clases de CHAI. “Podrías haber oído un alfiler caerse,” dice Lackner. “Todo el mundo estaba alucinado que esto venía de uno de ellos.”
La chica, 18 años ahora, eventualmente rompió con su novio. Ahora ella vigila muy de cerca las relaciones de su hermana pequeña.
De todas formas, algunas veces esa vigilancia no previene el abuso.
Una madre divorciada de los suburbios (quien también pidió que su nombre no fuese revelado para proteger a su hija) vio durante cuatro años, sin poder hacer nada, cómo su hija caía cada vez más bajo el hechizo de una relación destructiva.
Su hija, bella y popular, se hizo amiga de un chico encantador y gracioso que conoció en un grupo de la iglesia cuando tenía 12 años. A lo largo de su adolescencia, se quedó más perpleja por él.
La madre de la niña dijo estar preocupada por el florecimiento de esa relación pero al final pensó que los niños eran tan jóvenes que era inofensivo. Un amor pueril, pensó. También pensó que era importante que su hija eligiera a sus amigos por sí misma.
Mientras el chico se hacía más controlador en vez de estar enojado, la niña se sentía halagada. Cuando el chico empezó a llamarla “Tú Hombre” (“Yo Dog”) y “Tú” (“Yo” expletivo), la chica lo descartó como “la manera que los chicos se hablan.”
Algunas veces la clavó en el sofá, supuestamente como una broma. Una vez estuvo a punto de abofetearla pero se paró.
Finalmente, la madre se preocupó tanto que pidió ayuda a un terapeuta que la aconsejó de no intervenir a menos que hubiese peligro físico. El terapeuta dijo que la niña debía resolverlo por sí misma. Demasiada interferencia paterna podría empujar a la pareja más el uno al otro.
Cuando la hija empezaba a aprender la conducción, el chico empezó a acecharla. La niña finalmente le pidió ayuda a su madre. La madre le amenazó con una orden de protección judicial. Eso fue hace cuatro años. El intenta llamar ocasionalmente.
”Era tan hiriente estar allí y saber que algo está pasando y no poder ayudar,” dice la madre. “Tenía que tener fe en que ella encontraría la fuerza, y lo hizo.”
Pero ella desea haber intervenido más rápidamente. “Mi consejo a otros padres es empezar a hablar sobre lo que es tener una relación saludable a una edad temprana. También necesitas prestar atención a los amigos. Cuando sus hijos tengan 12 o 13 años y no les guste sus amigos, sepáralos. No tienes que dar muchas explicaciones. Ustedes son los padres.”
Se puede comunicar con la escritora de plantilla, Jenny Deam, al 303-820-1261 ó jdeam@denverpost.com.
Indicaciones de peligro
Primeras señales de advertencia que una cita puede convertirse abusivo:
Celos extremados
Comportamiento controlador
Interacción acelerada
Cambios de humor impredecibles
Uso de alcohol y drogas
Ira explosivo
Te aísla de tus amigos y familia
Utiliza fuerza durante una disputa
Muestra hipersensibilidad
Cree en roles sexuales rígidos
Culpa a los demás por sus problemas o sentimientos
Cruel a los animales o niños
Abuso verbal
Abusó a sus antiguas parejas
Amenaza con violencia
Pistas comunes que indican que un adolescente puede estar experimentando violencia en sus citas:
Señales físicas de agravios
Faltas de asistencia escolar, abandono de los estudios
Calificaciones decepcionantes (de no pase)
Իó
Cambios de humor o de personalidad
Uso de drogas o alcohol
Embarazo
Explosión emocional
Aislamiento



