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Police say June Candelario, 61, locked her grandson up in a dog kennel during her work shifts.
Police say June Candelario, 61, locked her grandson up in a dog kennel during her work shifts.
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Commerce City – Cuando él tenía 8 años, su madre murió.

Un año más tarde, perdió a su abuelo, un hombre quien ayudó a criarle.

Casi cuatro años desde entonces, el niño vivía solo con su abuela en una pequeña casa de tablilla en Commerce City donde, dice la policía, ella (la abuela) le retenía cerrado con cadena en una perrera durante cuatro noches a la semana.

La mujer de 61 años, June Candelario, fue arrestada en su casa en el bloque 6700 de la Calle Ash. Fue retenida en la cárcel del condado de Adams bajo fianza de $100.000 con cargos de abuso de menores, secuestro de segundo grado, falsa prisión, e imprudencia con situación temeraria.

Candelario trabaja en la oficina del alguacil del condado de Jefferson, aconsejando a presos con problemas emocionales, dijo el portavoz del alguacil, Jim Shires. Ha sido suspendida sin pago pendiente una investigación policial.

“Nunca he trabajado en un caso como éste en mis 20 años en el departamento,” dijo el lugarteniente de la policía de Commerce City, Chuck Saunier.

Candelario retuvo al niño – 5 pies con 4 pulgadas y 110 libras – en la perrera en su habitación mientras ella iba a trabajar, dijo la policía. Sus horas de trabajo eran desde las 16:00 horas de la tarde hasta las 03:00 horas de la madrugada, de lunes a jueves.

La perrera mide 46 pulgadas por 30 pulgadas por 35 pulgadas.

“Era un espacio muy apretado para él,” dijo Saunier. “Parecía como si había una almohada o una bolsa de dormir en la perrera para él, pero ya está. Ni idea de cómo iba al baño o lo que hacía mientras estaba allí dentro.”

El niño fue puesto bajo custodia preventiva por los servicios sociales.

“Tienen a padres adoptivos especialmente entrenados para niños que han pasado por algo tan particularmente atroz,” dijo Liz McDonough, portavoz para el departamento estatal de servicios humanos, el cual supervisa programas de cuidados tutelares del condado.

Ella dijo que los niños son evaluados para determinar si necesitan asesoramiento o terapia.

“No hay señales aparentes de heridas físicas en el niño, pero en cuanto al aspecto mental, y a largo plazo, eso va a ser parte de la investigación,” dijo Saunier.

Un compañero de clase oyó al niño hablar sobre su maltrato por casualidad; (éste compañero) se lo informó a su madre quien luego llamó a la policía.

Los investigadores están intentando determinar el por qué el chico no había alertado a nadie antes.

“¿Estaba condicionado a ese tipo de trato? ¿O se le dijo de no intentar salir? Eso es parte de lo que intentamos determinar,” dijo Saunier.

La policía describió al chico como un estudiante del noveno curso en la escuela preparatoria, pero vecinos dijeron que era un estudiante en la escuela superior de Adams City.

Candelario era la única guardiana del chico desde que su abuelo, Leroy Candelario, murió en el 2002. Su madre murió de leukemia en el 2001, dijeron los vecinos.

El hijo de Leroy y June Candelario, Marc Candelario, murió en 1997 de una caída por un acantilado cerca de Walsenburg.

“Simplemente no me lo puedo creer,” dijo el vecino de al lado de Candelario, Martín Cárdenas, 76 años, sobre el arresto. “Nunca oímos nada durante la noche, nunca ningún lloro ni nada. Y hablaba con el chico todo el tiempo; uno pensaría que habría dicho algo sobre ello.”

Otra vecina, quien conocía a la familia Candelario cuando el niño iba a la escuela primaria donde ella trabajaba, dijo que la relación del chico con su abuela parecía fuera de lo ordinario. Nunca parecía ser muy afectivo con su abuela, dijo Connie Serna, 59 años, quien trabajaba en la biblioteca en la escuela primaria Alsup.

“Su relación no parecía ser muy buena, pero jamás habría pensado que algo como esto estaba ocurriendo,” dijo Serna, quien vive a unas cuantas casas (de Candelario). “Me acuerdo cuando el niño se metía en problemas después del colegio, la abuela le echaba la bronca padre delante del profesorado de la escuela y de todo el mundo. Ella siempre diría algo como, Espera hasta que lleguemos a casa.’”

Una compañera de clase del niño, Ashley Mondragón, 13 años, dijo que nunca notó un comportamiento extraño pero dijo que él raramente pasaba el rato con otros muchachos. Ashley dijo que el niño siempre corría de ida y vuelta a la escuela “como si alguien le estuviese persiguiendo o algo.”

Candelario empezó a trabajar en la oficina del alguacil de Golden en marzo del 2003, aconsejando a presos, la mayoría adultos con problemas emocionales, dijo el portavoz del alguacil, Jim Shires.

Ella típicamente trabajaba las noches y dormía mucho durante el día, dijo Cárdenas. El chico regaría el jardín y los arbustos y trabajaría con su abuela en varios proyectos alrededor de la casa, dijo.

“Ella es muy simpática, trabaja duro, y parece como si llevara al chico a todas partes con ella,” dijo Cárdenas. “Y él es un niño muy brillante, nunca parecía como si pasase algo malo. De todas formas sí parecía estar solo y triste; fuera de la escuela, nunca vi a ningún amigo por aquí. Pero todo esto sigue sonando demasiado demencial para creer.”

El trauma de ser encerrado bajo llave en una perrera puede tener repercusiones que sólo podrán ser resueltas a través de terapia, dijo la defensora infantil, Adorée Blair.

“Es bastante barbárico ser tratado de esta forma, especialmente para un niño mayor como éste,” dijo Blair, miembro de la junta directiva del Centro Legal de Niños de las Montañas Rocosas (Rocky Mountain Children’s Law Center). “La terapia necesitada puede ser muy dura para conseguir el éxito.”

Los escritores de plantilla, Karen Augé y David Migoya, contribuyeron a este reportaje.

Se puede comunicar con el escritor de plantilla, Manny Gonzáles, al 303-820-1537 ó mgonzales@denverpost.com.

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