
El lo llama un caso de “condicionamiento clásico.”
La Armada dijo al Coronel Calvin Neptune III que lo necesitaba. El saltó inmediatamente y con ansias – aun cuando había servido por 26 años. Aun cuando se había retirado hace 14 años.
Aun a los 62 años de edad.
“Ellos dicen las palabras mágicas – ellos dicen que necesitan gente para apoyar a los jóvenes soldados – y yo estoy allí,” dijo Neptune, quien recientemente dejo su hogar en Aurora y esposa de 38 años para pasar un año en Arizona.
Neptune está sirviendo como jefe de salud mental del hospital de la Armada en Fort Huachuca, un centro de comunicaciones e inteligencia localizado a 75 millas al sureste de Tucson. Como sicólogo y trabajador social, él se especializa en tratar con desórdenes post traumáticos (PTSD) causados por estrés, entre los soldados que están tratando de sobrellevar sus experiencias de combate.
“Una vez que uno va a la guerra, es un evento que cambia la vida entera,” dice Neptune, quien empezó su trabajo en consejería con veteranos de Vietnam. “No se puede regresar y empezar donde se dejaron las cosas. Es un lado de la guerra que no aparece en las películas.”
Mary Neptune, una profesora de música de escuela media en el distrito de Cherry Creek, entendió que cuando su esposo se retirara de la vida militar para que la familia pudiera mantener sus raíces en Colorado, el cambio sería prematuro.
“El siempre sintió que no había terminado del todo,” dice ella. “Esto es importante para él. El siente que tiene mucha suerte, pues es una oportunidad para terminar las cosas bien, en sus propios términos.”
Aun cuando el regresar al servicio significa que pasarán separados aproximadamente un año, excepto por sus viajes ocasionales a Arizona; la pareja ha logrado arreglárselas antes, cuando Neptune estuvo estacionado en Washington D.C. durante la operación Tormenta del Desierto.
Mary le animó de todo corazón para que aproveche esa oportunidad; y Neptune a pesar de encantarle el trabajo que ha venido realizando en el programa de tratamiento residencial PTSD del Centro Médico de Asuntos de Veteranos de Denver durante los últimos cuatro años, no tuvo duda alguna de aceptarlo.
“Cuantas veces tiene uno la oportunidad de retirarse, estar nostálgico acerca del pasado y regresar nuevamente, en ves de quedarse como una planta en una maceta?” él dijo.
En Arizona, Neptune en su mayoría trata con veteranos de combate que regresan a casa, luego de Irak y Afganistán.
El nota similitudes y también marcadas diferencias en los problemas relacionados con PTSD, en comparación a los veteranos de Vietnam.
Como en Vietnam, el dice, Irak y Afganistán tienen pocas líneas de batalla bien definidas e inspiran un constante estado de ansiedad. Pero el trabajo de Neptune con soldados que regresan también ha revelado que algunos tienen síntomas únicos: ellos tienen el problema dejar atrás el hábito de cómo manejaban durante la guerra.
Cuando ellos regresan a su lugar de origen, tienden a manejar en el medio de la carretera, una técnica desarrollada para evitar las bombas a lo largo del camino, ellos manejan muy rápido, pues dicen que en “los convoys” la velocidad es su amigo.
El trabajo de Neptune termina en marzo. Hasta entonces continuará ayudando a los soldados a tratar de manejar el estrés luego de regresar del combate – y sentirse con suerte de tener una nueva oportunidad.
“Todos los días que me levanto y me pongo este uniforme,” él dice, “Veo a soldados que entran y me piden consejo, yo me doy cuenta que tengo algo que ofrecer.”



