ap

Skip to content
Jennifer Brown of The Denver Post.
PUBLISHED:
Getting your player ready...

Cuando Chantell Seymore entró a la Universidad de Mujeres (Women’s College) hace ocho años para preguntar acerca de las admisiones, ella tenía en su brazo a su recién nacida acostada en un asiento de carro, mientras que vigilaba de reojo a su otra hija de tres años. Las hijas de Seymore ahora tienen 8 y 10 años y ella todavía pasa cada dos semanas en clases tratando de ser la primera en su familia en obtener un título de bachiller.

“Me hice una promesa y un compromiso, además mis hijos están mirándome,” dijo Seymore, de 34 años, a quien se le llenan los ojos de lágrimas a medida que describe como ha mantenido vivo su sueño. “Mi hijas están observando a su madre.”

El Universidad para Mujeres de la Universidad de Denver es una de las últimas universidades sólo para mujeres en la región de las Montañas Rocosas, y una de las 60 que quedan en la nación – hace cuatro décadas existían aproximadamente 300 universidades.

Mientras que es difícil vender a muchos estudiantes la experiencia educativa en una universidad para personas del mismo sexo, defensores de las universidades para mujeres dicen que son necesarias. Y la Universidad de Denver (DU) llena un nicho muy particular – se enfoca en adultos que trabajan.

Seymore, quien se enroló en el Universidad para Mujeres en 1998, fue un ingeniera en programas de computación hasta empezar un negocio como conferenciante de motivación, hace un año.

Ella estudia a las 2 a.m., pues ese es el único tiempo que tiene.

“Usted está en el trabajo todo el día, luego regresa a casa y tiene que cumplir con todas las responsabilidades de madre, luego de lo cual se puede se puede poner ha escribir un trabajo para la universidad,” dijo Seymore. “Tiene que saber lo que esta haciendo. Tiene que buscar muy en lo profundo.”

Seymore ayudó a criar a su hermano menor y a sus hermanas debido a que su madre – que no terminó la preparatoria – trabajaba día y noche como mesera y como barman.

Aun cuando se prometió que adquiriría una educación universitaria, en vez de eso después de la preparatoria Seymore se unió a los reservistas del Ejército.

Finalmente se enroló, dijo Seymore, tanto por sus hijas como por ella misma.

“Si ellas vienen a mi y me dicen que quieren ser profesoras o directoras de escuela, presidentas o artistas, yo quiero mirarles a los ojos y decirles, “Hazlo, sigue tus sueños,” ella agregó. “Con honestidad podrán decir, mi mamá lo hizo.’”

Carolyn Núñez cuyos días en la universidad fueron desviados por el matrimonio hace más de una década, odia perderse el T-ball o los partidos de fútbol de su hija de 7 años y de su hijo de 4 años, pero ella cree que les está enseñando algo mucho más grande.

“Quiero que vean que la universidad no es una opción – sino que tienen que hacerlo,” dijo ella.

Mientras Núñez estudia estadística, sus hijos escriben el abecedario.

Janet St. John, una graduada del 2003, fue una asistente administrativa cuando empezó el Universidad para Mujeres.

Ahora ella es la directora de una compañía proveedora de servicios de salud.

St. John de 51 años, reconoce que el mejoramiento de su carrera no solamente se debe a lo que aprendió en las clases de negocios, sino también a la confianza que ella descubrió en sí misma.

“El ir a la universidad fue una confirmación de que en realidad tenía más conocimientos de los que pensaba,” dijo St. John.

La decana Michele Bloom dijo que sus estudiantes “transforman,” desarrollan aspiraciones más fuertes y “encuentran sus voces.”

“Ellas son tan serias acerca de esto y su significado para sus vidas,” dijo Bloom. “Estas mujeres son mis héroes.”

Edyie Thompson, una madre de dos y de 46 años de edad, trabajo en una tienda de comestibles por algunos años después del terminar la preparatoria, antes de arrepentirse de no haber ido a la universidad.

La Universidad para Mujeres, dijo Thompson, le dio un nuevo “sentido de propósito a mi vida.”

“Ha cambiado completamente mi perspectiva, me ha dado más energía,” ella agregó.

Graduadas reciben título de DU

DU compró en 1982, la Universidad para Mujeres de Colorado fundada en 1909 y localizada en la calle Québec y Montview Boulevard en Denver. Luego se cambió a un edificio en el campus diseñado y construido por mujeres.

La admisión a la Universidad para Mujeres involucra la presentación de un ensayo, una entrevista y una carta de referencia pero no el puntaje de las pruebas estandarizadas. Las graduadas obtienen un título regular de DU.

Las universidades privadas para mujeres afiliadas a instituciones co-educativas, pueden existir bajo la ley federal, siempre y cuando las admisiones sean separadas y no se ofrezcan programas de postgrado.

El número de universidades para mujeres ha estado disminuyendo desde fines de 1960, cuando las universidades prestigiosas (Ivy League) y otras universidades empezaron a enrolar mujeres en sus programas.

Muchas de las universidades para mujeres que quedan están en la Costa Este, unas pocas en el Medio Oeste y California. Sólo quedan cuatro universidades para hombres en los Estados Unidos.

En los 40 años desde que las instituciones se volvieron populares y co-educacionales, la educación superior no ha evolucionado lo suficiente como para desarrollar igualdad de entre los sexos, dijo Susan Lennon, directora de la Coalición de Universidades de Mujeres de Washington D.C.

El hecho es que tenemos una sola mujer en la Corte Suprema y esa es respuesta suficiente para mi,” dijo Lennon. “Las mujeres todavía no están bien representadas en muchas áreas.”

El profesor de matemáticas Ray Boersema, de la Universidad para Mujeres, que también ha enseñado en universidades co-educacionales, dijo que las mujeres aprenden mejor cuando no hay hombres en las clases.

“Existe una comodidad en aprender aquí, que nunca he encontrado en una clase con estudiantes de ambos sexos,” él dijo. “Ellas se han librado de la carga de que se espera de ellas.”

Los hombres esperan que los estudiantes hombres que saben matemáticas aprendan rápidamente y no admitirán si que no pueden hacerlo; se espera en cambio que las mujeres no sepan matemáticas por lo que ellas no quieren romper este estereotipo al hacer preguntas referentes a matemáticas, dijo Boersema.

La profesora de comunicaciones Carol Zak-Dance, dijo que las compañeras en la Universidad para Mujeres no son tan competitivas como cuando están en una clase co-educativa.

“El ambiente entre mujeres es un poco mas intencionado,” ella dijo. “Existe la disposición para escuchar diferentes puntos de vista y aprender de ellos.”

Boersema y Zak-Dance, que también han enseñado en universidades co-educativas, incluyendo DU, dijeron que las estudiantes de la Universidad para Mujeres son las más motivadas que ellos han enseñado.

Clases de cuatro horas

Las estudiantes siguen un horario de siete cursos intensivos, reuniéndose cada pasando una semana por cuatro horas de clases entre las 8 a.m. y las 10 p.m. los viernes, sábado y domingo.

“Me sorprendió tanto que ellas se queden hasta las 10 de la noche y que ellas estén dispuestas a aprender hasta las 10 de la noche,” agregó Boersema.

A los 23 años, Yesenia Noriega es una de las estudiantes jóvenes de la Universidad para Mujeres, aun cuando su camino a la universidad no fue nada tradicional.

Noriega, que pasó de preparatoria en preparatoria en Denver y que fue expulsada de una de ellas por tener “una mala actitud” se dio modos para ser la primera en su familia en obtener un título de preparatoria – tanto sus hermanos como sus padres abandonaron sus estudios.

Noriega dice que el obtener un título “es la única cosa verdadera” en la que ella cree. Es una meta que a ella se le pegó cuando se dio cuenta de lo difícil que fue para su madre, empleada de un hotel, ganarse el sustento diario.

Ella paga la pensión a través de becas y prestamos, y trabaja tiempo completo como oficinista en el Departamento de Justicia. Noriega espera graduarse la próxima primavera.

El ir a clases con mujeres que son modelos de conducta, dice ella, “me ha ayudado a entender lo que yo quiero llegar a ser como mujer.”

Se puede comunicar con la escritora Jennifer Brown al 303-820-1593 o al jenbrown@denverpost.com.

More in News