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John Ingold of The Denver Post
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Edwards – Hacia arriba siguiendo una ruta serpenteante y en el camino de entrada que lleva hacia la casa de la familia de John Shaw Vaughan, es donde está parqueado un Hércules.

El nombre viene a propósito del 1969 Jeepster Commando, con sus llantas gigantes, la gata colocada en la parte posterior y una etiqueta adhesiva en la guantera que dice “Entra, siéntate, cállate y agárrate fuerte.” Pintado con un color rojo cerezo, el carro con tracción a las cuatro ruedas, fue el bebé de Vaughan. Fue Vaughan el que desarrolló el Hércules hacia sus masivas proporciones y fue él quien más le sacaba a dar vueltas en las colinas que están alrededor del valle de Vail.

Vaughan, un segundo teniente del Ejército, murió la semana pasada luchando cerca de Mosul en Irak. Un líder de pelotón, Vaughan estuvo en Irak solamente un mes. El tuvo 23 años de edad.

El domingo, el Hércules estuvo quieto, a medida que una a una las personas solemnemente firmaban el libro de invitados que estaba colocado sobre el techo del capó del carro. La verdad es que, un quieto Hércules parecía tan fuera de lugar y tan triste como las 200 personas que, vestidas de negro, en un perfecto día de montaña, se habían reunido en la casa que Vaughan había crecido para asistir a un servicio memorial en su honor.

Los dolientes llenaban el patio posterior, donde los cantos de los pájaros se convirtieron en notas de un órgano, las hojas brillantes de álamo se convirtieron en vidrieras de colores y los árboles majestuosos levantándose hacia el cielo azul se convirtieron en techos de iglesia.

“Estábamos tratando de decidir donde tener el servicio,” dijo, Becca, la hermana menor de Vaughan. John amaba mucho esta casa. Así que decidimos tenerlo aquí.”

Joe Horvath, un entusiasta de Denver de los cuatro por cuatro, le enseñó a Vaughan como construir jeeps cuando Vaughan todavía estaba en la preparatoria; él se hizo paso entre el grupo de gente contando y contando la historia de Hércules y de cómo Vaughan había utilizado las partes usadas de Hercules I para construir a Hércules III, que pronto estaría por salir a recorrer los caminos de Moab. Vaughan reconstruyó el jeep en aproximadamente dos semanas, dijo Horvath y luego regreso inmediatamente a Moab.

“La palabra no puedo’ no estaba en el vocabulario de John,” dijo Horvath. “El era extremadamente creativo, innovador e inteligente. El era uno de los chicos más sobresalientes que he conocido.”

Muchas personas contaron historias acerca de Vaughan; y aun cuando fueron acerca de cosas tan diferentes como la caza, los bailes y los bolos; todas las historias fueron en realidad las mismas, un gran chico y hombre con mucho coraje que se perdió muy pronto.

Becca recuerda la ocasión cuando John se convirtió en una bola de bolos, en una bolera, y rodó por la línea de los bolos hacia los pinos.

Jason Turner, un amigo de la universidad siguió a Vaughan entrando en el Ejército, el hablo acerca de como Vaughan fue su mentor en su héroe. Cuando Vaughan se graduó de la Universidad Aeronáutica Embry Riddle en Florida, el fue uno de los 70 cadetes, de cerca de 5,000 que fueron galardonados con una asignatura a la inteligencia militar de la infantería, dijo Turner.

Algunos soldados del pelotón de Vaughan escribieron correos electrónicos a la familia de Vaughan, luego de su muerte; cada uno contaba a su familia que tan agradecidos estaban los soldados por el corto tiempo que ellos tuvieron para compartir con el.

“Fue un honor servir con él,” leía uno.” “Fue un honor caminar junto a él. Fue un honor llamarle señor.”

Carmel Cammack, otra amiga de la universidad, recordó como ella y Vaughan se convirtieron en pareja para el bailar.

“Nosotros bailamos música country a cualquier música que se estaba tocando,”dijo ella.

Ella dijo que Vaughan estaba deseoso de ir a Irak, el pensaba que esa era su misión.

“El quería ir allá para tratar de ayudar a los chicos,” ella agregó, “y ocasionalmente causar un poco de alboroto. Nada ponía una sonrisa en su rostro, más que el hablar acerca de lo que iba a hacer allá, la aventura más grande de su vida.”

Se puede comunicar con el escritor John Ingold al 720-929-0898 o al jingold@denverpost.com.

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