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La mariposa pauni paparda montañesa fue casi erradicada hace cuatro años por el incendio forestal más grande en la historia de Colorado. El único sitio en el mundo donde vive esta mariposa se encontraba justo en el camino del incendio Hayman, el cual destruyó 138,000 acres y 133 hogares.

Hoy, la frágil paparda con una extensión de alas de 1 pulgada es un símbolo de la reanimación del bosque. El emplazamiento del incendio se ha convertido en un mosaico de ruinas y reanimación.

Es un parcheado de maleza fresca y lozana y flores silvestres, no vistos en siglos, contrapuesto a un paisaje árido de palos achicharrados.

Las personas y los animales también están volviendo. Los campistas y cabalgadores estuvieron en el bosque la semana pasada. Los guardabosques informaron haber visto ciervos, pumas, y osos.

Los águilas americanos han desaparecido, pero el pito tridáctilo – usualmente visto en Alaska y en Canadá – ha aparecido en el bosque.

“Estamos presenciando un renacimiento de un bosque,” dijo Brent Botts, el guardabosques comarcal del Bosque Nacional de Pike y director del equipo de restauración de Hayman.

Aún así, maleza nociva ha echado raíces en las áreas más severamente quemadas, derrocando a las plantas nativas que la fauna silvestre come.

Un sedimento lleno de arcilla proveniente de la escorrentía ha atascado algunos desagües y ha forzado el cierre de cuatro campamentos.

Y mientras la pequeña mariposa color naranja planea su retorno, los científicos dicen que tardará unos cinco siglos para que el ecosistema forestal entero se reavive completamente.

Los guardabosques federales están intentando ayudar, con $800,000 en la plantación de árboles durante los tres pasados años.

“Hayman es la joya real de todas las cosas nefastas de un incendio,” dijo Merrill Kaufmann, un ecologista forestal retirado de la Estación de Investigación de la Montaña Rocosa (Rocky Mountain Research Station) en Fort Collins. “Hay miles de acres que no tienen ni un árbol superviviente.”

Dos docenas de científicos están utilizando el fuego como un laboratorio ecológico para estudiar la danza biológica de la reanimación del bosque.

Los estudios científicos cubren una gama de tópicos, incluyendo el control de erosión, la supervivencia de especies amenazadas, métodos de reforestación, y control de la maleza nociva.

La investigación determinará cómo los bosques nacionales serán administrados y restaurados en el futuro.

“Anteriormente, nunca hemos podido estudiar los efectos de un incendio catastrófico como éste,” dijo Botts. “Donde los otros fuegos (en nuestra área) han sido entre 1,000 o 2,000 acres, éste ha sido 138,000 acres.”

“Esto nos dirá qué tratamientos de restauración serán más beneficiosos en los futuros incendios.”

El incendio Hayman empezó el 8 de junio del 2002, en el Bosque Nacional de Pike, al suroeste de Denver, y rugió durante seis semanas. Era el incendio más severo que el bosque jamás vio en 700 años, según cuenta el Servicio Forestal de los EE.UU. (U.S. Forest Service), y 2,500 bomberos tuvieron que trabajar diariamente para apagarlo.

El Servicio Forestal dijo que el costo total del incendio, incluyendo daños y rehabilitación, ascendió a $238 millones.

El incendio quemó la mitad del hábitat de la diminuta mariposa saltadora – el único lugar en la Tierra donde se encuentran dos plantas cruciales para la paparda – la hierba Blue Grama, de donde se alimenta la larva, y la sanícula de pradera, la cual provee néctar.

Habían unas 116,000 papardas en 1987, cuando estaba listada por los federales como una especie amenazada. Los científicos calculan que unos 5,800 sobrevivieron el incendio.

Mientras la saltadora está planeando su regreso – de un calculado 0.02 por acre en el 2002 a 0.80 en el 2005 – el incendio quemó una percha invernal muy importante para casi 40 águilas americanas en el Cheesman Reservoir.

Los águilas abandonaron su hogar invernal cuando el incendio no dejó ni una aguja de pino en los tallos de los árboles muertos para protegerse térmicamente, dijo Leslie Ellwood, una biólogo del Servicio de Pesca y Fauna y Flora de los EE.UU. (U.S. Fish and Wildlife Service).

Aún así, el mismo paisaje de árboles muertos se ha convertido el hogar de dos especies de pájaros carpinteros, dijo Natasha Kotliar, una biólogo de la fauna y flora de la Prospección Geológica de los EE.UU. (U.S. Geological Survey) en Fort Collins.

Atraídos por los bichos comiendo los árboles muertos, el pito tridáctilo se ha mudado de su ámbito principal en Alaska y Canadá.

El pájaro carpintero peludo, una especie común del Oeste que encuentra su comida sintiendo la vibración de los escarabajos en los árboles muertos, por primera vez también ha volado al área de Hayman.

Otros pájaros, tal y como el paro montañés, han salido de la comunidad forestal porque dependían del follaje para espigar los insectos.

Alrededor del 35 por ciento del área forestal fue severamente quemada – matando la copa forestal. Otro 50 por ciento fue una quemadura baja o moderada – corriendo a través del piso forestal y arrasando la vegetación del terreno.

El suelo forestal, revigorizado por la liberación de los nutrientes de la arcilla, está ahora espesa con flores silvestres.

Pero el pino ponderosa que una vez predominó el bosque tardará siglos en volver a restablecerse porque sus semillas pesadas sólo vuelan un cuarto de milla a la vez.

“La única manera para que haya más árboles es que esos mismos árboles crezcan y, en 20 a 40 años, generen sus propias semillas, las cuales volarán un cuarto de milla,” dijo Kaufmann, el investigador retirado. “Es un proceso muy lento. En términos de restablecer el bosque y el ecosistema entero, está mirando a unos 500 años.”

El Servicio Forestal ha plantado 400,000 semilleros en 1,600 acres a un costo de $800,000, dijo Botts.

Los semilleros especializados fueron crecidos en una enfermería de Halsey, Nebraska, durante dos años de las semillas de 450 fanegas de conos recogidos de Hayman – semillas genéticamente adaptadas al terreno descompuesto de granito y al clima duro del bosque de Pike.

“Los pinos de Albuquerque no habrían sobrevivido aquí,” dijo Botts.

El Servicio Forestal también gastó $17 millones en una variedad de medidas de emergencia para el control de erosión, y los científicos están estudiando cuáles funcionan mejor.

La Cuenca del South Platte Superior entrega un 80 por ciento del agua bebible del área metropolitana de Denver, y un paisaje de terreno chamuscado dejó muy vulnerable el abastecimiento de agua para la ciudad a flujos de ceniza y sedimentos de erosión en Cheesman y embalses agua abajo.

Así que los trabajadores forestales dispararon un cóctel de paja, agua, y semillas de cañones al lado de la carretera, estacaron barreras de paja amarrada duramente con hierro, y utilizaron técnicas anticuadas de jardinería hogareña para rastrillar y sembrar a mano para que el terreno no fuera desplazado.

Hasta ahora, el método que parece ser el más efectivo son las caídas de fardos de paja de 1 tonelada desde helicóptero explotando cada vez sobre un acre de tierra. Más de 12,000 acres han sido cubiertos por $6 millones.

“La mezcla de paja y hojas secas fue lo más efectivo – proveyó un cubre-suelos inmediato,” dijo Pete Robichaud, un ingeniero investigativo estudiando control de erosion pos-incendio para la Estación de Investigación del Servicio Forestal de la Montaña Rocosa (Forest Service’s Rocky Mountain Research Station) en Moscow, Idaho.

A $500 el acre, también era una ganga relativa comparado con otros tratamientos.

Otro problema que los guardabosques han luchado en contra son las plantas no-nativas e incomibles que están dominando las áreas más severamente quemadas, volteando la cadena alimentaría del bosque.

Las plantas invasoras, como bromo, el cardo negro (o cardo de Canadá), el cardo almizcle, y el silene están bien equipadas para vivir en áreas quemadas y pueden invadir todo el bosque, dicen los científicos.

El Servicio Forestal ha gastado más de $100,000 en la pulverización de maleza nociva, dijo Botts.

“Estamos intentando averiguar el lugar más probable donde las exóticas se establezcan porque si usted puede entrar muy de prisa y averiguar dónde se establecen, puede pararlas antes de esparcirse y perder el control,” dijo Molly Hunter, una investigadora asociada en la Universidad Estatal de Colorado especializándose en ecología de incendios. “Es una gran preocupación porque crecen muy deprisa, producen muchas semillas y pueden viajar largas distancias, y proliferan en los entornos severamente quemados.”

Se puede comunicar con el escritor Dave Curtin al 303-820-1276 ó al dcurtin@denverpost.com.

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