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Según los números de matriculaciones, un mayor número de padres de Denver están rechazando escuelas secundarias, llevando a sus hijos en vez a edificios cursando desde el jardín de infancia hasta el octavo curso, o yéndose de la ciudad sin más.

Esto ha dejado a muchas de las escuelas secundarias más pobres, más vacías, y peor rendimiento que en las escuelas K-8.

Los padres de casi 2,000 estudiantes del sexto curso decidieron en contra de mandar a sus hijos a las escuelas secundarias tradicionales – las cuales atienden a los estudiantes del sexto, séptimo, y octavo curso – según muestra un análisis del Denver Post de los números de las Escuelas Públicas de Denver (Denver Public Schools o DPS).

Unos 1,000 fueron a escuelas “K-8” o “K-6”, y otros 500 fueron a escuelas públicas experimentales (K-12). Y entre 400 y 500 desaparecieron completamente de las DPS.

“Uno tiene miedo de soltar a su bebé,” dijo Karla Loaiza, cuyo hijo, Raúl, será un estudiante del sexto curso en una escuela K-6. “No creo que sea lo suficiente maduro para ir a otro sitio con muchachos mayores.”

Los números sugirieron que los padres de Denver están compartiendo ese sentimiento cada vez más. En el 2001, 4,887 niños fueron matriculados en el sexto curso en las escuelas tradicionales de las DPS. Cuatro años más tardes, ese número cayó a 3,739. Durante ese mismo período, la población de estudiantes del sexto curso en las escuelas K-6 y K-8 aumentó de 406 a 964.

Aunque los padres estén alejándose de las escuelas secundarias tradicionales, los expertos en educación dices que una buena enseñanza y sensitividad a este grupo es más importante.

Los niños en estos “años intermedios” (“middle years”) tienden a carecer madurez; puede que no estén listos a afrontar la responsabilidad necesitada en una escuela secundaria donde han tenido a varios profesores y varias clases, dicen los expertos.

“La realidad es que la configuración de los grados de por sí no afecta los logros del estudiante,” dijo Sue Swaim, directora ejecutiva de la Asociación Nacional de las Escuelas Secundarias (National Middle School Association).

A nivel nacional, los distritos escolares batallan con los estudiantes cuando llegan a la adolescencia. Los resultados de los exámenes en lectura y escritura decaen durante los años intermedios.

Y Denver no es ninguna excepción. En el 2004, el 46 por ciento de los estudiantes del quinto curso eran lectores competentes. Al año siguiente, cuando eran un año mayores, sólo el 38 por ciento de los estudiantes del sexto curso eran competentes tanto en la lectura.

Este otoño que viene, las DPS tendrán 17 escuelas K-6, K-7, y K-8. Casi todas las escuelas K-8 son las “escuelas preferidas,” lo cual quiere decir que los estudiantes deben someter su solicitud para poder atender.

Las escuelas K-8 no suelen tener taquilleros y menos clases separadas en un día, y los niños pequeños aún corretean por el campo de recreo.

Tanto los padres como los profesores suelen tratar a las escuelas secundarias como escuelas preparatorias miniaturizadas, dándoles a los niños demasiada independencia, dijo Gary Sulley, un profesor veterano de Denver de las escuelas secundarias. “Y eso no funciona porque siguen siendo niños pequeños.”

El documento de reforma, “El Plan de Denver” (“The Denver Plan”) de Michael Bennet, el superintendente de las DPS, urge a todas las escuelas a mejorar el rendimiento de los estudiantes, pero hay poco sobre qué hacer con los niños de los años intermedios.

“El previo régimen no tenía ningún plan para los niños de los años intermedios, y el régimen corriente ya necesita que crear un buen plan para los chicos/as de edades intermediarias,” dijo Van Schoales, un directivo de programas en la Fundación Piton.

Brad Jupp, un administrador de las DPS, dijo preocuparse sobre el gran número de estudiantes de Denver abandonando el distrito, o antes del empiece de las escuelas secundarias – o después del sexto curso.

En la escuela secundaria Kunsmiller, por ejemplo, la sexta clase tenía 309 estudiantes en el 2003. Por el 2005, cuando la mayoría de ellos deberían de estar cursando el octavo curso, sólo había 178 estudiantes en ese curso.

“La respuesta errónea a esta tendencia sería eliminar elecciones,” dijo Jupp. “La respuesta correcta sería investigar esa elección e intentar ajustarse a las altas opciones académicas.”

Para intentar mejorar el rendimiento estudiantil, todos los estudiantes de las escuelas secundarias de Denver que están bajo el nivel del grado tendrán clases dobles en lectura y matemáticas este próximo otoño.

Otros distritos en el área metropolitana no están encarando unos cambios tan bruscos en las escuelas secundarias. Pero los superintendentes en otras ciudades también están viendo a unos padres nerviosos sobre la idea de mezclar a estudiantes del sexto curso con muchachos predominantemente mayores.

Tanto los condados de Denver como Jefferson han creado escuelas secundarias sólo para los para poder mantener a los estudiantes de 11 años edad en las escuelas primarias.

“Creo que a los padres les gusta tener el sexto curso en la (escuela) primaria,” dijo Jim Christensen, superintendente de las escuelas del condado de Douglas, las cuales la mayoría son escuelas secundarias para los séptimos y octavos cursos.

El condado de Jefferson sólo tienen dos escuelas tradicionales K-8, aunque la superintendente Cindy Stevenson dice pensar que cuantas menos transiciones, mejor para los críos.

“Nosotros, por el contrario, queremos continuidad,” dijo.

Para la madre de Denver, Karen Ray, la decisión de dónde mandar a su hija mayor, Lucy, en sus años intermedios era muy difícil.

La niña fue a una escuela pública experimental de Denver para la escuela primaria. Ray chequeó las escuelas secundarias de Morey y Hamilton en Denver, pero ninguna intentó atraer a la familia a sus puertas, y “parecían ser demasiado grandes.”

Ray eligió la Academia St. Mary’s, una escuela privada donde, dijo, las expectaciones parecían ser mayores.

Colorado es uno de los seis estados en el país que no requiere a los profesores de las escuelas secundarias tener entrenamiento específico de los años intermediarios.

“Creo que la realidad es que no tenemos una política nacional sobre los años intermediarios. Nos enfocamos en la primaria, y eso es crítico, y miramos a las escuelas preparatorias,” dijo Swaim. “El éxito que queremos en la reforma de las escuelas preparatorias no va a ocurrir hasta que empezamos a prestar atención a las escuelas secundarias.”

La cautela de los padres de las escuelas secundarias también es resulta muy costoso a los distritos.

Desde el 2003 hasta el 2005, las DPS perdieron más de 800 estudiantes entre el quinto y el sexto curso. Cada estudiante vale más de $6,600 en financiación del distrito. Y tan sólo un edificio de las 17 escuelas secundarias de Denver está medio lleno – las tres escuelas secundarias fueron cerradas en los pasados cinco años. Si todas las escuelas estuvieran llenas hasta su capacidad, el distrito estaría atrayendo $26 millones más al año.

Ann Greenfield, la directora de la escuela secundaria Merrill, está intentando ganarse a los padres cautelosos al convertir su escuela segura y sus clases académicamente sólidas.

Reconoce que los padres tienen sentimientos muy fuertes en cuanto a las escuelas secundarias se refiere y a sus hijos/as.

“Es una decisión individual para cada familia,” dijo.

Se puede comunicar con la periodista, Allison Sherry, al 303-820-1377 ó al asherry@denverpost.com.

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