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Denver Post city desk reporter Kieran ...
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Golden – La madre de una joven que fue asesinada de un disparo en una fiesta, trajo las cenizas de su hija a la sala de la corte, el día viernes, para la sentencia.

“Ella todavía es pura,” dijo Vicki Kingry acerca de su hija, Mackenzie. “Se ven como la arena en una hermosa playa donde se todavía se puede recostar.”

Kingry calmadamente recuerda el cabello de su hija cubriendo un lado de la cama, mientras ella dormía. Kingry dijo a la corte acerca de la llamada telefónica que Mackenzie le hacía todos los días, solamente para conversar. Ella también recordó todos sus abrazos.

“Ella me abrazaba, me sostenía en sus brazos y me decía, mirándome a los ojos, “te quiero, mama.’”

El viernes, Ángelo Montoya de 20 años y Dominic Duran de 21 años, fueron sentenciados cada uno a servir más de 50 años en prisión por la muerte de Mackenzie.

El par disparó tiros de una pistola de mano de 9mm Glock, en contra de una casa llena de jóvenes el 24 de octubre del 2004; luego de que se les pidiera que dejaran la fiesta.

Mackenzie, una alumna del último año de la Escuela Preparatoria de Wheat Ridge, recibió un disparo en la cabeza. Ella fue cremada el 18, el día de su cumpleaños

El padre de Mackenzie, Ed Kingry, también tomó la palabra en la corte.

“Yo la llevo en mi corazón en todas las cosas que hago,” él dijo.

El padre dijo que ha sido muy difícil aceptar la finalidad de la muerte de su hija.

“Muchas veces hablamos de ella, como si estuviera haciendo mandados y muy pronto regresará a casa,” él agregó.

Montoya y Duran tomaron la palabra en la audiencia, y ambos expresaron sus condolencias a la familia Kingry, así como también pidieron disculpas. Ellos dijeron que sentían mucho el provocar tanto dolor a muchas personas, incluyendo sus propias familias.

Montoya fue sentenciado a 54 años en prisión, mientras que Duran a 51 años. Ambos fueron acusados de intento de asesinato en primer grado con extrema indiferencia y homicidio temerario.

La novia de Duran estaba embaraza con su primer hijo cuando este fue arrestado; su hija nació mientras que ha estado en la cárcel.

Montoya fue criado por sus abuelos, debido a que sus padres vivieron vidas desordenadas y eran incapaces de criar a su hijo correctamente. Probablemente él no verá nuevamente a sus abuelos, como un hombre libre.

La emoción fue tal en la corte donde los dos jóvenes fueron sentenciados, que aun la juez lloró.

“Yo se que nunca podré imaginar el dolor de su pérdida,” dijo la juez de la Corte del Distrito Margie Enquist a Vicki Kingry.

Enquist urgió a los amigos y miembros de la familia Kingry a “salir al mundo y tocar a otros como ella había tocado sus vidas.”

La juez agregó que ella también se da cuenta de que las familias de Montoya y Duran han sufrido mucho dolor.

Aun así, Enquist se vio obligada a emitir una sentencia muy fuerte, con la esperanza de disuadir a otros de portar y utilizar armas de fuego.

“Tiene que parar,” dijo Enquist. “Esto tiene que parar.”

Se puede comunicar con el escritor Kieran Nicholson al 303-820-1822 o al knicholson@denverpost.com.

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