Cientos de pasajeros perdieron sus vuelos en el Aeropuerto Internacional de Denver (DIA) el jueves y esperaron casi dos horas en las líneas de pre-chequeo por las medidas de seguridad vinculadas con los arrestos de los terroristas londinenses, que hizo que se prohibieran todos los líquidos y substancias gelatinosas en los equipajes de mano.
Para la tarde, muchos pasaron rápidamente por el chequeo de seguridad, pero en la mañana las líneas de espera serpentearon a lo largo de varias cuadras alrededor del Terminal Oeste; con viajeros frustrados que esperaban pasar el tiempo entreteniéndose de cualquier manera. Algunos leían, mientras que otros daban las vueltas frenéticamente con disgusto. Un niño de 5 años rodaba de arriba y abajo en su scooter.
“Cuando algo así sucede, es normal que todo se vuelva una locura,” dijo Matt Fecher, director ejecutivo del Festival de Música de South Park, quien perdió su avión hacia Indianápolis.
Las aerolíneas alertaron a los pasajeros para que lleguen al aeropuerto tres horas más temprano, pero aun así el tiempo de espera temprano en la mañana fue de aproximadamente 90 minutos, dijeron los funcionarios. Para las 11 a.m. la línea de espera había disminuido a 30 minutos, dijo el portavoz del DIA Steve Snyder. Para el mediodía, el tiempo requerido para pasar por seguridad fue de aproximadamente cinco minutos.
En los puntos de chequeo de seguridad, contenedores con el nuevo contrabando recolectaban de todo, desde latas de Fresca, aerosoles nasales, y cremas para afeitar hasta pasta dental y brillos labiales. Los oficiales del DIA dijeron que los objetos serían luego echados a la basura.
Proposición costosa
Para algunos, el elevado nivel de seguridad se convirtió en una costosa proposición.
A Karin Wilson, de 42 años, le cambiaron su itinerario para pasar por Denver en su vuelo desde Baltimore vía Chicago hacia Salt Lake City.
Ella esperó aproximadamente 2 horas y media en la línea de seguridad de Baltimore, ella dijo, cuando el personal de seguridad encontró una botella de perfume Estée Lauder de Green Tea, en su bolso.
“Tuve que tirar a la basura un perfume de $60. No iba a perder mi puesto en la línea,” agregó Wilson.
Alguno pasajeros tuvieron que hacer frente a la realidad de que iban a perder sus vuelos.
“Estoy un poco cansado de todo esto,” dijo John Fish de Denver, quien estaba en la línea de seguridad en el Terminal Oeste a las 10 a.m. para su vuelo de las 11:15 a.m. en United, hacia Toronto.
Para pasar el tiempo, se puso a leer un libro.
Alertas de seguridad
Algunas personas fueron más comprensivas.
Lynn Martison de Littleton se dirigía para St. Cloud, Minnesota para una reunión de ex-graduados de su preparatoria. Ella había visto reportes noticieros antes de arribar al aeropuerto, así que puso las cosas prohibidas en las maletas que para chequear.
“Yo haré lo que sea necesario para hacer que las cosas sean seguras,” ella dijo.
Sarah Van Essen de Denver dejó en el aeropuerto a tres estudiantes de DU que van a estudiar en la Universidad de Westminster en Inglaterra.
Cuando ella recogió al trío, ella dijo que ellos estaban consolando y asegurando a sus preocupados padres de que estarían bien.
“Yo no sabía que tan serias eran las amenazas hasta que llegamos al Boulevard Peña,” ella agregó.
Dos de sus amigas tuvieron que amontonarse en el asiento trasero del Toyota Rav 4 rentado, con dos maletas llenas de cosméticos y artículos de aseo, cuando se enteraron de que no podrían llevar estas cosas a bordo del avión.
“Esto nos da una excusa para ir de compras,” dijo Van Essen.
Acurrucados alrededor de la televisión
Edith King, una profesora de educación internacional de la Universidad de Denver, estaba de camino a una conferencia en Montreal.
Ella puso las cosas prohibidas en las maletas para chequear, pero se olvido de sacar de su cartera la loción y el desinfectante para manos, ella estaba esperando que le hagan deshacerse de ellos.
Si es que ella conseguía alcanzar su avión, ella iba a dar una conferencia acerca de su libro titulado: “Enfrentando los Retos de la Enseñanza en una Era de Terrorismo.”
En aquellos restaurantes y bares con televisiones prendidas la gente se acurrucaba para ver las últimas noticias acerca del frustrado ataque terrorista.
Cerca de las 10:30 a.m. parecía que Kathleen Lore de Frederick necesitaría un milagro para alcanzar su vuelo de las 11:15 hacia Nueva York, así que ella estaba esperando una intervención divina.
“Estoy orando mucho,” ella dijo. “Estoy esperando alcanzar ese avión.”
Sin explicación
Funcionarios y clientes de los aeropuertos comerciales de Colorado en las afueras de Denver, reportaron pocos atrasos el jueves.
Linda Hager de Dillsburg, Pensilvania estaba viajando a Colorado Springs para visitar a su nieto de 2 meses. Ella dijo que arribó al aeropuerto de Baltimore cerca de la media noche para un vuelo de las 6 a.m. hacia DIA con conexión a Colorado Springs.
Ella dijo que estuvo esperando en la línea de seguridad cerca de las 4:30 a.m. cuando de “pronto una mujer salió y les dijo: Van a tener que deshacerse de todos los líquidos. No colonias, no lociones,’ Nadie nos dio explicación alguna.”
En el Walker Field de Grand Junction, los pasajeros y el personal de seguridad parecían estar confundidos en cuanto a que cosas que estaban prohibidas.
Becky Montag, quien estaba tratando de abordar un vuelo a Salt Lake, dijo que se le pidió que se deshaga del agua y el jugo de las tazas de sus hijos. El departamento de La Seguridad Nacional dijo que sí permitía a niños abordar a un avión con sus bebidas.
“Efecto de acordeón”
En Durango, los funcionarios del aeropuerto dijeron que la mañana fue tranquila. Pero aproximadamente a las 11 a.m. ellos empezaron a ver el “efecto de acordeón” a medida que los vuelos de Denver, Salt Lake y Phoenix empezaron a retrasarse, pues empujaron la salida de los vuelos de Durango, dijo Don Brockus subdirector de aviación del aeropuerto.
A medida que la mañana avanzaba y las líneas de personas en el DIA disminuía, algunos de los que pretendían volar tuvieron que hacerse al dolor y acomodarse a la situación. Un hombre salió del baño del Concourse B llevando un cepillo de dientes pero sin pasta dental.
Pero aun así el se dio modos para mantener sus buenas prácticas sanitarias, él dijo. “Todavía hubo un poquito de pasta dental en el cepillo.”
Los escritores Jeffrey Leib, Erin Emery, Nancy Lofholm, Electa Draper y Kirk Mitchell contribuyeron a este reportaje.
Se puede comunicar con el escritor Carlos Illescas al 303-820-1175 o al cillescas@denverpost.com.






