
Elías Santistevan colgaba el teléfono a los negociadores de la policía durante un enfrentamiento de cinco horas sucedido el lunes, pero continuó contestando el teléfono y hablando cuando ellos le llamaban de vuelta.
Los expertos en situaciones de rehenes dicen que los negociadores deben usar sus habilidades de comunicación para construir un cordón umbilical psicológico con la persona que ha tomado rehenes, para convencerles de que se calmen y se rindan.
El perder esa conexión puede costar vidas, como sucedió la semana pasada en un complejo de apartamentos al sureste de Denver cuando Santistevan tomó un arma, disparó a su hijo de 5 años, Deion, y luego se mató.
“Es algo que uno lleva consigo por el resto de la vida,” dijo el negociador de rehenes jubilado de la FBI Clint Van Zandt, quien trabajó en Waco, Texas, cuando niños fueron asesinados durante un enfrentamiento en el complejo Branch Davidian.
“Uno yace en la cama en la noche y dice, ¿Que es lo que se me escapó? Debía haber actuado antes.’ Uno se la pasa con el debía’ constantemente porque alguien murió durante su guarda,” dijo Van Zandt.
Doug Stephens, comandante del equipo de negociaciones de crisis de Denver, dice que el estabilizar las emociones de mayor intensidad en una persona puede realizarse sólo cuando se escucha y se entiende claramente lo que la persona está tratando de decir acerca de su situación.
“Obviamente, no se parece en nada a las películas. A veces no es tan fácil como lo hacen aparecer,” dijo Stephens. “La mayor parte de veces es simplemente hablar con gente o hablar por teléfono o un megáfono y tratar de calmarlos.”
Los negociadores de rehenes de Denver, en su mayoría, son detectives de la división de investigación criminal del departamento de policía, quienes dan su tiempo voluntario para este trabajo extra.
Todos los 24 miembros del equipo han pasado un mínimo de 40 horas de entrenamiento en escenarios reales de casos, desarrollados por el FBI. Así mismo ellos reciben periódicamente entrenamientos en los cuales tratan, a través de juegos de roles, con personas que han tomado rehenes o personas perturbadas emocionalmente.
Van Zandt, quien recientemente publicó un libro, “Facing Down Evil,” acerca de su trabajo como negociador del FBI, dice que el medir el potencial de Santistevan para la violencia, es algo que los oficiales probablemente hicieron el momento que se contactaron con él.
“Yo he tenido personas que me dijeron que van a morir, y que van a morir en ese momento, añadió Van Zandt. “Yo les he dado una razón para que vivan por una hora más o por las siguientes 24 horas.”
Aquellos que toman rehenes, frecuentemente hacen demandas a la policía. En el caso del lunes, Santistevan demandó tiempo para hablar con su esposa.
Van Zandt dice que cuando las personas piden hablar con sus amigos y familias, puede ser una señal de que están tratando de dar su último testamento antes de morir.
Pedidos de comida, agua, transporte, dinero o la promesa de escapar de un juicio, son todos signos de que la comunicación todavía es posible, indicó Van Zandt.
Una de las maneras para persuadir a la persona para que se rinda, es minimizar el lío en el que ellos se han metido
”Usted puede ser Gandhi pero no podrá convencerles de que no cometan suicidio,” dijo Van Zandt. “Ellos ya han tomado la decisión y no van a cambiar de parecer.”
Los amigos de Santistevan trataron de decirle que él no serviría mucho tiempo en la cárcel si es que se rendía.
“Usted tiene que medir que tan enojado, que tan malo, que tan vengativo está en contra de su esposa,” indicó Van Zandt. “El último castigo seria quitarle la vida a su hijo.”
No se sabe a ciencia cierta si el hablar con amigos y la familia ayuda de alguna manera en el punto muerto o no.
“Yo he permitido que la gente hable con extraños,” dijo Van Zandt. “A veces este tipo de gente si ayuda, el reto es que ellos no son negociadores entrenados.”
En casos cuando el permitió que otros hablen con los captores de los rehenes, Van Zandt les daría una pequeño curso de 5 minutos acerca de negociación, se sentaría a su lado y les pasaría notas acerca de las cosas que deben decir y las cosas que no.
La esposa de Santistevan, Chanell Trujillo, criticó a la policía por la manera en la que manejaron el secuestro y los problemas domésticos que la pareja estaba teniendo. Ella indica que un hombre conocido por ella como Mike, que fue mantenido como rehén dentro del apartamento en esos momentos, le dijo que la policía prematuramente empezó a tirar granadas destellos-golpes dentro del departamento, haciendo que Santistevan empiece a matar.
La policía de Denver sostiene que Santistevan disparó primero y que luego tiraron las granadas destellos-golpes dentro del apartamento.
Van Zandt dice que algunas veces los negociadores alcanzan un punto crítico cuando ellos creen que el hombre va a matar a uno de los rehenes y decide que tiene que emplear ciertas tácticas para salvar sus vidas.
Los oficiales del SWAT de Aurora llegaron a ese momento el 15 de noviembre del 2003, cuando Alexander Max Ishmael Valdez de 31 años, empezó a disparar varios disparos dentro de su apartamento en el bloque 9900 del este de Louisiana Drive.
Su novia estaba escondida del armario de la habitación con su hijo de 14 años, cuando llamó a la policía a las 6:10 a.m. desde su celular.
Cuando la policía llego, ellos escucharon disparos de pistola y se protegieron. El equipo SWAT fue llamado a la escena, dijo Rudy Herrera, portavoz de la policía. Después de escuchar más disparos, los miembros del equipo SWAT simultáneamente entraron de golpe por la entrada del apartamento y volaron un agujero en la pared del apartamento adyacente que llevaba al dormitorio donde la novia y su hijo se estaban escondiendo. La novia y su hijo salieron ilesos.
Valdez hizo otro disparo. Uno de los miembros del equipo SWAT fue herido en el pie, dijo Herrera. Los oficiales respondieron al disparo y mataron a Valdez.
El 5 de julio, la única persona a la que el marino de los Estados Unidos Joshua Christianson estaba amenazando era a si mismo, dijo el teniente Rick Arnold, comandante del equipo SWAT del Departamento de Policía de Loveland.
Angustiado y aparentemente con miedo de ir a Irak, el mantuvo a los oficiales del SWAT en raya durante siete horas con un rifle de asalto militar, en un callejón sin salida. A veces el se apuntaba a la cabeza con una pistola con balas y con el dedo en el gatillo, dijo Arnold.
En orden descendiente de prioridad, los oficiales consideran la seguridad de los rehenes, de los transeúntes, la policía y finalmente del sospechoso, él agregó.
Los miembros del equipo SWAT le tiraron una bolsa con un teléfono celular para poder hablar con él, dijo. Pasaron horas negociando mientras él amenazaba con quitarse la vida.
“Buscábamos una oportunidad cuando el tuviese el dedo lejos del gatillo,” añadió Arnold. “Usted tiene que tomar ventaja de esas oportunidades o dejarlas pasar para siempre.”
La oportunidad llego cerca del mediodía. Christianson apunto el rifle hacia el piso y quitó el dedo del gatillo para contestar la llamada de un negociador de Loveland.
Los oficiales detonaron seis granadas destellos-golpes y le dispararon dos veces en el hombro con balas de goma. El equipo de francotiradores de SWAT tuvo sus rifles apuntándole en caso de que Christianson tomara medidas agresivas y se necesitase utilizar la fuerza, él indicó.
Pero afortunadamente, Christianson cayo sobre su estomago y extendió sus brazos rindiéndose, indicó Arnold.
“Nosotros creemos muy profundamente que estamos en el negocio de salvar vidas,” él dijo. Los oficiales creen que salvaron la vida de un joven soldado ese día, añadió.
Aun si el escenario que Trujillo describe acerca de los oficiales de Denver haciendo los primeros movimientos, prueba ser verdadero, Van Zandt dice que eso no significa que los negociadores o la policía hicieron nada malo.
“Las autoridades tendrán que tomar esa decisión. Ellos tenían que entrar por el bien del niño.”
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