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John Ingold of The Denver Post
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Wheat Ridge – El ataúd al frente de la habitación era de cuatro pies solamente, cortado prematuramente como un enunciado incompleto.

Corto como la vida de Deion Santiestevan.

Apoyado en una mesa alta porque era muy chico para las bases que la funeraria normalmente utilizas. Y el domingo, aquellos que se acercaron – para observar las flores anaranjadas brillantes y el osito de peluche arriba, para ver los juguetes favoritos del niño como las Teenage Mutant Ninja Turtles enseguida, casi cuidándolo, a Deion dentro – con preguntas y dolor.

“Quiero besarlo, y quiero tocarlo,” dijo una mujer mientras veía al niño de cinco años. “Pero no lo alcanzo.”

“Te quiero tanto,” le decía.

“Es un día muy difícil para todos nosotros,” dijo Eloy Trujillo después. “Es como vivir una pesadilla. No quiero creer que ya no está.”

Deion murió la tarde del 7 de agosto cuando su padre, Elías Santiestevan, le disparó en la cabeza, y después se quitó la vida en un enfrentamiento con la policía.

El domingo, en el funeral de Deion en la funeraria Olinger de Crown Hill, Trujillo no podía ni siquiera decir el nombre de Elías Santiestevan.

La familia trató de bloquear el enojo de como murió Deion y pensar mejor en el niño sonriente que todos recuerdan. En el recibidor de la funeraria había media docena de pósteres cubiertos con fotos de Deion – en el Día de las Brujas disfrazado como Shrek, sonriendo en su silla, jugando en sus pijamas, riendo enseguida de su madre.

Pero en conversaciones calladas fuera de la capilla, no se pudo escapar el coraje y confusión sobre la muerte de Deion.

“¿Porque se atrevería a hacer eso? ¿Porque le dispararía a su propio hijo?” preguntó Trujillo. “Debemos de intentar recordar las buenas memorias con Deion.”

Lucy Gonzáles, la bisabuela a la cual Deion siempre llamaba “Abuela Tortuga” por los juguetes de los Teenage Mutant Ninja Turtles que ella le daba, dijo que el hecho de que el acto no tuvo sentido lo hacia aun mas doloroso.

“Todos tenemos que irnos,” ella dijo, “pero no tan chicos. No a los cinco años.”

Y luego ahí estaba Jeff Barela, el tío de Elías Santiestevan. Barela dijo que no podía ni pensar que Santiestevan había asesinado a su propio hijo.

“Es horrible”, dijo Barela. “No puedo siquiera describirlo. Voy a tratar de ser fuerte. Ni siquiera quise entrar.”

Hoy a la 1:30 p.m., en la Iglesia Católica del Espíritu Santo (Holy Ghost Catholic Church), la familia atenderá la misa de funeral, para darle una ultima despedida.

Pero antes de eso, había algo que Elroy Trujillo dijo necesitar hacer.

Cerca del final del funeral, levantó a Yariah, la hermana de Deion de 2 años, y caminó hacia el frente de el cuarto, de rumbo al ataúd de Deion. Mientras su abuelo le susurraba al oído, Yariah veía a la gente junta, volteó hacia las personas que se habían reunido, hacia las caricaturas – las favoritas de Deion – que estaban en la televisión y apuntó hacia el globo flotante del Hombre Araña flotando arriba. Finalmente, tomó un largo vistazo dentro del ataúd.

“Ella no se da cuenta de lo que ha pasado,” dijo Trujillo. “Pero tenia que verlo…simplemente no quería que después pensara que había pasado con su hermano.

Se puede comunicar con el escritor John Ingold al número 720-929-0898 ó al jingold@denverpost.com.

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