Ciudad Juárez, México – El miércoles, un juez de El Paso ordenó que un ex residente de Denver, Edgar Álvarez Cruz que sea llevado a México, donde las autoridades le arrestaron en conexión con una serie de crímenes notorios que hace cinco años golpearan a esta creciente ciudad hasta los huesos.
Los investigadores que están tratando de conectar al inmigrante ilegal de 30 años, detenido en Denver el mes pasado, con una serie de asesinatos de por lo menos 10 mujeres, tienen ahora que vencer grandes obstáculos: los antecedentes de empleo revisados por el Denver Post indican que Álvarez Cruz estuvo en Colorado cuando muchos de los asesinatos ocurrieron en Ciudad Juárez.
La información oficial en el caso en contra de Álvarez Cruz es escasa, pero un portavoz para el fiscal general del estado de Chihuahua, confirmó el miércoles que él había sido acusado de asesinato.
Los asesinatos y desapariciones no resueltos de más de 350 mujeres ha perseguido a Ciudad Juárez a través del Río Grande desde El Paso, por más de una década y media.
Las autoridades mexicanas han dicho que Álvarez Cruz es un sospechoso en los asesinatos de ocho mujeres, cuyos cuerpos fueron descubiertos en noviembre del 2001, y de por lo menos otro grupo cuyos cuerpos aparecieron un año después. Pero no está claro si ellos creen que él es substancialmente responsable o que jugó un papel pequeño en este caso.
El miércoles, Álvarez Cruz fue llevado a través del puente entre El Paso y México a las 3:30 p.m. por un grupo de oficiales de la policía y agentes de inmigración armados, quienes le entregaron a la policía estatal de Chihuahua. Preguntado por un reportero si es que estuvo involucrado en los asesinatos, Álvarez Cruz negó con su cabeza vehementemente que no.’
Cuando Álvarez Cruz fue arrestado en Denver el 15 de agosto, el embajador a México, Antonio Garza dijo que era un gran avance de la justicia en los casos de Juárez; y esta semana el personal autorizado de la embajada confirmó esta aseveración.
Pero familiares y amigos de Álvarez Cruz tanto en los Estados Unidos como en México -incluyendo Beatriz Sánchez, su ex esposa y madre de su hijo- han utilizado recibos de pago, fotos familiares y una cronología detallada para tratar de establecer una coartada para él.
Ellos le describen como un hombre trabajador, quien ha podido levantarse y salir de un barrio pobre de la Ciudad Juárez; así como también como un hombre que dedicó su tiempo para apoyar a su hijo discapacitado de Denver.
Recibos de pago así como otros registros de All Phase Concrete Construction, indican que Álvarez Cruz trabajó tiempo completo para la compañía localizada en Denver, desde mediados de julio del 2001 hasta noviembre 7 del 2001; cuando los ocho cuerpos que las autoridades vinculan con Álvarez Cruz, fueron encontrados en Ciudad Juárez.
De esas ocho muertes, referidas localmente como las muertes de los Campos de Algodón, cuatro de las mujeres desaparecieron durante el tiempo en que los documentos indican que Álvarez Cruz estuvo en Colorado.
Beatriz Sánchez, vuelta a casar y ahora viviendo en Texas dijo que él se unió a ella en Colorado en abril del 2001, por un período que cubriría por lo menos dos más de las desapariciones de los Campos de Algodón.
Otro empleador de Denver -el subcontratista Heladio Márquez- dijo que él recuerda que Álvarez Cruz trabajó para él haciendo revestimientos para casas por unos pocos meses al inicio del 2001. “El fue un buen trabajador, pero era muy callado”, dijo Márquez.
En un segundo grupo de cinco cuerpo identificados -conocidos como los asesinatos del Cristo Negro- por lo menos dos de las muertes han sido reportadas como que están conectadas con Álvarez Cruz por las autoridades mexicanas. Pero los documentos indican que él estuvo en Colorado durante el tiempo en que se reportó cada una de las desapariciones.
“No es lógico. El estuvo en Colorado durante este tiempo”, dijo su padre Fidel Álvarez Villamil, quien estaba sentado en el patio de la casa del hermano de Álvarez Cruz en la ciudad de Juárez, el día martes. “Imaginase mi desesperación. Cuando yo vi las noticias, me volví loco”.
Aquí mientras crecía, Álvarez Cruz conoció a José Francisco Granados de la Paz y a Alejandro Delgado. Granados ahora está en una prisión de los Estados Unidos, mientras que los medios de comunicación han reportado que Delgado, que creció junto a Álvarez Cruz, está en alguna parte de México y podría estar sirviendo como un testigo protegido.
Una fuente con conocimiento de la investigación mexicana dijo que las autoridades están siguiendo pistas que sugieren que Álvarez Cruz y otros dos hombres fueron parte de una pandilla localizada en los barrios de Ciudad Juárez.
La policía dijo que Granados envió cartas desde la prisión a familiares en México, dándoles detalles de las muertes, de acuerdo con los familiares interrogados para la investigación. La familia de Álvarez Cruz sospecha que Granados -relacionado con Álvarez Cruz por matrimonio- involucró al trabajador de cemento de Denver en estos crímenes.
La policía ha cuestionado a los miembros de la familia acerca de un pequeño carro Renault que Álvarez Cruz tuvo alguna vez, dijo su padre, lo cual puede indicar que el carro has sido vinculado en algunos de los asesinatos.
Pero los miembros de la familia insisten en que cualquier alegato de que Álvarez Cruz haya estado involucrado en los asesinatos no calza con lo que ellos conocen de su carácter y su paradero durante el tiempo en el que se cometieron estos crímenes.
Beatriz Sánchez dijo que fue a vivir con Álvarez Cruz a principios de los 1990. En 1996 ellos tuvieron un hijo severamente discapacitado y que todavía no puede hablar ni caminar.
Aun cuando la pareja se separó por un tiempo a finales de 1990, Sánchez dijo que ella vivió en una de las casas del recinto familiar hasta que se mudó a Denver en el 2000, y que Álvarez Cruz solía trabajar largas horas en la lavadora de carros con el fin de pagar las medicinas y terapia física de su hijo.
Ella dijo que Álvarez Cruz se unió a ella en Colorado en abril del 2001, donde vivieron juntos por más de un año antes de separase una vez más, y esta vez para siempre.
Ahora una residente permanente, Sánchez dijo que mientras que rara vez lo ve, Álvarez Cruz continuo pagando la pensión alimentaria de su hijo hasta el momento de su arresto.
“Cuando mi hijo fue pequeño, Edgar fue su vida entera”, dijo Sánchez. “El vivía y trabajaba para nuestro hijo”.
El escritor Manny Gonzáles y el investigador Monnie Nilssen contribuyeron a este reportaje.






