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Chilpancingo, México

Una casa pequeña hecha con paredes de adobe y con pisos de concreto, se transforma cada noche en un sitio de luto por una mujer que fue arrastrada hasta su muerte, “al otro lado.”

Más de 40 vecinos, amigos y familiares se sientan en sillas plásticas o plegables, bajo un techo de láminas de metal que suena como una cascada metálica cuando llueve. Como lo han hecho cada noche, por los últimos 11 días, el grupo recita el rosario y canta oraciones en memoria de Luz María Franco Fierros.

“Madre mía, tu estas en el cielo,” cantan ellos.

Franco Fierros dejó esta ciudad del sur de México hace más de un año con el fin de traer el sueño americano a su familia. Ella ganaría el suficiente dinero para construir una casa mejor en Chilpancingo y abrir su propia pozolería una tienda que sirve sopa mexicana hecha ha base de puerco.

Ella no les dijo nada a sus cuatro hijos, el último de los cuales tiene 17 años, en cuanto a que iba irse. Pero se aseguró que el pueblo que ella tanto quería mantenga a salvo a su familia, mientras ella estuviese fuera.

“Les dejo mis a hijos,” dijo ella a Lydia Rodríguez Chino, en mayo del 2005, a una de sus muchas amigas. “Mire por ellos, y si necesita póngalos en raya. No me importará.”

Una activista comunitaria

Ella estuvo al frente de la lucha por el agua, electricidad y calles pavimentadas para su vecindario y persuadió a los vecinos para la construcción de una capilla.

Franco Fierros fue una celebridad en Chilpancingo, una pueblo de aproximadamente 150,000 habitantes, localizado a lo largo de la carretera principal que une a la ciudad de México con Acapulco. Ella fue elegida presidenta de su vecindario en los 1990 y dirigió la lucha por el agua, electricidad y calles pavimentadas. Ella fue la cabecilla en los esfuerzos por recoger fondos para construir una pequeña capilla.

“Ella era muy trabajadora y hacía que la gente quiera ayudarle,” dijo su vecina María de Jesús Chávez. “Ella nos unió a todos para trabajar juntos también en la construcción de la capilla.”

Franco Fierro dijo a sus amigos que estaría de regreso en México para la navidad. En vez de eso, ella regresa hoy en un ataúd, dos semanas después de su muerte.

Los amigos y la familiares tratan de entender cómo pudo haberle sucedido esto a una de las suyas un lazo alrededor del cuello, halada detrás de un camioneta por más de una milla en una calle pavimentada al norte del condado de Douglas.

Después de su entierro del día martes, la oraciones nocturnas se reanudarán, de acuerdo con la tradición católica.

La sanidad interior, sin embargo, tomará mucho más tiempo.

“Ahora estamos esperando por ella,” dijo Blanca Leyva Franco de 27 años, una de las hijas de Fierro. “No sé cuantos días pasarán hasta que podamos volver a vivir nuestras vidas nuevamente de manera normal, pero nunca volverá a ser como antes.”

De cerca aun cuando lejos

Aun cuando ella no dijo a su familia que se iba para los Estados Unidos, a lo lejos ella se mantuvo en contacto telefónico, diariamente si es que los hijos lo necesitaban.

Franco Fierros de 49 años, arribó a Denver en mayo del 2005. Ella llamaba a sus hijos seguido, algunas veces sólo para saludarles y para decirles cuando se iba a trabajar. Ella les preguntaba acerca de sus problemas, sus rutinas y sus amigos.

Ella llamó todos los días cuando su hija Esmeralda Leyva Franco de 25 años, perdió a su bebé prematuramente.

“Aun cuando ella estaba lejos, nosotros podíamos sentir su amor y aliento,” dijo Blanca.

Franco Fierros llamó a su casa por última vez el 17 de septiembre y conversó con su hijo de 17 años, Diego Dionisio Franco. Cuatro días más tarde, un amigo les llamó desde Denver diciéndoles que Franco Fierros no se había reportado a trabajar.

En pocas horas, los hijos recibieron noticia de que su madre estaba muerta, pero nadie de Denver tenía el coraje de decirles a los hijos como había muerto.

El café Internet localizado en la esquina de El Amate, la colonia donde ellos viven, les proveyó de todos los detalles. Al día siguiente el cónsul general de México en Denver, llamó para confirmar la muerte de su madre.

Aun cuando ellos saben que fue su madre la que encontró su suerte fatal en ese camino del condado de Douglas, ellos no pueden sino desear un desenlace diferente.

“Aun ahora estamos esperando y con la esperanza de que haya sido un error,” dijo la hija mayor de Franco, Natividad López Franco de 31 años.

Los dolientes se reúnen

Un altar improvisado en la casa que está rodeada de flores, velas y fotos de Franco Fierros. Sus hijos se preocupan de los visitantes.

Las visitas llegan sin parar a la pequeña casa de Franco Fierros ubicada en la calle Tabachines, que corre a lo largo de una carretera principal de El Amate.

Las visitas van desde el presidente de la municipalidad hasta los vendedores a los cuales Franco Fierros les compraba mercancía, hasta amigos que viven en la ciudad de México.

“Si usted le hubiese conocido, usted la hubiese seguido ella era una mujer excelente,” dijo Guadalupe García, una amiga de la ciudad de México que se está quedando con los hijos hasta el rosario final. “Ella tenía solidaridad por las personas cuando estas pasaban por tiempos difíciles. Ella estuvo allí conmigo cuando se enteró de que mi esposo había muerto. Ella abría su corazón y se lo daba a los demás.”

En la casa, los hijos de Franco Fierros, se apresuran para asegurarse que todos tengan un sitio donde sentarse, así como de servirles té y pan dulce.

“Ella nos enseñó a seguir adelante, a siempre buscar lo mejor y a abrir nuestras casas y nuestros corazones a las personas, dijo Blanca.

Muchos de manera sombría entran calladamente por la puerta de enfrente para el rosario nocturno y para visitar el altar improvisado -donde sus rosas favoritas, otras flores y velas destellantes, rodean las fotos de Franco Fierros con un rostro sonriente. Un pedazo de pan dulce y un vaso de agua, son colocados en el altar esperando el regreso de su espíritu.

“Ella nos dijo que cuando muera quiere que toquemos música y que no estemos tristes,” agregó Natividad.

El hogar le llevo al otro lado de la frontera

Ella pagó a alguien para que le ayude a cruzar la frontera hacia los Estados Unidos, donde ella planeaba trabajar por un año y medio en el fin de conseguir dinero para terminar su casa.

Mucho del deseo de Franco Fierro para venir a América giraba alrededor de su casa que ahora permanece sin terminar. La cocina y las gradas de concreto están descubiertas y abiertas a la intemperie, mientras que el área de la vivienda está protegida por un techo metálico crudamente construido.

Franco Fierros planeaba comprar tejas para el techo y ella quería cambiar las paredes de adobe con madera y concreto. Ella esperaba utilizar parte de la sala para establecer su tienda de sopas.

Lo hijos ya han empezado a guardar dinero para pagar la deuda con el fin de poder quedarse con la casa que tanto amaba su madre y el sueño que la empujó a perseguir un mejor futuro.

Sin embargo, es difícil para muchos entender el porqué se fue. Después de todo, dicen los amigos, ella era dueña del lote de terreno y podía pagar las cuentas mes a mes vendiendo vegetales, baratijas y pozole.

“Cuando supe que ella se había ido, me preocupe por ella,” dijo Clemente Hernández Sánchez, un vendedor del mercado; quien le vendía a Franco Fierros el puerco para su pozole. “Ella trabajaba muy duro aquí, y yo no creí que ella necesitaba irse. Ella siempre trabajó.”

Si, ella ganaba lo suficiente para el diario, pero nunca lo suficiente para hacerse de una vida mejor, dijo Natividad. Y las deudas seguían creciendo. Franco Fierros había hecho un préstamo durante los tiempos más difíciles, para poder pagar la casa y las cuentas de los servicios públicos.

“Esa es la razón por la que se fue (a América) para trabajar, para no perder su pedacito de tierra,” dijo María Elena Saltos Rodríguez. “Sería muy doloroso que después de todo el dolor y sacrificio pierda la casa.”

Así que Franco Fierros se fue para América, aun cuando ella no escogió Denver. Fue el lugar de destino de aquellos a los cuales pago para que le ayuden a cruzar la frontera.

Después de poco tiempo ella empezó a enviar fotos a sus hijos, de la nieve cayendo, de su primera fiesta de cumpleaños en América y de sus amigos en Taco Bell, donde ella trabajaba.

Ella también envió fotos de su nuevo novio, José Luis Rubí-Nava. Los hijos dicen que no saben mucho acerca de Rubí-Nava, el hombre acusado de la horrenda muerte de su madre.

Blanca hablo con él sólo una vez.

“Todo lo que supe es que vivían juntos y que él la cuidaba,” dijo Blanca. “Ella parecía estar feliz y bien; aun cuando nos dijo que ellos a veces tenían discusiones, a nosotros esto nos preocupo.”

Los hijos dijeron que la pareja probablemente se conoció en un salón de baile o en una fiesta. Ellos dijeron que su madre parecía estar alegre y ocupada.

“Nosotros pensamos que eran como cualquier pareja normal,” indicó Natividad.

Ecos del futuro

Sus hijos esperan que todo sea una error y que su madre está todavía viva. Ellos también han pensado cruzar la frontera en busca de trabajos más lucrativos.

Los recuerdos de Franco Fierros están alrededor de toda la casa el Jesús en la pared, las figuritas de cristal, el lobo de peluche que le envió a Diego, la pantera rosa que le compró para Blanca.

“Cuando suena el teléfono, todavía pienso que puede ser ella,” dice Diego quien tiene los ojos verdes de su madre.”

Blanca visita el café Internet por lo menos dos veces al día para buscar nuevos reportes acerca de la muerte de su madre y del caso en contra de Rubi-Nava de 36 años. Ella imprime los artículos y baja segmentos de la televisión acerca del caso.

Cuando ve escenas aéreas de la escena del crimen, ella siempre llora.

“Yo me empiezo a imaginar lo que le sucedió y lo duro que ella trabajó para que nosotros podamos salir adelante,” dijo Blanca. “Yo me imagino ese mismo momento, lo que él estaba pensando y lo que ella estaba pensando, yo se que ella pensaba en sus hijos.”

La muerte de su madre, no a disuadido a Natividad o Blanca para que consideren un viaje a los Estados Unidos para encontrar un mejor trabajo. A Natividad le gustaría comprar una casa para sus cuatro hijas. Es la única manera, dijo ella, de poder ganar $ 10,000 a $ 20,000 para comprar un pedazo de tierra en el vecindario de Chilpancingo.

Para Blanca más bien sería una manera de reconectarse de alguna manera con su madre.

Y de ser posible, tratar de entender los últimos días de vida de su madre, aun sus escalofriantes últimos momentos.

“Yo quiero ver donde sucedió y poder poner flores allí, para mi mamá,” dijo Blanca. “Quiero visitar donde vivió, donde trabajó. Quiero estar donde ella estuvo.”

La escritora Elizabeth Aguilera puede ser contactada al 303-954-1372 o al eaguilera@denverpost.com.


El siguiente paso

El cuerpo de Luz María Franco Fierros, la mujer que fue arrastrada hasta su muerte, debía llegar a la ciudad de México el domingo en la noche. Ella debe ser enterrada en su ciudad natal el martes por la mañana.

Como ayudar

Se pueden hacer donaciones para la familia al Wells Fargo Bank a la cuenta a nombre de Luz María Franco Fierros. La casa funeraria que manejó sus restos mortales, la Funeraria Latina, ha pagado por adelantado el dinero para devolver el cuerpo a su tierra natal. La mortuoria será reembolsada por los gastos, aun cuando no se sabe claramente quien los pagará.

Ayuda del gobierno

El gobierno mexicano ha ofrecido pagar todos los gastos de la repatriación de los restos mortales de Franco Fierros a su tierra natal de Chilpancingo, en el estado mexicano de Guerrero. Pero Franco Fierros también califica para el fondo de indemnización de víctimas a través del Distrito Judicial N.18. La coordinadora del fondo de indemnización de víctimas del distrito, Wendy Buker dijo que ella está consciente de que se ha hecho una aplicación a nombre de Franco Fierros, pero que el caso todavía no ha sido considerado.

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