
St.Louis – David Eckstein se paró a la entrada del clubhouse, ya no le dolía su tendón derecho y el músculo oblicuo ya no le palpitaba. La champaña adormeció el dolor y su cuerpo estaba mojado, rociado por el líquido que venía de todas las direcciones.
La foto de Eckstein recibiendo abrazos de sus compañeros, con lágrimas en sus ojos permanecerá como una imagen perdurable de lo que fue la Serie Mundial del 2006. En los libros de historia se verá más bien como un clásico de cómo en realidad se dieron las cosas; pero el resultado resonará para siempre desde el pináculo que sacudió la final y que fue desde el Arch hasta el Missouri Bar y Grill.
Los Cardinales de St. Louis Cardinales golpearon a los Tigres de Detroit en la cabeza con un zapato de cristal, ganándoles 4-2 el día viernes; reclamando así su 10mo título en la Serie Mundial y el primero en 24 años.
No fue acerca de un jugador o de una jugada, fue acerca de todo un equipo jugando juntos, dijo Eckstein, el MVP de la serie luego de batir .364 con seis batazos y cuatro RBI en sus últimos cuatro juegos. Toma el corazón, toma movimiento, toma confianza de que uno puede alcanzar sus metas.
Todos en St. Louis aman a Eckstein. El es su mascota -con un cuello reforzado y mechones entrecortados. Y mientras que su historia de haber venido de los de abajo, refuerza su talento; el simboliza los éxitos improbables de los Cardinales. El es la idea del último momento. Supuestamente el no debe hacer nada increíble. Su equipo tiene 83 victorias, haciéndoles el equipo menos dotado que haya existido en la historia de la Serie Mundial.
Bueno, cuando se gana un título, uno no puede ser de las peores cosas, dijo el jardinero Preston Wilson, quien reclamó su anillo 20 años al día de que padrastro lo hiciera. Mookie Wilson se convirtió en campeón con los New York Mets. Nadie va a recordar el record. Ellos van a recordar las escenas en el clubhouse
Para aquellos que si llevan cuenta de esas cosas -este fue un evento para decir yo estuve allí para toda la región- el novato Adam Wainwright dio el último respiro a los Tigres. El sacó a Brandon Inge con una bola curva, causando que una multitud de 46.638 entre en delirio. Fue la exclamación perfecta para la actuación de ocho entradas y dos carreras realizadas por Jeff Weaver.
Una hora después de último out, los familiares, jugadores y entrenadores se estaban tomando fotos en el montículo, algunos estaban dando besos al plato.
Usted tiene que entender que yo no pensaba que iba a estar en la lista para las finales. Nunca pensé que iba a terminar siendo un cerrador, dijo Wainwright. No tengo palabras para describirlo. Nunca pensé que esto me llegaría a pasar.
Tampoco lo pensaron los reporteros de béisbol ni los que estiman probabilidades. Los Cardinales entraron en las finales como un tiro largo de 12 a 1. Aun luego de vencer a los Padres de San Diego y a los Mets de New York, nadie les dio muchas posibilidades. Pero este no fue el mismo equipo que el manager general de los Cardinales, Walt Jocketty admitió que jugó terriblemente los dos últimos partidos de la temporada.
Cuando los Cardinales llegaron a San Diego para el primer partido de las eliminatorias, Eckstein, Jim Edmonds y Scott Rolen regresaron a la alineación. Swagger les siguió.
Fuimos un equipo totalmente diferente, dijo Jocketty. Nosotros ganamos 100 de los 105 juegos en temporadas anteriores a esta y aun así no ganamos el campeonato. Esto indica lo importante que es jugar de la mejor manera al final.
Ciertamente ese no fue el caso para los Tigres. Después de desarrollar una encantadora historia, el arco iris y bastones de caramelo y todas las demás cosas dulces de disolvieron en una laguna de desesperación. Cuando el iniciador Justin Verlander lanzó un tiro alocado a la tercera base en la cuarta entrada, esto marcó el quinto juego en el que un pitcher de los Tigres había cometido un error. Fue lo suficientemente malo que los de Detroit se hubiesen olvidado como batear; pero los Tigers no ofrecieron ninguna resistencia al no poder ni siquiera parar y atrapar.
Es decepcionante cuando uno llega tan lejos y no juega bien, dijo el cerrador de Detroit Todd Jones. Pero no hay vergüenza en perder ante otro equipo. ¿A quien le importa que solo han ganado 83 partidos?…. La realidad es que ellos nos ganaron. Hay una razón por la que ellos son los campeones mundiales.
Los Cardinales hicieron bien las cosas pequeñas. No más que su jardinero corto de 5 pies 7, que fue visto el viernes en la noche con una sonrisa en su rostro y champaña en su mano.
Se puede comunicar con el escritor Troy E. Renck al número 303-954-1301 o al trenck@denverpost.com.

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