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Syed Mukhtar, a 7-Eleven field consultant, looks at flowers employees left at the store. Burton "was a very loving, nice lady," he said. Others called her the "spirit" of her condo complex.
Syed Mukhtar, a 7-Eleven field consultant, looks at flowers employees left at the store. Burton “was a very loving, nice lady,” he said. Others called her the “spirit” of her condo complex.
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Jutte Gallegos Burton fue una mujer con el cabello corto y redonda, quien se pintaba las cejas y que no le importaba mucho la moda.

Amigos de la cajera de la tienda 7-Eleven dijo que tenía risa estridente y le gustaba llamar a la gente “honey”.

Ella le dijo a sus amigos que “papá” -el apodo que le dio a Dios- le protegería mientras que trabajara de noche.

Pero el día antes que fue asesinada en la tienda de Aurora donde trabajaba como cajera, le pidió a un amigo que rezara por ella.

“Ella dijo, ‘No se lo que es, pero no me siento bien'”, dijo Tommy Antonopoulos, un agente de bienes raíces y su amigo.

Gallegos Burton, de 62 años, estaba sola en la tienda ubicada por la Avenida Sexta Este y Calle Havana cuando fue asesinada a las 3:08 a.m. el domingo.

Antonopoulos se preocupaba por ella. Mas de una vez, antes habia pasado por la tienda para cuidarla.

Hay investigaciones conflictas sobre si lo mas seguro para los empleados de tiendas de 24 horas es del trabajar juntos o solos durante la noche.

Margaret Chabris, portavoz para 7-Eleven, dijo que Gallegos Burton, una empleada durante 9 años, pidió la jornada desde las 11 p.m. hasta las 7 a.m. Durante los últimos tres años, no ha habido un incidente violento en la tienda de Aurora, ella dijo.

Chabris dijo que la investigación empresarial -respaldada por un estudio del 1999 del National Institute of Occupational Safety and Health- muestra que el tener mas de un cajero en una tienda puede aumentar la tasa de homicidio.

Sin embargo, un informe publicado un año antes por el Occupational Safety and Health Administration dijo que el tener un cajero aumenta la seguridad en áreas con altos riesgos de crímen.

En Florida, entre las 11 p.m. y las 5 a.m., a las tiendas de 24 horas se les requieren tener más de un cajero de servicio, cerrar la tienda ó instalar vidrio antibalas en la ventanilla si es que un incidente violento no haya ocurrido en la tienda. Colorado no tiene tal ley.

Rosemary Erickson, socióloga quien ha dirigido investigaciones sobre la seguridad al trabajador para las tiendas 7-Eleven, dijo que en Florida, ha habido un descenso en los robos por lo general, en los años desde que la regla de dos-cajeras fue implementado; pero los homicidios aumentó en esas tiendas.

En el tiroteo del domingo, no descartaron el robo como motívo aunque parece que no se llevaron dinero, dijo la policía. No se ha hecho ningún arresto.

Gallegos Burton trató de huír de un hombre quien se extendió sobre el mostrador con una escopeta y disparó, de acuerdo con la policía de Aurora y un video de vigilancia. La cajera murió en un hospital.

Gallegos Burton sabia como defenderse, dicen sus amigas, y que no tomaba las críticas de gente que le faltaba el respeto. Pero al mismo tiempo, ella no era esa clase de cajera quien se mete en peleas con personas quien quiere robar dinero o mercancia.

“Lo que pasó, pasó por pura sorpresa”, dijo Antonopoulos.

Gallegos Burton fue hija única en una granja en Strasburg. Sus amigas dijo que estaba alejada de su hijo, quien podría estar en el ejército.

Chabris dijo que 7-Eleven pagará por los gastos funerarios de Gallegos Burton. La compañía también ha contratado a un detective para que encuentre su hijo ó algún pariente, dijo Chabris.

En la tienda donde trabajaba, los empleados compañeros dejaron encendido una vela y rosas detrás de la caja registradora.

“Fue una conmoción, pero estamos bien ahora”, dijo Syed Mukhtar, un consejero para 7-Eleven. “Fue una dama agradable y cariñosa. Los empleados ha traido flores como un símbolo de respeto”.

Gallegos Burton fue el “espíritu” del complejo del departamentos en Denver donde vivía, dijo Antonopoulos y el inmobiliario, Jim Jones.

Cuando se instaló, cargaba sus pertenencias en bolsas y solo tenia una cama. Los hombres la dieron muebles, las que ya no querían los residentes salientes. También le dieron un televisor, cosa que raramente usó.

“Fue cariñosa. No se porque alguien la dispararía en la espalda”, dijo Antonopoulos. “No se puede hacer eso a una mujer como esa”.

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