
Greeley – Yesenia Montelongo se paró afuera de la planta Swift el martes después de que todos ya se habían ido. Miraba a traves de la verja a un grupo de oficiales federales de inmigración.
“Estoy esperando a mi madre,” dijo la estudiante de 18 años de la Escuela Preparatoria North. “No se donde está.”
Montelongo corrió a la planta el martes por la tarde con la tarjeta de residencia de su madre. Pero no pudo conseguir que nadie la tomara para comprobar el estatus migratorio de su madre.
Al igual que cientos de otros residentes latinos de Greeley, Montelongo no consiguió respuestas afuera de la planta Swift.
Pero los residentes vinieron de todos modos. No había a donde mas ir.
Se juntaron afuera de la planta mientras que oficiales de inmigración llevaban a los trabajadores a los autobúses y camionetas.
Los trabajadores que no tenían sus documentos de inmigración fueron detenidos. Algunos fueron dejados en libertad después. Algunos miembros de familia dijeron que se les dijo que pudieran pasar varios dias antes de que pudieran ver a sus seres queridos otra vez.
Muchos de los que se encontraban afuera de la planta eran familiares y amigos de trabajadores. Otros estaban ahi para protestar la acción del martes, la cual dijeron separaría a familias trabajadoras y posiblemente separar a niños de sus padres.
La acción del departamento de inmigración fue particularmente cruel, dijeron, porque sucedió en el dia festivo de Nuestra Virgen de Guadalupe y vino menos de dos semanas de Navidad.
Cantos furiosos de “boicot contra Swift” y “racistas” fueron repetidos durante la mañna.
“Somos como familia en este pueblo; todos conocen a todos. Para nosotros, esto se siente como un funeral,” dijo la residente de Greeley, Anabell Salazar, quien vino a apoyar a amigos y vecinos. “Va a haber mucha gente sufriendo.”
Para Montelongo, la inseguridad sobre su madre, Concepción Sánchez, le pesaba mucho la tarde del martes.
Montelongo vive con su madre y su hermana de 13 años, Alejandra.
Planeaba recoger a su hermana de la escuela e ir a la casa de su tia.
Daniel López, de 17 años, también esperaba noticias acerca de un familiar el martes por la tarde. Su tio, quien trabaja en Swift, es un inmigrante ilegal de México. López, de quienes los padres murieron, vive con él.
El estudiante de la Escuela Preparatoria Greeley Central está considerando ir a la universidad el año entrante, pero si su tio no regresa, “tendré que trabajar en la comida rápida o algo,” dijo.
Para otros, el dia terminó con sus seres queridos a salvo.
Rosa Romero estaba asustada el martes por la mañana, pensando si su esposo, un inmigrante ilegal, sería deportado. La madre de tres se sintió aliviada al recibir una llamada de él diciéndole que no fue detenido.
Los líderes latinos de la ciudad no culparon al gobierno federal por enforzar la ley. Pero dijeron que los funcionarios de Swift deberían de ser detenidos por emplear a inmmigrantes ilegales por años.
“La gente está robando identficaciones y falsificando documentos; ellos y las compañias que acepta esos documentos deben ser castigados,” dijo el antgiuo consejero de Greeley, Charles Archibeque. “Puedo simpatizar con las familias, pero esto es algo que debemos pensar. Tiene que ser legal.”
Pero otros se mantuvieron furiosos.
Latinos Unidos, un grupo de la comunidad, ayudó a oraganizar una protesta el martes y planeó actividades esta semana en oposición a la acción de inmigración.
“Queremos que la gente sepa que aun estamos aquí,” dijo la organizadora del grupo Sylvia Martínez. “No aceptaremos este tipo de trabajo.”
Se puede comunicar con Greg Griffin llamando al número 303-954-1241 o enviando un mensaje al ggriffin@denverpost.com.



