Cuando la nieve cae tan rápido que los quitanieves no pueden dar abasto, la gente alrededor de la tienda Pappas Grocery al este del centro se alegra.
Aquí los estantes a corta distancia de sus hogares estaban completamente surtidos -lechuga crujiente, uvas chilenas, bistecs, pollo de granja. Para muchos, esto fue mucho mejor que jugársela en tráfico para comprar de las tiendas grandes donde los estantes en algunos casos estaban vacíos.
Mientras pegó una segunda tormenta, el gerente Shaun Johnson y su esposa Stephanie abrieron a las 7:20 a.m., diez minutos más temprano. Cuando pegó la primera tormenta antes de Navidad, estaban ya trabajando al amanecer – viendo la clausura de la avenida 12 como una bendición.
Durmieron en su tienda e hicieron ventas lentas.
“Mucha gente se queja: ‘No puedo salir.’ Pero este barrio se junta muy bien,” Shaun Johnson dijo parado detrás del mostrador.
Lo mismo con negocios alrededor. Enseguida, la mesera Gabreala Afework se burló de la idea de que la nieve pudiera cerrar el restaurante greco Chef Zorba’s.
Allí, la dueña Shellie Tsiopelas estaba poniendo sal en la acera el viernes por la mañana. Cuando los clientes llamaron a su marido, Jimmy, les aseguró que podían llegar. Les había hecho ya un camino especial.
“Es algo esencial que nos mantengamos abiertos para el barrio,” dijo ella.
El cajero de Ace Hardware Alex Abascal trabajaba con una máquina removedora de nieve. Humo de café salía de Diedrich’s.
El podador de árboles Doug Mcllrath, de 54 años, llevaba a su perra labrador negra, Kayla, entre otros perros acostumbrados a las croquetas de leche tiradas de la tienda. Acababa de remover la nieve de una vecina que se lastimó la espalda.
Hasta los talones, el y otros simpatizaban con los trabajadores de la ciudad que batallaban para remover la nieve entre los autos estacionados en la calle.
Maldiciendo a los líderes de la ciudad que inevitablemente exageran o no reaccionan adecuadamente a los pronósticos de tormenta “que ridiculez,” dijo Shaun Johnson.
Sin embargo, dijo que le daría la bienvenida al apoyo de la ciudad a arreglar las luces de la calle, remover el graffitti, y quitar los teléfonos públicos utilizados por vendedores de drogas entre el aburguesamiento de la Avenida Colfax.
Y los líderes de la ciudad “deberían de encontrar dinero para pagarle a la gente sin hogar que quiera limpiar aceras,” dijo el residente de mucho tiempo Aaron Roth.
Ven cabezas calmadas y cooperación -no tecnología- como la clave para poder aguantar las grandes tormentas.
“Seguramente no quisiera un impuesto de ventas más alto para pagar por más equipo que no se utilizaría hasta la próxima tormenta,” dijo el cajero del departamento de pintura David Gilbert, fumándose un cigarrillo mientras la nieve caía.
En las tormentas, “la gente que se cuída la una a la otra” hace la diferencia, dijo Lisa Newell, de 42 años, recordando como los vecinos en su edificio se juntaron para quitar la nieve y despues tuvieron una fiesta.
Gaste dinero en escuelas para mejores beneficios a la larga, dijo Newell mientras caminaba por la tienda, tomando una lata de sopa para el dia.
Se puede comunicar con Bruce Finley en el numero 303-954-1700 o en bfinley@denverpost.com



