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Rita Moreno es una de las actrices más celebradas del país. Ha ganado un Oscar, un Emmy, un Tony y un Grammy. Tiene su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood e incluso recibió la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto reconocimiento del país a un civil por su servicio ameritado durante toda una vida.

Nada mal para una inmigrante que llegó a New York a los cinco años y sin hablar inglés. Eso fue hace 74 años, y Rose Dolores Alverio (el nombre que ella usó antes de conocer a Louis B. Mayer, el magnate de los estudios) ha tenido una vida excepcional.

El 14 de marzo, Moreno compartirá en Denver historias de su vida, incluyendo anécdotas de su trabajo junto a personalidades como Marlon Brando, Susan Hayward y Gene Kelly. Su presentación es parte de la serie de charlas “Unique Lives & Experiences” (Vidas y experiencias únicas).

Moreno hablará de la historia de las películas, el teatro y la televisión, e incluso ofrecerá monólogos de cada uno de esos medios. También hablará un poco de ella misma, sobre aquellos años en los que era encasillada como una “fiera mexicana” o una “doncella indígena”.

“Nunca ha sido fácil”, dijo Moreno.

Moreno nació en Humacao, en aquel entonces una pequeña ciudad en la costa este de Puerto Rico. Sus recuerdos de aquellos años tempranos de su vida son más que nada sensoriales, por ejemplo del bosque tropical El Yunque donde su madre tomaba algunas plantas para entregárselas a su hija. Usando solamente su olfato, la pequeña Rose debía decir qué planta era, lo que “impresionaba muchísimo” a las amigas de su madre.

Moreno se acordó de las mujeres en el arroyo lavando la ropa, golpeando la ropa sobre las rocas y cantando con todos sus pulmones. Dijo que le gustaría saber el nombre de una planta puntiaguda que la gente decoraba con cáscaras de huevos. ¿Quizá planta maya o del centenario?

Y también recordó que tenía una letrina con una puerta que no llegaba hasta el piso. “Si mi padre iba al baño, trataba de espiarlo para ver qué equipo tenía”, comentó riéndose.

Moreno compartió recuerdos vívidos de su abuelo, que era político de una manera que una niña pequeña no enten-día. “Pero la gente venía con pistolas para buscarlo”, comentó de su abuelo que también se sacaba la dentadura postiza para hacerle bromas y la aplaudía cuando ella bailaba.

Moreno probablemente ni llegaba a la baranda cuando ella y su madre abordaron el SS Carabobo. Todavía se asombra del nombre del barco que la llevó a ellas a la ciudad de New York.

“No sé por qué en el nombre de Dios ese barco tenía ese nombre”, dijo Moreno, acordandose que en la travesía se toparon con una fuerte tormenta y que le pareció que habían pasado días antes de llegar.

Llegaron a New York en febrero, cuando habia nieve y hacía mucho frío, y se mudaron a una vecindad donde Moreno contrajo paperas antes de aprender algunas palabras en inglés. En el hospital junto a otros niños enfermos ella decía a otro muchacho, “Hey, boy. Hey, boy”. La respuesta repetida,”cállate”, le enseñó una frase nueva.

“Las cosas no mejoraron por mucho tiempo”, dijo Moreno. “El inglés es un idioma muy difícil. Y había mucho prejui-cio racial. Los niños usaban nombres peyorativos”.

Un año después, una amiga de su madre, que era una bailarina española, vino de visita. “Me vio moverme en la sala y le dijo a mi madre: ‘Creo que Rosita podría tener talento'”.

Para Moreno, que se acuerda “menear su pequeña colita para su abuelo”, bailar era algo natural. A los 17 años, un busca-talentos la llevó a ver a Mayer, el creador del “sistema de estrellas” de Metro-Goldwyn-Mayer.

Bajo contrato con MGM, Moreno hizo 30 películas en los primeros años de su carrera, apareciendo junto a estrellas como Tyrone Power y Gary Cooper.

“Pero durante muchos años solamente me dieron papeles estereotípicos, como la señorita española, o como Conchita o Lolita. Yo ya hablaba muy bien el inglés, pero siempre tenía que hablar con acento. El maquillaje era siempre oscuro. Eso no me ayudó con mi autoimagen”.

Moreno finalmente fue reconocida como un talento serio cuando ganó el premio Oscar por su actuación como Anita en West Side Story.

En años posteriores, Moreno interpre-tó a una maestra irlandesa, una viuda italiana, una prostituta reformada, una evangelista y una dama inglesa, quebran-do en el molde de los estereotipos latinos.

“Eso es lo que se supone que los actores deben hacer. El actor hace el papel de alguien que no es. Tal como Sister Pete en Oz (Moreno es una monja educada como psicóloga en esa serie de HBO). Es maravilloso. No lo considero un privilegio. Soy actriz. Puedo actuar como doctora o como abogada. No sé por qué la gente se asombra. Pero pareció que fue algo asombroso para la gente que seleccionó el elenco para las películas. Incluso ahora, los asiáticos tienen problemas para llegar a interpretar esos papeles. Parecen invisibles. Ciertamente hay más oportunidades para los latinos en el cine y la TV. Pero todavía se tiende a tener personajes que hablen con acento. Esa clase de situaciones mueren muy lentamente y con mucha dificultad”.

Moreno admitió que se siente muy afortunada, especialmente a la luz del actual ambiente anti-inmigrante que, por ejemplo, impide que ciertos hijos de inmigrantes no lleguen a la universidad.

“Lo único que se puede decir es que es una injusticia horrible. Y eso ni siquiera describe al problema adecuadamente”, dijo. “Somos una nación de inmigrantes. ¿De dónde creen que vino la gente del sur del país, o de Kansas, o de Arkansas?”

Sin embargo, cuando Moreno habla especialmente a jóvenes de minorías que le pregunta por qué aceptó esos papeles al principio de su carrera, ella entiende que ellos no conocen su carrera ni saben cómo era antes. Les pregunta que piensan ellos de su propio pasado y agrega: “¿Ha sido fácil para ustedes?”

Moreno dice que no deja de sentir simpatía, pero siempre les habla directa-mente: “Así que eres negro o asiático o latino. Vaya suerte. Supéralo. Deja de creerte víctima y de encerrarte sólo con los tuyos. Otra gente te llevó a eso. No los ayudes. Por el contrario, pregúntate como te ayudarás a ti mismo. ¿Te estás educando? No todos podemos ser estrellas del cine, o bailarines, o cantantes”.


Más información

Rita Moreno, The Denver Post Unique Lives & Experiences

Temple Hoyne Buell Theatre, 1245 Champa, 14 de marzo, 7:30 p.m.

Para boletos: 1.866.449.8118. Precios desde $35.

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