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Bruce Finley of The Denver Post
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La Montaña de Copper Las estaciones de esquí en Colorado quienes han dependido de jornaleros extranjeros temporales ahora están usando un método de los años 60s contratando estudiantes universitarios para cumplir con las necesidades del labor barato.

Pero esta vez, los estudiantes vienen de Súdamerica.

Los pueblos de esquí ahora emplean a cientos de estudiantes extranjeros desde Brasil, Chile, Argentina, Perú, entre muchos bajo un programa estadounidense de intercambio cultural’ que les permite trabajar mientras que disfrutan de la América.

Muchos se quejan que el numero de estudiantes extranjeros cansa el espíritu del intercambio cultura y que daña los trabajadores estadounidenses. Investigadores del Congreso dijeron recientemente que el gobierno falló en hacer revisiones al programa como se requiere.

Entre las montañas coloradenses hay estudiantes sudamericanos arreglando y afilando los esquís, dan las bienvenidas a los clientes, hacen hamburguesas, son camareros y mucho mas todo por alrededor de $8 dólares cada hora, pero algunas veces menos de $2.50, con propinas.

Batallan entre dos trabajos para pagar su vivienda; algunos descubrieron que la vida de un empleado de esquí requiere pelear para espacio de cama y comer comida rápida.

”Ha sido bueno para mi”, dijo un brasileño, Leo Cavalcante, de 21 años, mientras que estacionaba autos. Esta motivado para aprender mas el inglés y pasarla de buena en vez de ganar dinero, agregó.

El programa del gobierno fue desarrollado con tal de “exponer los extranjeros a los Estados Unidos; no fue creado para quitar empleos”, dice Sally Lawrence, administradora de la agencia U.S. State Department’s Bureau of Education and Cultural Affairs.

Las reglas permiten a los estudiantes en vacaciones de verano la cual en el hemisferio sur coincide con el invierno trabajar aquí solo cuatro meses, dijo Lawrence. “La gente aquí en los Estados Unidos no quiere estos trabajos. De lo que yo entiendo, hay una falta de labor”.

No es justo, dice Mark Krikorian, director para el Center for Immigration Studies en Washington D.C., quien favorece limites estrictos sobre contratar empleados fuera del país.

”Una visa cultural se convierte en una visa de trabajo”, dice Krikorian.

Contratando a estudiantes estadounidenses en vez de extranjeros “podrá aumentar el costo del boleto de esquí. Pero, ¿deberás es un función apropiado del gobierno contratar a extranjeros con tal de mantener bajo el costo del boleto?” preguntó.

Una investigación de la oficina, Government Accountability Office, concluyó en octubre que los revisadores del departamento estatal deben hacer mas esfuerzos para controlar los abusos; por ejemplo, los estudiantes quienes se quedan después de la fecha de vencimiento y la explotación de estudiantes, pero según el informe del GAO, una “unidad de conformidad” no fue fundada completamente.

Cada año antes del inicio de la temporada de esquí, los operadores de las estaciones acuden programas del gobierno con tal de construir su mano de obra. Primero, linean casi los 14,000 trabajadores temporales “H2B”, donde entonces, contratan a muchos estudiantes Sudamericanos bajo el programa “trabajo en viaje del verano”.

El departamento del estado dio 106,000 visas J-1′ para ingresar los estudiantes bajo este programa, aumentado de los 71,218 en 2001.

Los visas J-1 permite a estudiantes cambiar de trabajo, no como los 66,000 visas H2H.

Cerca de 52 compañías privadas, designado por el departamento estatal, recluta a estudiantes extranjeros a través de agentes en su propios países. Los estudiantes y sus familias pagan cerca de los 2,500 para las visas, paisaje de avio, entre otras tarifas. Las compañías patrocinadores deben vigilar los estudiantes y reportar sus paraderos en el Department of Homeland Security.

”Si se descubre que una compañía no cumpla con sus responsabilidades, entonces lo llamaran por teléfono para ver que pasa”, dijo Lawrence.

En Colorado, la montaña de Copper contrataron cerca de 200 estudiantes sudamericanos este año, según Sarah Wing, gerente de recursos humanos, mientras que la compañía principal, Intrawest Corp de Vancouver, Colombia Británica, también depende de trabajadores extranjeros en las estaciones Winter Park y Mary Jane.

Vail Resorts Inc., dueño del Breckenridge, Beaver Creek, Keystone y Vail, emplea “uno cientos”, dice Nicole Greener, gerente de personal internacional.

Sin ellos, añadió Greener, Vail Resorts tendría que pensar en nuevas estrategias de labor, ya que lo malo de contratar estudiantes es que solo pueden trabajar cuatro meses. “Eso no es suficiente tiempo para completar una temporada”, dijo.

”La dependencia de jornaleros extranjeros en las estaciones de esquí en Colorado sugiere que no pueden contratar los americanos con lo que pagan”, dice Tom Tancredo, representante republicano de Colorado.

”El programa J-1 se esta usando no para el entendimiento de los Estados Unidos, sino para quitar trabajos” sumó.

Pasado de eso, “la manada de categorías de visas anima el abuso”.

Tancredo favorece un sistema de visa singular.

Este invierno, muchos estudiantes de Súdamerica en el condado de Summit descubrieron lo que muchos trabajadores temían: aunque las estaciones están dispuestos a contratar, simplemente hay una falta de hogares, así que sube los costos.

Como resultado, decenas de brasileños caminaron por la noche en las calles helados y a los 10 grados buscando por un cuarto de motel. Algunos se quedaron con sus gerentes a pesar de los limites de ocupación. Pero, alguien rompió una ventana y allí fue cuando comenzó las peleas.

Algunos se quedaron en el Frisco Information Center entre sus horarios de trabajo para buscar refugio y acceder sus correspondencias electrónicas. Los gerentes del montaña de Copper, cuya unidad dormitorio permanecía lleno, dirigieron los estudiantes a Leadville para encontrar hogares.

”Viviendo en un cuartito lleno por varios meses se convirtió en toda una problema”, dijo Gabriella Rocha, de 19 años, una brasileña con dos empleos en Breckenridge.

”No era la manera en que quería vivir, quería saber cuanto me iban cobrar de renta y donde me iba quedar”.

Algunas madres locales se involucraron, abriendo sus puertas a los estudiantes o llevándolos a la iglesia.

”Alguien debe vigilarlo mas a cerca. No queremos que esto vuelva a ocurrir”, dice Jill Clemente, directora del Frisco Information Center, quien “adoptó” dos brasileños y un estudiante de Nueva Zelanda.

Los estudiantes extranjeros fueron informados de las oportunidades y muchos vinieron por su propia voluntad, dice Janice Haigh, vicepresidenta del Camp Counselors USA, una compañía con sede en California quien reclutó 6,000 estudiantes con visas J-1.

Muchos han puesto sus direcciones como se requiere, continuó, aunque no hay nadie para verificar sus paraderos, así que suponemos que tenemos un grupo de participantes honestos.

Después de un alboroto inicial, los estudiantes se pusieron cómodo y después de trabajar 12 horas, festejaron en un antros de Breckenridge, donde la seguridad ahora revisan pasaportes en vez de las licencias de conducir.

Acerca del trabajo, los sudamericanos traen una ética de trabajo no encontrado por muchos jóvenes americanos. Son amigables y de buen comportamiento y es mas, ellos fortalecen la vida nocturna en este pueblito”, dice Leslie Holmes, gerente asistenta del restaurante Spencer en el Hotel de Beaver Run.

Los estudiantes extranjeros dicen a pesar de los retos, están echando un vistazo a los valores modernos de los Estados Unidos.

”Estoy trabajando tres empleos y comparto una casa con 12 chicos”, dice Bruno Cunha, de 24 años y originado de Brasil.

Ahora, el y su novia se quieren ir y pronto tendrán suficiente dinero para viajar y disfrutar de Europa.

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