
Obras maestras en el lanzamiento han sido inusuales en el Coors Field, pero en un día de Pascual soleado, una multitud de 25,144 personas contemplaron dos.
Por segunda vez en la historia del estadio, hubo un juego de 1-0. El Picasso de Philadelphia fue pintado por Brett Myers. Esparció siete bateadas en 7 turnos y 2/3 para reclamar la victoria.
El Van Gogh de Colorado fue la obra de Aaron Cook, quien discutiblemente lanzó el mejor juego de su carrera, sólo para convertirse en un perdedor. En ocho turnos, Cook sólo permitió una carrera en seis batazos.
Pero un lanzamiento, una sustanciosa bola rápida dejada sobre el plato en el séptimo sentenció a Cook. El primera base de los Phillies, Ryan Howard, el novato del año de la Liga Nacional, aplastó el error de Cook en el calentadero de los Phillies, más allá de la valla del campo centro-derecho, para marcar un honrón de 427 pies.
”No metí el lanzamiento suficientemente,” dijo Cook. “Supe que le volaría en pedazos si lo metía allí dentro. Sólo se fue un pelín sobre el plato. Simplemente era uno de esos días. Nuestra ofensa no germinó mucho hoy, pero he tenido salidas donde tuve que trabajar con siete u ocho jonrónes y los aniquilé.”
Myers, utilizando una malévola bola rápida y una oportuna curva para mantener a los Rockies desequilibrados, fue magnífico y mejoró su record contra los Rockies a un 4-0.
”El muchacho tiene algo eléctrico,” dijo Cory Sullivan, cuya única bateada fue un toque de pelota en el octavo. “Es muy eficaz con sus bolas rápidas, y tiene un cortador de 89-90 mph que utiliza de manera impresionante.”
Los lanzadores relevistas Arthur Rhodes y Tom Gordon pusieron las últimas pinceladas a la obra maestra de Myers.
Cuando se sugirió que Myers debería embotellar su secreto sobre el lanzamiento en el Coors Field, Rhodes echó pullas: “Podrías ganar mucho dinero vendiéndolo. Es un juego buenísimo para lanzar en éste estadio.”
El administrador de los Rockies, Clint Hurdle, quien vió perder a su equipo por cuarta vez en la temporada de seis juegos, no pudo ofrecer mucho sobre los acontecimientos del día salvo alabanzas de los lanzamientos.
”Puntuaron una carrera más que nosotros; no hay mucho que uno pueda decir,” dijo Hurdle. “Hoy habían dos hombres adultos lanzando allí afuera.”
Ha habido mucha habladuría de los Rockies esta primavera sobre la madurez y el crecer.
Su récord anterior de 7-5 indica que están progresando, pero tener el domingo un bateador oportuno aquí o allí hubiera producido una dramática declaración contra un muy buen lanzador. Lamentablemente para los Rockies, esa declaración nunca se produjo.
En el cuarto, con Todd Helton en tercera base y Garrett Atkins en la primera, Matt Holliday estableció una jugada-finalización doble. En el sexto, de nuevo con Helton en tercera base y Atkins en la primera, Holliday vino al plato. Tuvo un lanzamiento en la zona que pensó que podía manejar. Al contrario, el ataque murió cuando roleteó demasiado corto.
”A veces es un juego de centímetros y milímetros,” dijo Holliday, el héroe de la victoria en la noche del sábado, en el cual metió cinco honrónes. “Si la pelota estuviera un tanto fuera del corazón de mi bate, se habría convertido en otro tipo de juego.”
La última jadeada de los Rockies vino en el octavo. El único toque de pelota de Sullivan y la caminata de Helton puso en escena a Atkins, el bateador más caliente de los Rockies. Llevó un lanzamiento de 3-2 desde Rhodes hasta la línea del campo derecho. Durante un momento, la multitud se levantó, anticipando una bateada triunfadora del juego. Sin embargo, Bobby Abreu hizo una atrapada preciosa corriendo.
”Le pegué muy bien,” dijo Atkins. “Pero le ví avanzar lentamente y pensé, Híjole, la va a atrapar.’ Es una de esas cosas. No puedes dar en la diana cada vez.”
Se puede comunicar con el escritor de plantilla Patrick Saundersan al número 303-820-5459 ó alpsaunders@denverpost.com.



