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Skiers approach Darling Pass as they follow the famed Trooper Traverse, first used by the elite 10th Mountain Division 62 years ago for training in Colorado during World War II.
Skiers approach Darling Pass as they follow the famed Trooper Traverse, first used by the elite 10th Mountain Division 62 years ago for training in Colorado during World War II.
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Camp Hale – Seguimos el trayecto de las leyendas.

Retrazando su ruta sobre esquíes a través de la División Continental (Continental Divide), era fácil imaginar las caras de algunos de los alpinistas de esquí más grandes del estado, los cuales finalizaron esta ya tan olvidada travesía desde un valle cerca de Leadville a Aspen hace unos 62 años durante la Segunda Guerra Mundial.

Paul Petzoldt. Fred Beckey. Glen Dawson. William Hackett.

Estos eran miembros de la elite de la Armada de la 10a División de Montaña, inmortalizada en fotos en blanco y negro junto a sus 29 otros colegas, participando en un recorrido en el interior del país que era tanto entrenamiento militar y como puro alpinismo.

Para los seis de nosotros, el finalizar la famosa Travesía de Soldados de Caballería (Trooper Traverse) significaba la oportunidad de perseguir la historia y recrear un viaje que, para el día de hoy, representa el momento álgido de su experiencia militar para muchos veteranos de la 10a División de Montaña.

“Recuerdo a mi padre hablar sobre ello,” dijo David Christie, hijo de un soldado de la 10a Div. de Montana. “Siempre he querido hacerlo desde que empezó ha hablar de ello hace años.”

Christie reclutó al resto de nuestro equipo: su amigo y veterano de muchas aventuras realizadas en el interior del país, Mike Inman; la leyenda de esquí de picos altos, Lou Dawson; guía de recorridos en el interior del país, Scott Messina; el hijo de 16 años de Dawson; y yo, periodista y un campista de nieve siempre reacio.

Mientras los soldados de caballería completaron el viaje de 40 millas a través de tres collados altos en tres días a mediados de febrero con mochilas pesando 60 libras, nosotros nos tomaríamos unos cinco días más calmados en mayo – cuando las temperaturas eran relativamente más calientes y los peligros de avalanchas disminuyeron – y llevando mochilas súper ligeras con cantidades mínimas de equipos de supervivencia.

“Queremos viajar lo más ligeramente posible. Esto no debe de ser un trabajo penoso,” dijo Dawson, quien fue el primero en saber de la aventura en una copia del periódico de Camp Hale, ató los cabos de la ruta a través de entrevistas a veteranos, y en recrearlo en el 2001 con el fotógrafo-escritor Brian Litz y amigo Chris Clark.

El trayecto intacto siguió el Half Moon Creek pasado el decrépito Champion Mill, arriba y al otro lado del Darling Pass y hacia dentro del North Fork of Lake Creek, y luego sobre la División Continental (Continental Divide) y hacia el alcantarillado de Lost Man antes de escalar las escabrosas Montañas Williams y finalmente bajar a Hunter Creek y Aspen.

En el primer día sin acontecimientos, abrimos camino hacia Half Moon Creek, en un punto vadeando a través de los rápidos que llegaban hasta las rodillas, el agua tan fría causando torpor metiéndose en las carcasas de plástico de las botas de esquí protegiendo nuestros pies de las rocas.

Después de escalar el Darling Pass y disfrutando de un descenso empinado de esquí en el segundo día, acampamos pronto en el Valle North Fork, donde Inman accidentalmente atascó su esquí en una acumulación de nieve y rompió su atadura.

“Supe que estaba en problemas,” dijo, “cuando vi la pieza de mi atadura volar sobre mi cabeza.”

Lo que podría haber sido un final de recorrido desastroso fue arreglado por una buena dosis de ingenio y tres correas de caucho de esquís que Dawson – un experto en ataduras de viajes – improvisó para sujetar la bota de Inman en su sitio. Asombrosamente, la reparación le sostuvo durante la duración del viaje.

El tercer día fue el más duro físicamente hablando. Casi por encima del límite de la vegetación arbórea, subimos lo que Dawson ha apodado John Jay Pass – tras el capitán liderando el equipo original de la 10a División de Montaña – y atravesamos una pendiente empanada y expuesta del South Fork Pass.

El descenso glorioso en el lado oeste, llamado el Trooper Couloir, consistía de 1.500 pies verticales de 35 grados de nieve en la parte alta del Hunter Creek Valley totalmente abierto y confinado por cordilleras gigantescas.

Disfrutando en un día soleado y caliente, acampamos por un arbolado con acceso a agua y cenamos comida congelada que sabía excepcionalmente buena después de un tramo tan largo. De todas formas, esa noche la temperatura bajó a 9 grados, abrumando nuestros sacos de dormir ultraligeros y forzándonos a ponernos toda la ropa que llevamos.

En ese punto, Messina tomó el control, guiándonos expertamente a través de árboles gruesos del valle y navegando esmeradamente por el mapa, el compás, y la unidad GPS para apuntar el sito donde cruzamos una ruta ligeramente usada hacia la cabaña McNamara, nuestro alojamiento de lujo durante la última noche.

El Sistema de Cabañas de la 10a División de Montaña (10th Mountain Hut System), una serie de 12 cabañas rústicas pero confortables del interior del país, fueron establecidas por los veteranos como Fritz Benedict para permitir a los demás celebrar los acontecimientos de la unidad de combate, el cual perdió a 997 hombres durante los meses menguantes de la II Guerra Mundial.

Siguiendo huellas frescas de oso en la ruta hacia afuera, esquiamos al final de la nieve y luego recorrimos a pie las últimas millas hacia Aspen, acabando en el mismo bar en el Jerome Hotel donde los soldados de caballería disfrutaron una ronda de licuado-y-whiskey americano llamados “Aspen cruds” (“Capas de Suciedad de Aspen”).

“Mientras probablemente no se les había ocurrido a los soldados cuán adelantados estaban de su tiempo con este tipo de jornada (tenían cosas mejores en qué pensar),” escribió Dawson en una historia de la travesía para su boletín electrónico popular de alpinismo de esquí el WildSnow.com, “su travesía de soldados de caballería’ acabaría siendo una de las más futuristas y agresivas jamás realizadas por un alpinista norteamericano.”

Se puede comunicar con el escritor de plantilla, Steve Lipsher, al 970-513-9495 ó slipsher@denverpost.com.

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