La Junta –
En una pradera federalmente protegida, el paleontólogo Bruce Schumacher se preocupa acerca del futuro una ladera donde el está desenterrando los huesos de la especie más grande de dinosaurios que haya vivido.
Hacia el oeste, la ranchera Edith Hall de 83 años, se pregunta si los tanques del Ejercito recorrerán a través de los senderos del Santa Fe Trail cortando los surcos de las carretas que pasan por detrás de su granero.
Dos horas hacia el sur, en un camino de tierra aislado del pueblo, los padres de Trinchera temen el fin de su escuela de 55 alumnos.
Todos ellos ocupan lo que Fort Carson llama un “área de potencial interés” para la expansión de las maniobras militares – más de 1 millón de acres en partes de tres condados.
Ellos no saben cuando, o si es que el Ejército extenderá su alcance a través de la tierra seca, donde el ganado pasta en medio de los cañones salpicados con pictografías antiguas y huesos de dinosaurios.
“Nosotros aquí tenemos una joya,” dijo Schumacher acerca de su excavación, “sentado justo en el medio de una propuesta de expansión militar. ¿Cómo se va a manejar esto?”
Fort Carson ha presentado un mapa en el que se indica un área de cerca de 50 millas de ancho donde espera adquirir más tierras para el campamento de entrenamiento militar en Cañón Piñón.
Los oficiales de Fort Carson han dicho que ellos planean comprar tierras sólo de aquellos que deseen venderla, y los senadores de Colorado están respaldando esto con una legislación que prohíba el uso de sus poderes eminentemente dominantes.
Sin embargo, el Ejército esta llamando condenación “a una herramienta importante de adquisición que debería estar disponible,” si es que el Departamento de Defensa aprueba la expansión, de acuerdo con una carta hecha pública por el senador John Salazar, demócrata de Colorado.
In botas de vaquero, Tony Hass recorre a través del filo de la vieja represa, de un ladrillo de ancho y 60 pies sobre el riachuelo de Timpas.
Hubo un tiempo en que la represa proveyó agua a las locomotoras de vapor de la línea del ferrocarril Santa Fe. Cerca – el lugar exacto esta en debate – las diligencias del siglo 19 dejaban sus valijas de correo en manantial de hueco en la roca (hole in the rock).
Hass se toma un minuto para disfrutar del olor del cedro y la lluvia fresca. “Mire con lo que mis hijos crecieron,” él dijo, moviendo su brazo hacia las salientes de arenisca, donde los ciervos se encuentran pastando.
Solo desde los 15 años, Hass trabajó en tres trabajos para guardar suficiente dinero y comprarse un rancho.
Ahora de 44 años, vive en una casa de 1874 remodelada junto a su antigua cabaña de madera. El tiene dos hijos en la preparatoria y 400 borregos pastando en 8,500 acres que son suyos o los alquila.
“¿Ahora ellos me lo van a quitar? ¿Tengo que empezar de nuevo?” se pregunta. “Esto es difícil de tragar.”
Arriba de la carretera, Gary y Havie Hall terminaron su nueva casa en su rancho el año pasado.
“Nosotros podemos volver a levantar una casa,” dijo Havie pero, “no podemos conseguir un nuevo rancho. Para nosotros esta tierra tiene un valor incalculable.”
La familia Hall ha pastado su ganado por cuatro generaciones cerca de la parada de Iron Spring del sendero de Santa Fe, llamado así porque el agua aquí tiene un sabor metálico
Edith Hall, la abuela de Gary, ha vivido en un rancho cerca del suyo durante 65 años. Su esposo Lloyd nació allí hace 87 años.
La vecina de Tony Hass en Thatcher, Cathy Mullins, esparció las cenizas de su esposo a través de estas tierras, hace un año cuando el murió.
“Nosotros queremos quedarnos aquí,” dijo ella “y somos felices aquí.”
Durante la Segunda Guerra Mundial, Thatcher fue un pueblo de 400 personas con una planta manufacturera de helio. Ahora han quedado nueve casas, incluyendo la que fue convertida de casa a escuela cuando esta cerró en 1967.
Aquellos que se han quedado piensan que sus ranchos los convierten en un blanco tentador, y ellos recuerdan que condenación fue utilizada para adquirir los 235,000 acres de Cañón Piñón para Fort Carson en los años de 1980.
“Yo amo este lugar,” dijo Hass.
Levantó la vista hacia el letrero de la entrada al rancho, enmarcado por unas imágenes de un vaquero y un par de manos orando.
“Espero que esas manos orando den resultados,” él agregó.
Hacia el noreste de su rancho, el serpenteante río purgatorio ha lavado la roca para exponer más de 1,300 huellas de dinosaurios.
Estos fueron hechos hace 150 millones de años por los apatosaurus de cuello largo que se movilizaban uno al lado del otro a lo largo del lago cenagoso. Ellos eran los dinosaurios más grandes que hemos conocido, median 70 pies desde la cabeza hasta la cola y pesaban 33 toneladas.
Cerca hay huellas de garras dejadas por los feroces allosaurus que podían matar a los apatosaurus.
El sitio para maniobras militares en el Cañón Piñón originalmente incluía estos terrenos. Pero, en 1991 el Congreso transfirió al Servicio Forestal de los Estados Unidos la protección de sus recursos naturales, paleontológicos y arqueológicos.
El silencio persevera en el cañón del río, interrumpido solamente por canciones tristes de palomas y alondras de la pradera y ocasionalmente el estruendo de un avión a la distancia.
Los excursionistas que escalan hacia las huellas de los dinosaurios, regresan a registrarse como visitantes con una palabra como comentario: “Quietud.” El sendero pasa a unos pocos pasos del área de entrenamiento existente de Fort Carson.
En las oficinas de la Pradera Nacional Comanche, los empleados del Servicio Forestal están perplejos acerca del interés que tiene el Ejército en la tierra que un día regaló. La potencial adquisición que incluye áreas no solamente del sitio más grande en sitio en Norteamérica de huellas de dinosaurios, sino también una gran cantidad de arte en rocas de aproximadamente 600 a 1,000 años de edad, una sección del sendero de Santa Fe y el sitio de excavación del paleontólogo Schumacher, dijeron ellos.
El descubrimiento de Schumacher empezó con unos pocos huesos que sobresalían de la tierra.
Ha tomado dos años de cavar y desenterrar huesos de apatosaurus y camarasaurus, junto con dientes de allosauruses que probablemente se alimentaron de sus cadáveres.
Un hueso de hombro de un apatosaurus tuvo 7 pies de alto. Otros huesos en cambio han tenido que ser cargados por dos trabajadores.
Sin embargo, Schumacher reconoce que esta tierra que no esta muy poblada “probablemente parezca muy atractiva” para un puesto del Ejército que necesita entrenar a 10,000 nuevos soldados.
Su área de interés en el condado de Las Animas y las filos sur de los condados de Pueblo y Otero tienen como promedio menos de una casa por milla cuadrada.
El terreno es en su mayoría plano y cubierto de hierba de la pradera con cactus altos y delgados “spindly cholla.” Cedros achaparrados salpican sus colinas.
Cabañas destruidas bordean las dos autopistas que le atraviesan. Los pueblos son raros. Algunos han desaparecido por completo. Todo lo que queda de Delhi es una tienda abandonada con un letrero descolorido que todavía anuncia refrescos o mantequilla de cacahuates por 50 centavos.
Desde la autopista 160, un pequeño camino de tierra va hacia la cima de la colina, letreros de “siga a la derecha” llevan 14 millas sureste hacia Trinchera, norte de las mesas de Nuevo México.
De pronto, aparecen letreros de cuidado con los niños, una oficina postal, una iglesia de adobe que está de venta y un pueblo con gente que se pregunta sí el Ejército eliminará Trinchera y condenará la suerte de la escuela de 55 estudiantes de Bramson, un pueblito pequeño localizado hacia el este.
“Yo no quiero perder esto,” dijo Robert Mock, un ranchero que vive a una milla norte de Trinchera. “Mi nieto nació hace ocho meses. El es la sexta generación de mi familia que ha estado en este lugar.”
En el pueblo, Rob Goebel, ve a su hijo e hija jugando entre las pacas de heno que están en el patio.
Goebel tiene un punto de vista diferente acerca de los planes de expansión de Fort Carson. “Sí ellos sólo están comprando de los vendedores que dispuestos a vender. Yo creo que eso esta bien,” él dice. “La propiedad es privada y cada uno puede hacer con ella como bien le parezca.”
Se pueden comunicar con el escritor David Olinger al 303-820-1498 o dolinger@denverpost.com.






