John Avenson piensa que el vivir como la familia futurística de los dibujos animados, los Jetsons, uno tiene que pensar como los hombres de las cavernas.
“Tenemos que vivir de nuevo como un hombre de las cavernas y pensar en qué dirección sale el sol,” dijo Avenson, un ingeniero eléctrico y ahorrador de energía por excelencia.
Demasiadas familias, incluyendo sus vecinos en Westminster, aumentan sus aires acondicionados incluso en las prontas horas de la mañana, dice, y demasiadas casas tienen ventanas dirigidas al este que atraen el calor veraniego.
La casa de Avenson – construida en 1982 y basada en un prototipo de enérgica eficaz – es un testamento de cómo un dueño inmobiliario puede separar una casa de la energía suplida por los servicios públicos.
Mientras la casa tiene todas las comodidades de los suburbios – incluyendo una sala de cine residencial y una pista de balonvolea iluminada con focos – la factura de energía de Avenson no lo demuestra.
En febrero, Avenson pagó $17 para calentar su casa de 2,000 pies cuadrados, comparado con la factura media de Xcel Energy, Inc. de $152.
La factura eléctrica de Avenson durante ese mes fue de $80, comparada con una media de $68. Ya ha instalado paneles solares en el techo para cortar esa factura eléctrica a cero.
De hecho, Avenson, quien trabaja para Lucent Technologies, Inc., está devolviendo electricidad a Xcel bajo un programa que le da al dueño inmobiliario un crédito.
En junio, obtuvo un crédito eléctrico de $2.83 en su factura.
Avenson, 52 años, remonta su ardor por la enérgica eficaz al primer domo geodésico (camino más corto entre dos puntos. En una superficie plana, un geodésico es una línea recta; en una superficie esférica, un arco) que vio mientras crecía en el norte de Minnesota.
“Veía a los Jetsons cuando era un chamaco. Pensé que todos íbamos a vivir así,” dijo.
Su casa, dijo Avenson, es un sistema que aún tiene unas retorceduras.
El interior de su casa ha sido salpicado con hasta 42 termómetros, dijo Avenson, para vigilar la pérdida de calor.
En el techo están montados instrumentos para medir el resplandor del sol, la velocidad del viento, y la temperatura de afuera. Todos estos datos son metidos en una computadora que baja las persianas, apaga las luces, y controla el refrigerador de aire. La computadora tiene una voz que anuncia cuándo cierra las persianas o apaga la televisión para que Avenson sepa lo que se está prendiendo – y apagando – por toda la casa.
Avenson compara su computadora con la que controlaba el navío de las estrellas Enterprise en la serie televisiva “Star Trek.”
Incluso eso no era suficiente.
Avenson añadió sensores de movimiento en cada habitación para apagar las luces que no están siendo utilizadas.
La casa fue construida por unos $91,000, incluyendo un 10 por ciento de compensación por la conservación de energía. En los pasados 24 años, Avenson ha estado retocando con ella constantemente para hacerla más eficiente.
Un ventilador, por ejemplo, sopla el calor excesivo en un conducto detrás de la chimenea, el cual guarda rocas que se calientan durante el día por la luz del sol y actúa como un radiador durante el invierno. Las terminales permiten la luz solar de ángulos bajos durante el invierno entrar por las ventanas y dejar fuera el sol directo del verano.
La casa de Avenson fue diseñada con la ayuda del Instituto de la Investigación de la Energía Solar (Solar Energy Research Institute), el predecesor del Laboratorio Nacional de Energía Renovable (National Renewable Energy Laboratory) en Golden, el centro nacional más grande de energía renovable.
“El fue uno de los pioneros,” dijo Nancy Carlisle, una gerente en el laboratorio de energía.
“El experimentar requiere muchos fallos,” dijo Avenson. “Pero cuando averiguo que algo funciona, lo pongo en los hogares de mi familia.”
Se puede comunicar con el escritor Joel Grostephan, al 303-820-1201 ó al jgrostephan@denverpost.com.





