
Ni tan si quiera un exorcismo podría asustar la homosexualidad de Peterson Toscano.
Pero fue hasta ese punto porque su iglesia cristiana evangélica le había lavado el cerebro para llegar a pensar que él era anormal.
Toscano, 41 años, dijo haber gastado $30,000 en 17 años, viajando a tres continentes, yendo detrás de un programa de tratamiento tras otro.
Al final, llegó a una conclusión saludable: La gente homosexual no puede cambiar como no pueden cambiar los heterosexuales. Ni tampoco deberían de hacerlo. Son los hijos de Dios, perfectos como son.
Toscano es uno de docenas de hombres cristianos homosexuales que me escribió o llamó durante las pasadas dos semanas, después de que yo escribiera mi columna sobre el llamado movimiento ex-homosexual, el cual alienta la “terapia reparativa.”
Cada uno de los hombres que me contactó dijo que ninguna cantidad de represión – lo cual se reduce a eso – podría cambiarles.
Y aún así grupos cristianos, actuando de una forma no-cristiana, continúan ofreciendo una Franken-terapia.
Durante un tratamiento, un grupo de mujeres rezando rodearon a Toscano y le animaron a toser hasta vomitar.
“Una vez que la primera salpicadura entró en el cubo, la gente gritó ¡Alabado sea el Señor!’” recordó Toscano. Era una experiencia surrealista, dijo. Todo lo que perdió fue su almuerzo.
Luego, en sus 20, Toscano se casó con una mujer, pensando que podía forzarse a ser heterosexual. No funcionó; acabó engañándola con un hombre.
Años más tarde, se enlistó en Amor en Acción (Love in Action), un programa residencial en Memphis donde conoció a Mike Haley, quien ahora trabaja como un “analista de sexos” para Enfoque Sobre la Familia (Focus on the Family o FOTF).
Durante el programa de 18 partes, Toscano aprendió a hablar de una forma más afirmativa, con la última sílaba entonado hacia abajo en vez de hacia arriba. Aprendió a cómo andar y saludar de forma “varonil.” Y había mucho rezo.
Se graduó del programa pero después de seis meses, el verdadero Toscano salió a la luz. Le llevó años para por fin darse cuenta que necesitaba parar de dañarse a sí mismo al intentar cambiar: “Es extremadamente peligroso cuando intentamos convertirnos en otra cosa que nosotros mismos,” dijo.
Es una lección que se aplica a todas las personas que son marginalizadas en nuestra sociedad, pero con todas las presiones para conformarse es entendible por qué algunas personas se rehacen a sí mismas.
Esta es la forma como yo veo la historia de John Paulk, una antigua “drag queen,” un hombre con atuendo femenino que aparece en el escenario y hace el papel de mujer (vestido como mujer y no necesariamente un homosexual), y acompañante pagado que solía ir con el nombre de Candi.
Luego se convirtió en un cristiano renacido, se fue a terapia, y salió como el hombre heterosexual que Dios quiere que sea. Se casó con una ex-lesbiana y obtuvo un trabajo con Enfoque Sobre la Familia.
Se convirtió en el chico de los carteles para el movimiento ex-homosexual, apareciendo en Oprah, el show de Jerry Springer, y aterrizando en la portada de Newsweek.
Sin embargo su cara era tan familiar que alguien le reconoció en un bar homosexual en Washington D.C., en el 2000. Paulk mintió sobre ello (dijo estar perdido; dijo que tenía que utilizar el baño), luego salió con la verdad (dijo querer ver si los bares homosexuales habían cambiado) y luego dimitió del FOTF.
Le encontré en Portland, donde administra un servicio de chefs personales. Me dijo que aún era heterosexual y que él y su esposa, Anne, disfrutan criando a sus tres hijos – más allá del foco de los medios de comunicación.
Rehusó una entrevista, aunque no paró de hablar durante cerca de media hora (yo tuve que parar la conversación). Habló muy alegremente de su amigo Mike Haley, quien reemplazó a Paulk en Enfoque Sobre la Familia.
La gente como Paulk y Haley tienen todo el derecho de intentar rehacerse en algo diferente, pero logran persuadir que el ser homosexual es un pecado, meten un terror feroz en los padres y sugieren que pueden rehacer a sus hijos homosexuales utilizando terapia reparativa, cruzan una línea que podría cicatrizar para siempre a la persona que más aman.
Brent Coleman, un psicoterapeuta licenciado en Denver que ha ayudado a las personas homosexuales que han sido cicatrizadas por la terapia reparativa, lo llama “un abuso religioso.”
Otro psicoterapeuta, John Birkhead de Colorado Springs, está de acuerdo: “Está basada en una premisa defectuosa en que la homosexualidad necesita ser cambiada.”
Toscano aprendió de la forma dura que no podía cambiar cómo estaba hecho. Ahora utiliza su experiencia para educar y entretener a otros con su show viajante (de una persona), “Doin’ Time in the Homo No Mo Halfway House: How I Survived the Ex-Gay Movement.” (homonomo.com)
Sobrevivió, pero jamás tendrá los años que pasó buscando la cura de algo que, en la actualidad, es un problema de la gente cerrada de mente.
La columna periodística de Cindy Rodríguez apareces los martes y domingos. Contáctenla al 303-820-1211 ó crodriguez@denverpost.com.



