El Embalse Cheesman – Mas de cuatro años de que el incendio Haymen bramó sobre los terrenos alrededor del embalse más antiguo del Denver Water, la empresa del servicio público continúa lidiando con los efectos secundarios del incendio.
Lodo, cenizas y gránito descompuesto se verte en el embalse cuando pega una tormeta, enviándo toneladas de mugre hacia el lago de 101 años y hecho a mano que se encontraba en medio del incendio.
Todo esto crea jaquecas actuales para el proveedor de agua más grande del estado.
Los gerentes de utilidades se preocupan por los escombros que eventualmente llenan el embalse, atasca los tubos y hace inefectivo el sistema de agua.
“Nos dijeron que sería estabalizado dentro de cinco años”, dijo Kevin Keefe, superintendente de suministros para el Denver Water.
“Este es el cuarto año y aun no se mejora”, dijo Keefe. “Se está empeorando”.
La compañía de utilidad ha gastado $7.8 millones durante los últimos cuatro años en actividades como el remover escombros, reemplazar alcantarillas, construyendo diques de sedimentos y cuestas erosionadas, dicen los funcionarios.
Aun queda trabajo que vale $20 millones para remover el estimado 1 millón de yardas cúbicos de escombros relacionados con en incendio desde el Embalse Strontia Springs, al rio abajo del Cheesman, dijeron los gerentes. Esos escombros también procede de incendios anteriores, agregaron.
Los funcionarios federales calculan los costos totales del incendio Haymen a unos $237.82 millones, incluyendo los $42.23 millnoes en costos para bomberos y $38 millones para desembolsos del seguro.
Para los próximos siete años, el Denver Water tendrá que sembrar 25,000 árboles cada año con el fin de crear cuestas mas estables.
Los cicatrices del incendio Hayman del junio del 2002, el cual quemó cerca de 138,000 acres al sudoeste de Denver, aún están visibles donde árboles ennegrecidos y la tierra chamuscada marcan el paísaje
El embalse Cheesman dividió a dos cabezas el incendio y el interfluvio aguantó el calor más intenso del incendio.
El bosque alrededor del lago vitualmente se quedó intacto por décadas, pero el incendio destruyó árboles con 900 años de edad sobre el interfluvio y desestablizó las cuestas que se drenan en el embalse.
“Estas mirando al mero corazón del incendio”, dijo Ed Christensen, mayordómo de distrito para el Denver Water, parándose en el bosque quemado de pinos alrededor del embalse.
“Si no hubiese sabido lo que estaba pasando afuera, hubiese pensado que se acaba de explotar el mundo”, él dijo.
La salúd del sistema del agua fue la preocupación mayor durante el incendio, aunque no se encontró ningún problema con la calidad del agua. Fue las tormentas tras el incendio que traeron lo peor al embalse y aún sigue.
Cerca del 56 por ciento del área quemado se drena directamente en el Embalse Cheesman, según un estudio del Servicio Forestal.
“Con sola una pulgada de lluvia, la tierra literalmente se subía y comenzaba a fluir”, dijo Keefe.
Los investigadores han estimado que hasta 5.6 millones de yardas cúbicos de sedimento entrarán a los arroyos alrededor del embalse dentro de cinco años.
Predijeron que sedimentos de 3.1 millones yardas cúbicos fluirían en el embalse -cerca del 3 por ciento de su capacidad.
Los funcionarios del Denver Water dicen que el caudal de sedimentos llegando al embalse es mucho más alto.
En 2003, los trabajadores de utilidades contruyeron un dique de roca que mide 50 pies de altura en el Riachuelo Turkey. Los diques permite el agua entrar a la reserve pero debe bloquear la mayoria de la suciedad.
Los diques acumulan escombros actuales en los riacuelos, cosa que la utilidad gasta casi $300,000 cada año para aclarar.
Después de que una tormenta destruyera parte del Colorado 67 durante el verano, acumuló 10 pies de escombros desde la parte superior del dique del Riachuelo Turkey.
Un equipo de ocho personas, quienes vivirán en el embalse hasta el fin del año, hacen jornadas de 10 horas diarios levantando el granito, suciedad y cenizas desde el frente del dique y meten entre 30 y 40 toneladas en camionetas a la vez y los transporta a una colina con un montón que los funcionarios esperan no volverá al arroyo cuando pega la próxima tormenta.
“Es un trabajo masivo”, dijo Christensen. “No veo un fin; nadie fuera de nuestro área intenta contenerlo”.
Keefe dijo que cree que la utilidad sentirá los efectos del incendio del 2002 por muchas décadas.
“Pienso que esto va ser el resto de mi carrera”, dijo Keefe. “Asi se ve”.
Se puede comunicar con el escritor Jeremy Meyer llamando el número 303-954-1367 ó al jpmeyer@denverpost.com.



