Economista explora los ‘mitos’ de la economía de la inmigración
Un destacado economista nacional, conocido por su postura pro-inmigrante, analizó este jueves en Denver algunos de los mitos más difundidos sobre el supuesto impacto negativo de la inmigración en la economía de Estados Unidos, afirmando que, por el contrario, los inmigrantes aportan 20 mil millones de dólares al año de ganancia para el país.
En su visita al Colegio Estatal Metropolitano de Denver, el Dr. Ben Powell, profesor asistente de economía en la Universidad Suffolk y economista en jefe del Instituto Beacon Hill, los dos en Boston, habló de los “errores más comunes sobre la relación entre economía e inmigración”.
Según Powell, el debate inmigratoria “se ha concentrado en los temas equivocados” en vez de enfocarse en los aportes que los inmigrantes realizan para la economía del país.
Por ejemplo, desde 1996, cuando se autorizó el uso de números personales de identificación impositiva (ITIN, en inglés) hasta el 2003 (el año más reciente con estadísticas analizadas), los inmigrantes sin residencia legal contribuyeron en total $50 mil millones en pagos de impuestos.
“Es una porción muy pequeña de la economía total de Estados Unidos, pero a la vez hay pocos argumentos para rechazar $50 mil millones”, comentó.
Uno de los mitos más prevalentes, dijo Powell, es el que afirma que “los inmigrantes vienen a robar trabajos”.
Por el contrario, según este economista, “debido a la llegada de los inmigrantes, se crean más trabajos, es decir, se suman nuevos trabajos”.
El error es creer que existe una cantidad fija de trabajos, cuando en realidad desde el final de la Segunda Guerra Mundial (1945) la economía estadounidense ha crecido tanto y tan rápidamente que debió agregar a las mujeres y a los inmigrantes a su fuerza.
Además, mientras que la gran mayoría de los trabajadores estadounidenses tienen algo de estudios universitarios (generalmente un bachillerato), los trabajadores inmigrantes se dividen en dos grupos: aquellos sin estudios (dedicados a tareas manuales) y aquellos con altos estudios (generalmente doctorados).
“Los inmigrantes complementan, no reemplazan a los trabajadores locales”, puntualizó.
Otro mito es creer que la llegada de los inmigrantes produce un descenso en los salarios. Sin embargo, dijo, no es así, debido a que los inmigrantes “realizan diferentes trabajos que los estadounidenses, sin sustituirlos”.
“La fuerza laboral inmigrante libera a los estadounidenses para dedicarse a trabajos para los que están preparados y a tareas que quieren realizar”, indicó.
Powell también afirmó que resultaría mejor para Estados Unidos suspender toda la ayuda para el extranjero y permitir que lleguen más inmigrantes para trabajar aquí y que esos inmigrantes envíen remesas a sus países de origen. Al contrario de lo que sucede con la ayuda oficial, esas remesas llegan directamente a las familias, y no a los gobiernos, fomentando la prosperidad.
Powell sostuvo que “inmigración es un tema de moralidad, no solamente de leyes”, por lo que pidió que “se analice cuidadosamente qué sucederá con los 12 millones de indocumentados ahora en el país”.
Deportarlos, dijo, sería no solamente impopular e impráctico, sino además “devastador” para la economía local, ya que los indocumentados realizan el 37 por ciento de los trabajos en frigoríficos, el 24 por ciento de los trabajos agrícolas y el 17 por ciento de los trabajos de limpieza.
“En los siglos XIX y XX, uno de cada tres inmigrantes regresaba a sus países en la época de mala economía en Estados Unidos. Las estrictas leyes inmigratorias han detenido esa inmigración cíclica y han forzado a la gente a quedarse en Estados Unidos incluso en épocas malas, perjudicando así a nuestra economía”, concluyó.



