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Granada – Seducidos por el prospecto de obtener buen dinero, dos grupos pequeños de trabajadores migrantes viajaron más de 1,000 millas del sur de Texas al principio del mes para trabajar en los campos de cebollas circundantes a este pueblo cercano a la frontera de Kansas.

Rápidamente desilusionados por el trabajo agobiante que pagaba menos de lo que ellos esperaban, una familia de cinco se juntó con dos compañeros con discapacidades auditivas y se dispusieron a viajar de nuevo, esta vez juntos.

Como muchos trabajadores migrantes, una vez más estaban atravesando carreteras desconocidas en busca del próximo trabajo.

Seis de ellos murieron el jueves después que un tren de mercancías arrasó su Ford Explorer rojo mientras cruzaba las vías en una intersección marcada con una señal de parada pero sin ningún tipo de barreras protectoras o luces intermitentes.

Los amigos con discapacidades auditivas, Melissa Resendez, 23 años, de Combes, Texas, y Ventura Becerra, 26 años, de Harlingen, Texas, fueron matados en el accidente. El volumen de la radio estaba muy alto, posiblemente en beneficio de éstas dos personas, y como resultado, las autoridades especulan que los pasajeros del SUV no hubieran podido oír el tren que se dirigía hacia ellos.

También pereció Francisco Pérez Jr. y su novia Cristela Ríos, ambos de 36 años, y dos de sus hijos Bud Cruz y Harley Ríos, todos de Donna, Texas.

El hijo quinceañero de Cristela, Christopher Cruz, quien estaba manejando el SUV cuando colisionó, estaba seriamente herido.

Cruz sufrió una pelvis rota, una contusión, costillas fracturadas, y hemorragias internas, dijo su tío Joe Ríos, un Marine de los Estados Unidos apostado en Fort Pendleton en California. Joe Ríos dijo el sábado que espera que el chaval vaya a vivir con él.

Miembros de las familias se preguntaron por qué Christopher Cruz, que no tenía un permiso de conducir para principiantes válido, estaba manejando.

Se anticipa que los cuerpos de Cristela Ríos, sus hijos, y el de Pérez serán enterrados al final de ésta semana en Donna. Las familias de Resendez y Becerra aún están finalizando los preparativos fúnebres.

A comienzos de la primavera, un hombre en el sur de Texas reclutó a la familia Ríos para venir a Colorado para plantar cebollas, dijo la hermana de Cristela, Mary Ríos.

Cristela Ríos había trabajado con cultivos por todo el país y seguía pidiendo trabajos como limpiando habitaciones de hotels en Montana y Wyoming, dijo su hermana.

Acostumbrada a trabajar duro, Melissa Resendez confiaba que podía seguir el ritmo de los mejores plantadores de cebolla, dijo su hermano Joey Resendez.

”Se fue allí (al norte) con su hermano para ganarse algún dinero para poder empezar a construirse un futuro, y porque estaba teniendo dificultades en encontrar trabajos por aquí,” dijo su tío, Ben Martínez, de Combes.

En una de las granjas donde los Téjanos encontraron trabajo, fueron pagados como contratistas independientes. Los contratistas son pagados basados en cuántos semilleros pueden plantar, no en las horas que trabajan, dijo Bill Grasmick, presidente del Grasmick Inc.

Con la paga de $33 por una fila, muchos trabajadores contratistas creen que pueden ganarse muy buen dinero simplemente plantando más filas de semillas de cebolla que nadie, dijo José Pizarro, 18 años, de Lamar, quien ayudó instruir a los miembros de la familia Ríos en las granjas de Grasmick.

”Parece más simple desde afuera” de lo que realmente es, dijo Pizarro. Aunque muchos de los trabajadores dicen que plantarán hasta cinco filas, nadie lo puede hacer, dijo.

La mayoría de los trabajadores pueden plantar unas dos filas diarias, dijo Luis Aguilar, 51 años, un gerente en las granjas Grasmick. El plantador de cebollas más rápido que él vió en su vida completó 3 filas y media en menos de ocho horas, dijo. Se ganó unos $110.

Cada fila de tierra tiene que ser plantada con tres líneas de semilleros de cebolla, dijo Pizarro. Los trabajadores plantan los tiernos semilleros blancos y verdes 4 ó 5 pulgadas aparte.

El plantar un semillero en la tierra ablandada por un tractor no es trabajo duro. El poner alrededor de 4,000 semilleros a lo largo de una fila midiendo un cuarto de milla sí lo es.

El viernes por la tarde, unos 60 trabajadores pararon de plantar semilleros en una parcela llana y polvorienta de 80 acres, encerrada por carreteras polvorientas, filas de álamos americanos, y dos retretes portátiles.

Los trabajadores ataron sacos arpilleras -llenos de manojos de semilleros- a sus cintas. Los trabajadores más rápidos nunca levantaron sus cabezas mientras plantaban los semilleros en la tierra con sólo una mano.

”Si quiere hacer este trabajo duro, puede hacerse con un buen dinero,” dijo Grasmick.

A los trabajadores les gusta el sistema de contratistas independientes, dijo, porque él no despedirá a nadie por trabajar unas pocas horas o unos pocos días a la semana.

La familia Ríos pasaron al menos una noche gratuitamente en uno de los remolques de Grasmick, dijo.

Joey Resendez, quien vino a Colorado con su hermana, dijo que ella no ganaba el dinero que ella esperaba. Ella le dijo a su tía que no le gustaba el trabajo, dijo Ben Martínez.

Grasmick dijo que Pérez y Ríos no estaban plantando los semilleros lo suficientemente rápido para ganarse el salario mínimo.

”Se iba a Denver,” dijo Ben Martínez, “porque pensaban que si iban a una ciudad más grande podrían ganarse más dinero para vivir.”

El escritor de plantilla Kirk Mitchell puede ser contacatado en el 303-820-1206 ó kmitchell@denverpost.com.

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