
Mientras las voces más estrepitosas sobre la inmigración pueden ser escuchadas de los manifestantes y caminantes, la mayoría de los americanos están hablando sobre el tema mientras toman café, en un cóctel, o cenando con su familia y amigos.
Y esas conversaciones privadas son enormemente diferentes al furor que ha marcado el debate sobre cómo fijar la frontera EE.UU.-México con firmeza, y qué hacer con los más de 11 millones de trabajadores indocumentados.
”Es una cuestión con un gran peso emocional porque incluye facetas de raza, dinero, clase socioeconómica, nacionalidad, y educación,” dijo Morgan Richards, 42 años. “Tenemos que encontrar el modo de ingeniárnoslas.”
En medio de la cruda emoción – entre el llamamiento de arrestos masivos y peticiones de amnistía – se encuentran personas que no se han ido a ninguno de los dos bandos.
Esto es el centro de la carretera, donde las personas están escogiendo de varias propuestas porque no hay un plan oficial que haya surgido y se haya ajustado a sus puntos de vista.
”Hay 9 millones de cosas que hacer según la gente,” dijo Sharon Rogers, un joyero de 56 años de Golden.
Muchos apoyan una aplicación más firme de la frontera pero no construir una pared necesariamente que mida 700 pies de altura y 1,200 millas de largo. Mientras algunos apoyan una vía hacia la ciudadanía de aquellos que ya están aquí, otros demandan medidas más fuertes para parar el influjo de inmigrantes indocumentados.
”No hay respuesta fácil. Obviamente, hay gente que vive y trabaja aquí y contribuye a la sociedad,” dijo Chanda McDaniel, 37 años, una doctora de Denver. “No sé cuál es la solución. Soy una demócrata y me opongo al presidente Bush sobre la mayoría de las cuestiones, pero su (plan de) amnistía sonaba como si le diera una vía a la gente.”
Políticamente, gente como McDaniel son “tweeners,” personas intentando navegar por el rencor sobre el debate de una política nueva sobre la inmigración. Están de acuerdo que los inmigrantes deben de tener la oportunidad de prosperar en los Estados Unidos, pero deberían hacerlo de la manera correcta – llenar la solicitud para obtener la residencia legal, visas, u otros permisos.
”No creo que debieran llamarles criminales si la única razón es que no son americanos legales,” dijo Kristen Adams, 36 años, empleada de Starbucks en Denver. “Darles una oportunidad para convertirse en legales, y si no aprovechan esa oportunidad, entonces deberían de regresar (a sus países de origen).”
La mayoría de los americanos están de acuerdo con ella.
La encuesta Gallup publicada por el USA Today encontró que el 63 por ciento de los encuestados dijeron que los inmigrantes indocumentados deberían de ser permitidos de quedarse en los Estados Unidos y obtener la ciudadanía. Los habitantes del oeste lideraron el camino con un 67 por ciento.
La encuesta también demostró que la mayoría de los encuestados apoyan el convertir la inmigración ilegal en un crimen, pero la encuesta no especifica la severidad. 81 por ciento de las personas creen que el incrementar las patrullas fronterizas sería muy o relativamente eficaz, y el 84 por ciento apoya el penalizar a las empresas que emplea a inmigrantes indocumentados.
Muchos americanos siguen estando sorprendidos que el tema de la inmigración siga siendo tan acalorada. “Alguien debería de haberlo visto venir,” dijo James Sandoval, 46 años, un trabajador de mantenimiento de las calles en Lakewood. “Ahora (el gobierno) quiere dejar caer el hacha sobre las personas y pasar leyes más estrictas.”
Para Brandon Howell, de 35 años, dueño de un negocio de mercadeo en Denver, dos cosas tienen que ser realizadas – mantener a los inmigrantes ilegales fuera y deportar a los que ya están aquí.
El es uno de los pocos que apoyan la destitución de casi 12 millones de personas de los EE.UU. Según la encuesta Gallup publicada por el USA Today, sólo un 18 por ciento de los americanos apoyan la deportación.
”Tienes que ver la realidad del impacto,” dijo. “Yo entiendo por qué (los ilegales) están aquí, por sus familias, pero hay americanos que necesitan trabajos.”
Los empleadores, dijo, se aprovechan de los trabajadores indocumentados y rebajan los sueldos. Sin embargo, hay otras personas que argumentan diciendo que sí los americanos quisieran esos trabajos, los tendrían.
”Una buena parte (de los inmigrantes) es muy cumplidora de la ley y trabajando duramente en trabajos que muchos de nosotros los ciudadanos (americanos) no queremos,” dijo Sandoval. “Debemos cerrar la frontera, ocuparnos de lo que tenemos ahora, y luego las personas tendrán que venir de forma legal.”
Pero haciéndolo de esta forma no responde a la cuestión de asimilación. Muchos conservadores argumentan que los inmigrantes indocumentados no quieren aprender inglés.
Pero hay estudios que sugieren que la mayoría de los americanos tampoco están de acuerdo con esa noción, diciendo que el estrés sobre el hogar y la familia podría prolongar el aprendizaje del inglés pero creen que sí hay interés.
Muchos se refirieron a amigos inmigrantes o a padres de amigos que hicieron la transición muy lentamente pero que no hablarán el Inglés tan naturalmente como su lengua madre.
”Puede no haber oportunidades para aprender, especialmente para las mujeres que están al cuidado de niños y de casas,” dijo McDaniel.
Valentina Petty, 38 años, dueña de una carreta de almuerzos en Cherry Creek, conoce muy bien la lucha. Inmigró de Rusia hace 11 años y habla un inglés con un acento bien fuerte, el cual lo adquirió después de mucho tiempo.
”Es un idioma diferente, un estilo diferente, todo es diferente, pero venimos aquí por las oportunidades,” dijo. “Todo el mundo quiere aprender el idioma si quieren vivir aquí. No es una vida fácil, pero es una oportunidad.”
Se puede comunicar con la escritora Elizabeth Aguilera al número 303-820-1372 ó eaguilera@denverpost.com.



