Al fin del ultimo día en la Escuela Preparatoria Manual, los niños permanecieron.
Cuando podrían haber caminado a casa, estaban sentados en la sala del almuerzo y firmaron los cuadernos de uno al otro. Cuando podrían haber estado jugueteando con sus amigos afuera, esperaron en las puertas de los despachos de sus maestros y merodearon adentro de las aulas.
Entregaron los últimos exámenes finales y persistieron. Aun cuando los guardianes revisaban los armarios vacíos, ellos persistieron.
“No voy a decir adiós”, dijo Ricky Escobedo, un estudiante de segundo año quien asistirá a la Escuela Preparatoria South el año próximo. “Este es mi escuela hasta la muerte”.
El martes fue el último día de clase en el Complejo de Educación Manual. Y fue el último día que este conjunto de niños podrá asistir a esta escuela.
La Junta Directiva de Educación para las Escuelas Públicas de Denver votó en febrero de clausurar el edificio histórico esta primavera y reabrirlo el año próximo solo con estudiantes de primer año. Un grado será agregado cada año para convertirla en toda una escuela.
La escuela había perdido 47 por ciento de sus alumnos en cuatro años y tuvo males calificaciones en el examen Colorado Student Assessment Program (CSAP) y tasas de graduación. Más del 90 por ciento de sus estudiantes, en conjunto, calificaron para almuerzos gratuitos o de precios reducidos – un indicador federal de la pobreza.
“Me siento un poco triste por los niños, pero se necesita renovar muchas cosas”, dijo Gladys White, quien ha sido una guardia de seguridad en Manual por 27 años.
Los estimados 800 estudiantes desalojados por la decisión de cerrar la escuela irán a otras escuelas preparatorias de su elección alrededor de la ciudad. Los lideres del distrito dicen que la mayoría irán a las Escuelas Preparatorias South, Thomas Jefferson ó East.
Muchos de sus maestros, quienes han tenido que encontrar nuevos empleos entre el DPS, les seguirán.
En el despacho acogedor del consultor James Durgin, con el muy conocido sofá de dos plazas y el calendario en la pizarra blanca marcada con fechas importantes – los exámenes del ACT, el baile primaveral, la quinceañera de Selina – los estudiantes metieron sus cabezas ocasionalmente para despedirse.
“¿Cuándo te irás? ¿Por qué no te vas del edificio?” preguntó Durgin a un estudiante quien vino a devolver un formulario para asistir a la escuela veranea.
“Se terminó la escuela. Puedes irte del edificio”, le dijo mientras que ella le dio una sonrisa y se fue.
“No saben como irse”.
Norberto Félix, un estudiante de tercer año, abrazó a su novia, Carolina Rubio, en el parqueadero. Ella ira a la Escuela Prepa South el año próximo y él al North.
“Están tratando de normalizarlo allí adentro”, dijo Félix. “Pero no está funcionando. Algunas de las maestras están llorando”.
Kyler Jackson, un maestro de matemáticas, trató de mantenerse mientras que los estudiantes pasaban para darle unos abrazos.
“Mi aprensión más grande es que se perderán en alguno lado y se rendirán”, dijo Jackson, quien enseñará en la Escuela Prepa Thomas Jefferson este otoño.
“Voy a trasladar algunas de estas cosas al TJ y luego comenzar de nuevo”, él dijo. “Creo que eso haré”.
Se puede comunicar con la escritora Allison Sherry al número 303-820-1377 ó al asherry@denverpost.com.





