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U.S. national team head coach Bruce Arena
U.S. national team head coach Bruce Arena
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Cary, N.C. – Habrán 32 entrenadores en la Copa Mundial del próximo mes, y el estadista más antiguo no es un italiano arrugado cuyo nombre esta en bocas de todos desde Sicilia hasta Milán. Tampoco es un ex héroe nacional tratando de llevar a su país de vuelta al techo del mundo o un Serbio, con una pistola en su cuarto equipo nacional.

No, la persona que ha tenido el puesto de entrenador nacional por más largo tiempo en la Copa Mundial, es un ex chico gordo de Brooklyn, N.Y., que nunca creció con una pelota de fútbol sino más bien con un bastón de lacrosse en sus manos. Es el hijo de un carnicero y una chofer de bus escolar y fue un atleta completo que no jugó fútbol sino hasta su último año de secundaria.

Bruce Arena es tan americano como el hot dog de Coney Island, tan patriótico como la bandera en un 4 de julio. Han pasado 30 años desde que la fiebre del fútbol absorbió a la juventud americana. Pero tomó cerca de 25 años para encontrar al entrenador lo suficientemente americano para que lo capitalice.

La Copa Mundial empieza el 9 de junio en Alemania, y los Estados Unidos entran con el mayor respeto que ha tenido en la historia. El entrenador con mayores triunfos en el fútbol de Norteamérica impresionó en la Copa Mundial del 2002, cuando llevó al equipo de los Estados Unidos por primera vez a los cuartos de final.

El lo ha hecho utilizando la inspiración de maestros como el entrenador leyenda del básquetbol Dean Smith, cambiando el estilo de disciplina del bloque oriental con honestidad y libertad; y dando palmaditas en la espalda en vez de patadas en la parte posterior.

Finalmente los Estados Unidos está haciendo ruido en el escenario mundial.

“Bruce es uno de los mejores entrenadores y punto, en cualquiera de los deportes de este país,” dijo Kevin Payne presidente del D.C. United, a quien Arena llevó dos veces a la copa MLS (Liga Mayor de Fútbol) “pienso además que es uno de los mejores entrenadores del mundo.”

Aun cuando se ha exagerado el ranking mundial de los Estados Unidos, como N.5 en el mundo, otras estadísticas indican que los Estados Unidos no es el mismo equipo que salió cojeando de Francia en 1998 con un gol y tres pérdidas en la Copa Mundial. En los dos últimos clasificatorios de la Copa Mundial CONCACAF, los Estados Unidos ha ido de 16-6-10, y en los cuartos de final de la Copa Mundial del 2002, los Estados Unidos aguantó al eventual subcampeón Alemania hasta el último minuto, antes de perder 1-0.

Disfrutando los valores americanos

Miren a Arena trabajar y se podrá vislumbrar a quien Gene Corrigen, ex director atlético que le contrató en Virginia en 1978, llama “un ser humano dotado.” Durante el campamento de entrenamiento para la Copa Mundial realizado este mes, Arena pudo ser visto dando tantos cumplidos como lanzando pelotas a los jugadores.

Con un porte corpulento y cachetes regordetes y por sobretodo su manera de animar a la gente, él da la impresión de ser una figura paternal en vez de la del padre del fútbol de los Estados Unidos.

“Me darían una paliza si es que hablaría de otra manera,” dijo Arena de 54 años, con una sonrisa. “Ellos hacen muchas cosas buenas. Estos chicos trabajan muy duro. Ellos merecen ser animados en forma positiva.

Durante el campamento, Arena tiene una regla: estar a tiempo. No hay toque de queda y no prohibición para las familias. No hay restricciones. Mientras más reglas existan, más tienes que reforzarlas, dijo Arena.

En un día libre, algunos jugadores pueden ser vistos en el vestíbulo del hotel con palos de golf en las manos y se puede ver a jugadores regresando de Starbucks. Pero si un jugador se muestra egoísta en el campo de juego, el no será visto jugando otra vez.

“El nos anima para que salgamos y disfrutemos del golf, del cine y que tengamos tiempo para nosotros mismo,” dijo el delantero Josh Wolff. “El quiere que estés en tu elemento, en tu zona de comodidad y que hagas lo que más te haga feliz.”

Mas que ninguna otra cosa, Arena entiende al jugador americano. Los jugadores americanos son surfeadores, empresarios y artistas. En muchos de los equipos europeos y sudamericanos los jugadores de fútbol son, bueno, jugadores de fútbol. Eso y dioses.

“Un entrenador extranjero vendría y diría “Tu no puedes hacer eso,” dijo Tony Meola arquero de la Copa Mundial para los Estados Unidos en 1990, 1994 y 2002. “Bueno eso no es parte del estilo de vida norteamericano. Mientras más feliz estés, tienes mayor posibilidad de hacer mejor tu trabajo. Si tú traes a un entrenador extranjero, le toma cuatro años para aprender eso y para ese tiempo, la Copa Mundial ya se acabó.

Meola sabe bien esto, el fue a la Copa Mundial en 1990 bajo Bob Gansler, el ex entrenador bajo 20, cuyo estilo aburrido y conservador arruinó la buena voluntad que los Estados Unidos adquirió en su primera Copa Mundial en 40 años.

Luego vino Bora Milutinovic, un Serbio quien sacó a los Estados Unidos fuera del juego en grupo, por primer a vez, pero que hizo trabajar al equipo dos veces al día durante 2 ½ años y Meola dijo, “tenías que lavarte el cerebro 24 horas las día.”

Luego en vino Steve Sampson en 1995, fue el asistente de Milutinovic quien se ganó la antipatía de los jugadores a tal punto que su triste último puesto en Francia, fue visto como un resquicio encubierto de rebeldía.

El fútbol de los Estados Unidos despidió a Sampson y trajo a Arena, un entrenador en desarrollo que había llevado a Virginia a cinco títulos NCAA y al D.C. United a la cabeza del MLS. Pero el no ha hecho nada fuera de suelo americano excepto ver algunos juegos europeos y burlarse. “Otros entrenadores que conozco, adoran demasiado a otros países y sus jugadores .. yo regrese diciendo, Sabes que, yo creo que podemos ganarle a Alemania.’”

La clave es que él les dice esto a sus jugadores, y ellos le creen. Nadie le daba mucha esperanza a los Estados Unidos hace cuatro años, en el partido de apertura contra el veterano equipo de Portugal con su gran figura Luis Figo, un ex jugador mundial FIFA del año.

Pero a diferencia de la táctica de jugar para no perder de Sampson, Arena atacó a la defensa de Portugal mientras que los Estados Unidos anotó tres goles en los primeros 36 minutos, para ganar 3-2. Los americanos derrotaron a México 2-0 en la ronda de los 16 y si no hubiese sido por una jugada espectacular del portero alemán Oliver Kahn, los Estados Unidos hubiera alcanzado las semifinales.

“El te hace sentir como que no puedes perder,” dijo Eddie Pope quien jugo bajo Arena en el D.C., “y parte de esto es hacerte sentir cómodo y dándote confianza. El no necesariamente es de esas personas que te da un discurso motivacional, pero él dice las cosas apropiadas en el momento apropiado.”

Y él dice una cosa muy a menudo. Diez minutos antes de cada juego y en el medio tiempo, él les da a los jugadores un pensamiento para meditar: “Estar orgulloso de jugar para el mejor país del mundo.”

Plantando semillas en Virginia

Arena jugo una vez por su país. El jugó como portero en contra de Israel en 1973. Los Estados Unidos perdieron 2-0 y las barras y estrellas que luego volvió a vestir le traerían consigo una silbatina.

De todos modos el fútbol nunca iba a ser su deporte. Nacido en Brooklyn, él se cambio a Franklin Square in Long Island, una milla de un mini estadio de fútbol que siempre estaba lleno los fines de semana con equipos de varias etnias. Hasta que Arena llegó a la preparatoria él ni siquiera supo que el estadio estaba allí.

Claro esta, que fútbol en los 1960’s era menos popular que el croquet. Arena era mejor jugando lacrosse. El se convirtió en un “All-American” en la Universitaria Comunitaria de Nassau y en Cornell, pero como tuvo un buen debut en el fútbol mientras estaba en la preparatoria decidió quedarse en ese deporte. El ayudó a Cornell a llegar a las finales de la NCAA en 1972.

Cuando Arena fue contratado en Virginia, tuvo que trabajar también de asistente del entrenador de lacrosse. El programa de Virginia ni siquiera ofrecía becas.

”El desarrollo el programa casi desde cero,” dijo Dick Schultz un residente de Colorado Springs que reemplazó a Corrigan en Virginia. “Bruce se presenta muy bien y es bueno reclutando. El convirtió al programa en una fuerza dominante.”

Arena no se aisló en el mundo del fútbol, tampoco. Con su oficina cerca del vestuario de los visitantes en la arena de básquetbol de Virginia, él no podía hacerlo. Muchas veces él se sentaba en su oficina antes de los juegos de básquetbol y escuchaba a hurtadillas a Dean Smith, el legendario entrenador de Carolina del Norte, preparando a su equipo mentalmente para tomar el campo de juego.

Arena tomó notas durante todo este tiempo y las ha llevado a la práctica durante todo este tiempo. A esto hay que agregar la muerte de su hermana gemela en 1988, Bárbara, murió de cáncer de mama a los 37 años, como resultado se desarrollo un entrenador que valora a la familia y que vive cada día como si fuera el último.

“Estaríamos sin ocho o nueve jugadores (por compromisos al equipo nacional) y salíamos a jugar y ganábamos juegos.” Payne dijo “Recuerdo un juego en contra de Colorado. Creo que nos faltaban 8 principales y terminamos ganando a Colorado 6-2. Ellos no esperaban perder solo porque unos pocos jugadores no estaban presentes.”

Los Estados Unidos listos para atacar

Arena necesitará todas las palabras correctas que pueda dar en Alemania. El grupo E, en el cual está los Estados Unidos, podría decirse es uno de los tres grupos más difíciles, con la Republica Checa que terminó tercero en la Euro Copa en el 2004; Italia uno de los pocos equipos considerados una amenaza para el favorito Brasil; y Ghana un peligroso pero inconsistente novato.

En el campamento de entrenamiento, Arena se mantenía imperturbado. El verdadero americano de azul no solamente habló acerca de un buen juego aun cuando los Estados Unidos podrían jugar mejor que hace cuatro años y aun así no clasificar.

El habló acerca de llevar a los Estados Unidos a niveles inimaginables.

“Somos un gigante dormido en este juego,” dijo, “y algún día vamos a ser los mejores.”

Se pueden comunicar con el escritor John Henderson al 303-820-1299 o al jhenderson@denverpost.com.

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