Federico Peña sabe cómo se parecen la esperanza, el optimismo, y desesperación. Ha visto a las tres en los ojos de los inmigrantes.
Refugiados haitianos flotando en barcas hechas a mano intentando llegar a una nueva orilla. Cubanos rescatados del océano en la tarea de llegar a los Estados Unidos. Mexicanos que cruzaron, muchos a través de millas de desierto, para trabajar ilegalmente en cocinas o céspedes, en campos o en sitos de construcción, intentando conseguir una mejor vida para sus hijos.
Y los inmigrantes alemanes, irlandeses, e italianos en fotografías vívidas en blanco y negro de Ellis Island, donde (Peña) visitó por primera vez hace tres meses.
Aquellas interacciones y su juventud en un pueblo fronterizo, donde los vecinos mexicanos cruzaban todos los días para trabajar en el lado americano – y vice versa – le dio una perspectiva única de la cuestión más contenciosa de la nación.
Su niñez como un “chico fronterizo,” la historia de más de 250 años de su familia en Laredo, Texas, su apreciación de las contribuciones de los inmigrantes y sus experiencias como Secretario de Transporte de los EE.UU. – donde supervisó el trato dado a los refugiados de Haití y Cuba – se dio un encontronazo recientemente con su frustración sobre el debate actual de la inmigración ilegal.
Pero no fue hasta que miró a las caras de los niños llevando pancartas, preocupados sobre sus padres indocumentados siendo deportados y sus familias destrozadas, y las olas de trabajadores y sus familias en las calles tomando una postura pública y firme en contra de la propuesta del congreso de convertirles en delincuentes, que sus experiencias y experticia se unieron a su pasión y sentido del deber.
Ya hemos tenido suficiente.
Un discurso conmovedor en la manifestación “Somos América” (“We Are America”) el 1 de mayo, y su reciente paso a liderar Mantener Colorado Seguro (Keep Colorado Safe), una campaña realizada para derrotar la enmienda constitucional estatal propuesta para convertirles (a los inmigrantes) en criminales, han puesto al ex-alcalde de Denver directamente en el centro de atención público.
Ha tratado de pasar inadvertido durante años, enfocándose en su familia, aconsejando en privado y apoyando en silencio los esfuerzos educativos. Pero el coraje de los inmigrantes indocumentados tiró de su moralidad católica y sus raíces de su pueblo fronterizo.
“Llegas un punto de tu vida cuando tienes que hacer lo correcto y no preocuparte de las contreras o los críticos o cómo será percibido,” dijo. “Me tengo que mirar en el espejo todos los días, y dudo mucho que estaría a gusto conmigo mismo si no me hubiese involucrado.”
Observando desde los márgenes
Los observadores políticos llaman su reaparición sobre la cuestión de inmigración un movimiento basado en principios, no en política.
Los amigos y seguidores de Peña no esperaban nada menos. Sus profundas convicciones morales, su religión, y su cometido al servicio público, todos contribuyen a su reciente encarnación pública, dicen.
“Escuchó demasiado y ha visto demasiado y sintió que había una voz necesitando ser expresada por alguien que, pienso, ha recabado algo de respeto en la comunidad en cuanto a las cuestiones principales, y éste es uno de ellos,” dijo Alfredo Peña, el hermano más pequeño de Federico Peña y abogado en Denver.
No obstante, el paso dado no era su intención original. La educación es su primera prioridad, dijo Peña, quien mantiene continuas discusiones con el superintendente de las Escuelas Públicas de Denver (Denver Public Schools) para ayudarle a liderar un comité comunitario sobre la educación. La educación iba a formar parte de la plataforma en el cual iba a resurgir en la vida pública.
Pero el debate sobre la inmigración ilegal estaba burbujeando a través del país, y el argumento en Colorado estaba particularmente hirviendo gracias a una iniciativa propuesta para la votación.
El ha estado observando y hablando silenciosamente en su círculo cercano sobre el tema durante más de un año. Su antigua jefa de estado mayor, Katherine Archuleta, compiló información sobre las posiciones de ambos bandos para él, la propuesta, y el debate.
“Se dio cuenta que éste era una cuestión del cual se preocupaba muchísimo, un tema en el cual él podía contribuir,” dijo Archuleta, ahora directora de operaciones para el alcalde John Hickenlooper.
“Esta no es una cuestión meramente latina por sí misma. Esta es una cuestión que afecta a cada segmento de nuestra comunidad.”
Una controversia estridente
Bob Estrada, el viejo amigo de Peña de Texas, no está sorprendido que ambos hombres estén en la misma onda en cuanto a la inmigración pese a la afiliación republicana de Estrada.
“Es un tema tan emocional para mí como para él,” dijo Estrada, quien cursó en el primer año de la escuela primaria y quien luego se convirtió en el compañero de cuarto universitario de Peña.
“Es un tema que va directamente al grano en términos de nuestro patrimonio cultural. Transciende toda lealtad al partido o cualquier cosa que sea partidista Es una cuestión tan de derechos humanos.”
Mientras el debate se hizo más ruidoso y más contencioso, Peña se estaba frustrando cada vez más con lo que estaba oyendo. La retórica sobre los inmigrantes ilegales quemó sus sensibilidades. Se preguntaba dónde estaban las voces ecuánimes.
“Seguía oyendo comentarios ilógicos de personas que no sabían nada de la frontera,” dijo. “Yo soy de la frontera. He cruzado la frontera más veces que algunas de estas personas tan sólo han mirado la frontera.”
Al final fueron los niños – y los trabajadores, muchos de ellos participando en un demostración cívica por primera vez en sus vidas, que le motivó.
“Para ellos ser valientes y suficientemente atrevidos a expresar públicamente su oposición a lo que está ocurriendo en Washington, eso fue lo que me motivó, y sentí que tenía que involucrarme.”
Si no él, ¿quién?
Voces prominentes del otro lado del debate también empujaron a Peña a “convertirse en la voz clara que podía expresar lúcidamente una estrategia sensible.”
Por ejemplo, el ex-gobernador de Colorado, Dick Lamm, está propugnando la iniciativa votable propuesta por Defiende a Colorado Ahora (Defend Colorado Now).
En medio de las conversaciones y reflexiones, el momento que causó un “¡ahá!” le vino a Peña cuando un amigo suyo le llamó tres días antes de la manifestación masiva del 1 de mayo, el cual atrajo a unas 75.000 personas al capitolio de Colorado.
“Oiga, vayamos a la manifestación el lunes,” le dijo el amigo.
“’Bueno, eso sí que es interesante,’ pensé,” dijo Peña. “’Bueno, sí; he estado en manifestaciones anteriormente,’ – y ese fue el momento cuando empecé a pensar en hablar abiertamente.”
Al día siguiente llamó a los organizadores, pidiendo la hora y la dirección de los manifestantes. Sus amigos le animaron a hacerlo pese a lo que diga la gente o qué impresión daría, dijo.
Su patrimonio cultural latino y su conexión a la frontera convierte este tema en una cuestión única y personal para Peña. Sus antepasados ayudaron a cimentar Laredo, Texas, hace 250 años.
“Cuando escucho a las personas que no han estado aquí durante un buen tiempo criticando a los inmigrantes, y miro a mi familia y mi historia, tengo unas raíces tan profundas – me hacen recordar las tremendas contribuciones que todos los demás han hecho a la par con mi familia,” dijo.
La fe católica desempeñó una función
Peña está profundamente preocupado por el mensaje que él dice que América está mandando con propuestas como las iniciativas votantes y los esfuerzos para criminalizar a las personas que ya viven y trabajan en los EE.UU.
“¿Cómo puedo yo, como cristiano, un católico, cruzarme de brazo y observas lo que está pasando?” dijo. “Decimos al mundo que nuestro país tiene valores religiosos. Hay algunas profundas cuestiones religiosas y morales en este tema que voy a recordar a la gente.”
Peña no apoya las fronteras abiertas. En realidad, favorece la vigilancia y control más severo y las fuertes sanciones a los empleadores que violan las leyes de empleo, incluyendo tiempo en la cárcel para infractores de la ley por primera vez.
Pero está a favor, dice, de la reforma de la inmigración que incluye un camino hacia la ciudadanía para aquellos que viven, trabajan, y han hecho su hogar este país – como lo hicieron muchos de los manifestantes cuya valentía impulsó su decisión.
“Extraje mi valentía de ellos,” dijo Peña de los manifestantes.
“Y creo que otras personas han extraído su valentía de mí, porque ahora estoy recibiendo llamadas de gente diciendo, ¿Cómo puedo ayudar? ¿Qué puedo hacer? Quiero donar dinero. Quiero servir en el comité.”
Se puede comunicar con la escritora de plantilla, Elizabeth Aguilera, al 303-820-1372 ó eaguilera@denverpost.com.





